2/10- René Descartes y el racionalismo: una breve introducción a su pensamiento (por Jan Doxrud)

2/10- Rene Descartes y el racionalismo: una breve introducción a su pensamiento (por Jan Doxrud)

Antes de entrar directamente a hablar acerca de la vida y filosofía del autor hay que entender el contexto histórico, aunque sea a vuelo de cóndor. Hay que tener siempre presente que para entender a un filósofo hay que entender también la época que le toco vivir. La Guerra de los Treinta Años (1618-1648) azotaba a Europa.  Esta guerra, como señala el historiador Norman Davies, puede ser vista bajo tres prismasEn primer lugar  como un conflicto germano en donde el emperador se enfrentaba a los príncipes (Alemania recién se unificaría en 1871). En segundo lugar podía ser vista como una extensión de las guerras de religión entre las naciones católicas y protestantes. Por último se puede ver esta guerra como una etapa de la lucha por el poder continental que involucraba a las grandes potencias. Existieron una serie de fases, comenzando con la sublevación en Bohemia por parte de los calvinistas que no reconocieron la soberanía de Fernando II, emperador del Sacro Imperio. Eligieron, en cambio, a Federico V del Palatinado quien presidía la Unión Evangélica, que consistía en una coalición de estados alemanes protestantes que tenían como objetivo proteger sus derechos. Los calvinistas fueron aplastados y la furia católica descendió sobre la población checa que fue convertida violentamente y germanizada.

El Conde Tilly y la Liga Católica saqueó Heidelberg y sometió a la parte norte del territorio. Entre sus tropas se encontraba nuestro filósofo René Descartes. La fase danesa de la guerra (1625-1629) consistió en que Cristián IV, rey de Dinamarca, viendo amenazado su trono tras los acontecimientos ocurridos en Bohemia, lanzó una ofensiva contra el Sacro Imperio subsidiado por los ingleses, holandeses y franceses. Tilly nuevamente emprendió la lucha contra los protestantes, atacando Holanda con ayuda de los españoles. Cristián IV no contaba con que Tilly tenía como aliado al noble bohemio Albrecht von Waldstein, quien arrasó con Brunswick, Baja Sajonia, Meklenburgo, Schleswig y Holstein y otros territorios. Con el  Tratado de Lübeck (1629) los daneses se retiraron a cambio de recuperar sus posesiones perdidas. A través del Edicto de Restitución, el Emperador obligó a los protestantes a rendirse en el mismo año y además exigió la devolución de tierras que habían obtenido desde la Paz de Augsburgo (1555). 

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La fase sueca de la guerra (1630-1635) comienza cuando Gustavo II Adolfo de Suecia acudió en ayuda de los protestantes alemanes. Gustavo obtuvo victorias pudiendo asegurar así las costas del Báltico para poder así proteger su reino. En la Batalla de Lützen cerca de Leipzig (1632) el rey sueco falleció, pero llos suecos salieron igualmente victoriosos. Posteriormente en 1634 los suecos fueron derrotados en la Batalla de Nördlingen y el Emperador llego a un acuerdo de paz en Praga, quedando el Edicto de Restitución suspendido. Terminamos la guerra con la fase francesa (1635-1648).Esta comenzó cuando la Francia del Cardenal Richelieu que a pesar de ser, católico era enemigo del Sacro Imperio y España. El pragmático Cardenal declaró la guerra a las que consideraba a las potencias que amenazaban el balance de poder en detrimento de Francia: España en 1635 y al Sacro Imperio en 1636.

La guerra se desarrolló en tres frentes: Holanda, el Rin y Sajonia. Tras sucesivas batallas se estableció el Tratado de Westfalia en 1648. Como consecuencia, Francia fue la gran favorecida ya que obtuvo territorios al este y consiguió el debilitamiento de su enemigo imperial logrando la subordinación de los Habsburgo a los príncipes alemanes. Francia se convirtió en la potencia hegemónica de Europa. La Confederación Suiza fue reconocida como independiente al igual que la las Provincias Unidas de los Países Bajos. Con la paz se puso fin a la lucha religiosa en Alemania estableciendo los mismos derechos para católicos, calvinistas y luteranos. Las luchas igualmente continuaron. Europa tuvo que hacer frente a los estragos, enfermedades y resentimientos fruto  de la Guerra de los Treinta Años. 

El  catolicismo, desde Lutero, había quedado fragmentado, surgiendo nuevas religiones cristianas independientes de la autoridad del pontífice de Roma. Las vías para obtener la salvación también se multiplicaron. ¿Cómo se obtenía la salvación? ¿Quién tenía la razón? ¿Lutero? ¿Calvino? ¿El Papa? ¿Era el hombre un ser completamente predestinado y, como tal, imposibilitado de contribuir a su salvación? ¿Eran todos los sacramentos válidos? ¿Eran los santos verdaderos intercesores entre el hombre y Dios? El caos que predominaba afectó tanto a la esfera espiritual como el temporal. La guerra finalizó, pero los soldados brutalizados por las batallas, no lograba insertarse fácilmente a la sociedad, y continuaban aprovechándose de la población indefensa. El historiador francés Jean Delumeau explica cómo la Guerra de los Treinta Años reavivó en gran parte de Europa el“temor al paso y al alojamiento de las gentes de guerra”. Este temor se potenciaba con los rumores sobre niños puestos en el espetón y otras acciones como la violación de mujeres, robo de alimentos, matanza de animales, causaban pánico entre la gente indefensa. 

Extorsionaban a los habitantes mediante el terror hasta lograr de ellos la confesión del escondite de su dinero, maniatando a los hombres, arrancándoles la barba, empujándoles al fuego de la chimenea, atándolos a una viga para golpearles”[1].

Sublevaciones campesinas, atacando a un caballero

Sublevaciones campesinas, atacando a un caballero

Otras consecuencias de la guerra fue la pobreza, el hambre ya que los campesinos tuvieron que soportar una gran carga fiscal. Escribe Delumeau: 

El aumento de los impuestos significaba, para gentes que malvivían en el umbral de la miseria una amenaza de muerte –rápida o lenta- , y explica el enloquecimiento colectivo ante el anuncio de nueva medidas fiscales”[2].

Ni siquiera en el ámbito religioso había una base sólida sobre la que los seres humanos pudiesen confiar para obtener la salvación a la hora de su muerte. No obstante las disputas religiosas, el catolicismo aún ejercía una fuerte influencia en parte de Italia y en España. El lado negativo fue que este se convirtió en una barrera para el desarrollo científico y a las nuevas ideas que contradijeran las Escrituras, a Aristóteles, etc. Galileo fue silenciado y hubo un rechazo de la cosmovisión heliocéntrica y más aún la teoría atómica descrita en El Ensayador que atentaba contra la idea de la Transubstanciación. 

Tenemos que ser cautos a la hora de hablar de “Edad Moderna” pensando que se refiere a la modernidad como la entendemos hoy. No existen divisiones en la historia, de manera que lo que conocemos como Edad Moderna en realidad tenía mucho de la mentalidad que predominaba en el medioevo. Por lo demás, aspectos como la innovación, el progreso, el espíritu crítico estaban bajo la inquisidora vigilancia de los guardianes de la fe, tanto católicas como de las sectas protestantes. 

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[1]Jean Delumeau, El miedo en Occidente (España: Taurus, 2002), 249.

[2]Ibid., 264.