1/4- Introducción al Anarcocapitalismo (por Jan Doxrud)

1) Introducción al Anarcocapitalismo (por Jan Doxrud)

En esta serie de artículos  realizaré una breve introducción al anarcocapitalismo, que también recibe otras denominaciones  como el anarcoindivididualismo o anarquismo de mercado y propiedad privada.  Como ya señalé en un breve artículo sobre el anarquismo de Bakunin tenemos que, desde un punto de vista etimológico, la palabra anarquía  significa “sin principio”, “sin origen” o “sin mandato”. La anarquía, en cualquiera de sus vertientes, aboga por la supresión de “aquel” principio rector que consideran nefasto, que no ha hecho más que expandirse desde su creación y que detenta el monopolio de la violencia legal: el Estado. En el caso del anarcocapitalismo, como veremos, este da un paso más allá en comparación con el minarquismo y otras corrientes libertarias, puesto que postula que incluso aquellas funciones mínimas que ejerce el Estado deben ser abolidas y privatizadas.

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Todos los seres humanos tenemos ideales y utopías, pero debemos siempre tener presente hasta qué punto estamos dispuesto a sacrificar la realidad sólo por el deseo de imponer tales utopías. Quien no tenga en cuenta lo anterior y pretenda rebelarse en contra de la realidad objetiva, se transformará en un fanático y dogmático que forzará y violentará la realidad para someterla al ideal. En suma hay que saber reconocer la linea que separa la realidad (aunque algunos rechacen la existencia misma de esta realidad) de las ideas perniciosas y, peor aún, culpar a la realidad por no ajustarse a tales ideas. Cuando las ideas son incompatibles con la realidad y la naturaleza humana, estas deben ser simplemente desechadas, de lo contrario se caerá en el dogmatismo puro que le da vuelta la espalda al mundo y se refugia cómodamente en el reino de las idea desde donde condena a la realidad (condenar la realidad en nombre de un ideal, lo que se conoce también como la falacia del nirvana).

Pero lo más perjudicial de refugiarse en utopías irrealizables es que la persona no aprende de los errores, puesto que la culpa recae en la realidad y en los seres humanos, de manera que tal persona se sentirá con el derecho de imponer una y otra vez tal ideología puesto que ante cualquier error y fracaso la culpa siempre la tendrá la realidad y quienes son parte de esta. Un ejemplo claro de esto son aquellos comunistas nostálgicos quienes, ante el fracaso de su ideología, han optado por no asumir el costo psicológico y emocional de reconocido. En su lugar, dirán que todo aquellos que existió no era el “verdadero socialismo”. Ahora bien, esta manera deficiente de razonar no es propia de comunistas, sino que de todo aquel pensamiento que se caracteriza por su extrema rigidez y, por ende, su dogmatismo o la existencia de ideas que no pueden ser cuestionadas.

Las criptomonedas como Bitcoin han pasado a ser una expresión del anarquismo puesto que estamos ante un sistema monetario anárquico en el sentido de que no está subordinado a un Estado o, más específicamente, a la política de un Banco Central

Las criptomonedas como Bitcoin han pasado a ser una expresión del anarquismo puesto que estamos ante un sistema monetario anárquico en el sentido de que no está subordinado a un Estado o, más específicamente, a la política de un Banco Central

La realidad puede ser sin duda alguna transformada por las ideas, pero debemos ser precavidos y no violentarla, puesto que las malas ideas no requieren ser impuestas y mantenidas mediante la coacción continua y sistemática. Como ya he advertido en otros artículos, debemos evitar caer en la “falacia moralista” en virtud de la cual se pretende inferir un hecho a partir de un deseo, valor, imperativo o enunciado moral o deóntico. Así, la falacia moralista consiste inferir el “es” del “debe”, por ejemplo: los seres humanos “deberían” ser iguales, por lo tanto son (y serán) iguales. Este razonamiento peca de cierta soberbia moral, voluntarismo extremo y una primacía de lo que el sociólogo alemán Max Weber denominaba como la ética de la convicción por sobre de la ética de la responsabilidad.

Así, mi opinión es que el anarcocapitalismo constituye una utopía (no en un sentido negativo y peyorativo), de manera que tiene que ser tomada como una suerte de ideal o un punto de referencia. Recordemos, por lo demás, que el comunismo también apunta hacia un estado final de anarquía una vez trascendida la dictadura del proletariado, pero no explica cómo se llegará a tal estado de cosas y tampoco considera la posibilidad de que las personas no estén de acuerdo con su propuesta. Tampoco basta una explicación teórica o la enumeración de una serie de pasos: la teoría propone y la realidad dispone.

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Ningún anarcocapitalista ha explicado con detalle cómo se iniciaría tal proceso de desintegración del Estado junto a todas sus instituciones, para transitar a una sociedad laissez-faire pura, en donde la sombra del Estado ha desparecido completamente. Tampoco explica qué sucedería con aquellas personas que no están dispuestos a abandonar el modelo del Estado-nación. Con lo anterior quiero dar a entender que existen varias obras al respecto, pero que pecan de caer en meros teoreticismos, es decir, se exponen planteamientos que tienen una validez formal, pero no una material. Para decirlo de manera más clara, el papel aguanta mucho pero, a la larga, es la realidad la que dispone. La coherencia lógica es importante, pero más aún es la compatibilidad de tales ideas con la realidad. Ahora bien, igualmente el anarcocapitalismo ofrece un arsenal de ideas críticas importantes, especialmente en contra el estatismo, el fetiche democrático y el colectivismo asfixiante. 

En estos artículos me referiré a las ideas de autores anarcocapitalistas, pero también a otros pertenecientes a corrientes libertarias no anarquistas, como es el caso de la novelista Ayn Rand (Alisa Rosenbaum, 1905-1982), quien es un ícono dentro del movimiento libertario, aunque Rand fue una crítica de los libertarios que pretendían llegar al extremo de abolir el Estado. Cabe aclarar que la palabra libertario o “libertarianism” es un término utilizado en Estados Unidos para diferenciarse de los “liberals” del partido demócrata. La razón es que estos últimos no son representantes de la tradición liberal y más bien pertenecen a los que hoy se denomina como “progresismo”. Volviendo a Rand, la autora consideraba que la anarquía, como concepto político, constituía una “abstracción cándida e infundada”. En este sentido, la autora era partidaria de un Estado mínimo y la existencia de una Constitución que pusiera un límite al poder de los gobernantes y en donde se respetara el sistema de “check and balances”.

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No entraré a explicar las vertientes dentro de este anarquismo de libre mercado y propiedad privada (o anarcocapitalismo). Con esto me refiero a que, por ejemplo, no entraré en los detalles de los planteamientos del agorismo de  Samuel Konkin III (1947-2004) y su “contraeconomía”, el utilitarismo de David Friedman (hijo de Milton y Rose Friedman), el anarcoindividualismo de Wendy McElroy  y los planteamientos de los “austroanarquistas”, como es el caso del economista Murray Rothbard  (1926 - 1995) y del economista y sociólogo alemán Hans-Hermann Hoppe. También haré referencia a ideas contenidas en obras de otros autores como  Morris y Linda Tannenhill  y el  economista francés  Pascal Salin.  Por ende, haré abstracción de estas distintas vertientes dentro del anarcocapitalismo, para centrarme en ciertos elementos en común que tienen.

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Ahora bien, los autores anteriormente mencionados también han recibido la influencia de una tradición de intelectuales que le precedió, como es el caso del filósofo y abolicionista estadounidense William Lloyd Garrison (1805 - 1879) ,  Lysander Spooner (1808 - 1887),  el sociólogo y economista  alemán Franz Oppenheimer (1864-1943), Benjamin Tucker (1854-1939) y el crítico social anarquista  Alfred Jay Nock (1870-1945). Por ejemplo, para Oppenheimer existían solo dos medios para obtener riquezas:  los medios económicos y los medios políticos, en otras palabras, el trabajo y el robo, siendo el Estado una organización de los medios políticos. Para Nock el Estado era el enemigo de la sociedad y tenía siempre un origen violento: en la conquista y la guerra. 

Garrison defendió la idea de la autopropiedad o la jurisdicción moral que todo ser humano goza sobre su propio cuerpo, así como también la relevancia de la humanidad frente a otras propiedades secundarias como lo era la raza. Spooner denunciaba también al Estado por ser un monopolio que violaba los derechos de las personas, beneficiando a sus grupos de protegidos. Añadía que el Estado era peor que un asaltante. Este último asume los peligros de cometer el delito y asume que no tiene ningún derecho sobre el dinero de la víctima y menos aun que lo utilizará en beneficio de esta. En cambio el Estado es un asaltante que expolia al ser humano de su riqueza bajo el manto de la legalidad (y la solidaridad). Pero no hay nada de solidario ni de voluntario en los impuestos, puesto que estos son siempre y en todo lugar producto de la coacción y la violencia. 

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Por su parte, Tucker enfatizaba el hecho de que el individuo no era parte del Estado y que, bajo la óptica del anarquismo, la sociedad es algo distinto del Estado.  Añadía que los anarquistas eran conscientes de que la vida de la “sociedad” era inseparable de la de los “individuos”, de manera que resultaba imposible destruir una sin destruir a los otros. No obstante lo anterior, si bien la sociedad no podía ser destruida, si podías ser perturbada u obstaculizada por parte del Estado. 

En suma, y como señala Wendy McElroy, dentro de la corriente anarquista y libertaria existe una visión de la historia en donde se confrontan «el individuo» y el colectivo (caso de Ayn Rand) y la libertad en contra del poder (caso de Rothbard). Frente a esto, la autora no se muestra de acuerdo puesto que existen otras fuerzas ideológicas que moldean el devenir histórico como lo fueron, por ejemplo, el cristianismo y el marxismo.

Lecturas complementarias

Bakunin, el anarquismo y el Estado (por Jan Doxrud)

(III) La Escuela Austriaca de Economía: El Capitalismo (por Jan Doxrud)

(I) Robert Nozick: Anarquía, Estado y Utopía (por Jan Doxrud)

II) Robert Nozick, Anarquía, Estado y Utopía: mano invisible y el surgimiento de agencias de protección (por Jan Doxrud)

III-Robert Nozick, Anarquía, Estado y Utopía, Estado y justicia distributiva (por Jan Doxrud)

IV-Robert Nozick, Anarquía, Estado y Utopía: Explotación y Envidia (por Jan Doxrud)