(II) ¿Se puede comprender la violencia racista del nazismo? (por Jan Doxrud)

(II) ¿Se puede comprender la violencia racista del nazismo? (por Jan Doxrud)

Sabemos que ha habido genocidios en el pasado lejano, cercano, en el presente y, quien sabe, en el futuro. Pero la Shoá tiene algo que la hace particular (y es lo que critican tanto Sereny como Fest). Es decir, el genocidio, -concepto creado por el judío-polaco Raphael Lemkin (1900-1959)–, ya existía antes de que fuera acuñado el concepto mismo, de manera que uno podrá preguntarse ¿por qué, entonces, esa unicidad y asombro que causa el exterminio de los judíos? Ya escribí un artículo sobre esto, pero en resumidas cuentas existen varios elementos a considerar. Los ejecutores no pertenecían a un país cualquiera, sino que a un potencia científica y cultural como lo era Alemania. Además las matanza tuvieron lugar en Europa y en países relativamente conocidos por todos. Por ejemplo, pocas personas saben de la matanza de los cosacos por Lenin o los chechenos, calmucos y tártaros por parte de Stalin. Incluso muy pocas personas saben del genocidio de Ruanda en la década de los 90 porque, probablemente, no sabían que existía ese país y, de conocerlo, no sabrían en qué parte de África se encuentran localizado. También destaca la planificación, burocratización, eficiencia e industrialización de la matanza de judíos, una suerte de fordismo o taylorismo aplicado a la matanza. En palabras de Primo Levi:

“(…) hasta el momento en que escribo y, no obstante el horror de Hiroshima y Nagasaki, la vergüenza de los Gulag, la inútil y sangrienta campaña de Vietnam, el autogenocidio de Camboya, los desaparecidos en la Argentina, y las muchas guerras atroces y estúpidas a que hemos venido asistiendo, el sistema de campos de concentración nazi continúa siendo un unicum, en cuanto a magnitud y calidad. En ningún otro lugar o tiempo se ha asistido a un fenómeno tan imprevisto y tan complejo: nunca han sido extinguidas tantas vida humanas en tan poco tiempo ni con una combinación tan lúcida de ingenio tecnológico, fanatismo y crueldad ”.

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Otros aspecto es la enorme cantidad de evidencia con la que se cuenta: registros, material audiovisual, campos de exterminio, testimonio de los nazis, fotos de millones de muertos apilados en verdaderas montañas de la muerte, y los supervivientes y sus testimonios. Por ejemplo, poco se sabía del campo de exterminio comunista, me refiero al gulag, hasta que personajes como Aleksandr Solzhenitsyn, dieron a conocerlo. Ahora bien, cabe introducir el matiz de Raymond Aron, quien consideraba que, mientras el gulag constituía un campo de trabajo que representaba una forma de violencia conectada con la transformación forzada de la sociedad, el campo nazi era de exterminio, es decir, llevaba a la cámara de gas, de manera que el exterminio era una finalidad en sí misma, tal como lo demostró no solamente Auschwitz, sino que otros campos donde se entraba sólo a morir como era el caso de esos infiernos en la tierra llamados Sobibor, Treblinka o Chelmno. En nuestros días poco se sabe, salvo por algunos testimonios, sobre los campos de exterminio norcoreanos y tampoco se cuenta con evidencia suficiente sobre la matanza de armenios por parte de  Turquía o la matanza en el Congo por aquel  asesino con corona como lo era Leopoldo I, o el genocidio comunista contra la población ucraniana en la década de 1930 (conocido como Holodomor).

Otro rasgo del interés que despierta el tema del exterminio de los judíos, es la misma atracción que suscita el “fenómeno nazi”, el interés e incluso fascinación que todavía despiertan figuras como Hitler, Himmler, Göring, Goebbels, Heydrich, Mengele o Eichmann. En cambio pocas personas conocen a otros monstruos como Nikolái Yeshov o un Lavrenti Beria.También las personas reconocen las siglas “SA” y sus uniformes pardos y las SS con sus uniformes grises y calaveras en sus uniformes o la Gestapo. Estos organismos se han transformado en el paradigma de la represión dejando en las sombras a la Cheka y la NKVD (URSS), la Stasi (Alemania comunista) o la Securitate (Rumania comunista).  

No es mi intención entra a la profunda discusión sobre la unicidad de la Shoá o sobre si es un “crimen único”, pero el lector estará de acuerdo en que el genocidio nazi goza de una (triste) fama que opaca a las demás matanzas perpetradas en el pasado y el presente. Incluso Stalin sacó provecho del impacto de los crímenes nazis para culpar a estos de los crímenes que los comunistas habían perpetrado tras el pacto nazi-soviético en 1939. El caso más emblemático fue la matanza en las cercanías del bosque de Katyn (Polonia) donde ejecutaron a más de 20 mil personas, altos cargos del ejército e intelectuales, políticos y artistas, en donde la URSS culpó a los nazis de la matanza. Sólo en 1990 el gobierno ruso admitiría oficialmente que fue bajo las órdenes de Stalin que se llevó a cabo la masacre. Pero Katyn no fue el único caso puesto que la NKVD comunista masacró a personas en otras regiones como Vinnitsa (Ucrania) y fueron las mismas SS las que fueron encontrando las fosas con cadáveres. De acuerdo a Richard Rhodes las SS exhumaron tres fosas comunes en Vinnitsa: en un campo de frutas, en un cementerio ortodoxo y un parque público.

Mapa: ubicación de campos de concentración y exterminio

Mapa: ubicación de campos de concentración y exterminio

¿Cómo surgió toda esta violencia? Como explica Browning, las repuestas que intentan dar explicación a este desencadenamiento de maldad absoluta dentro de un ser humano son varias: insensibilidad en tiempos de guerra, racismo, segmentación del trabajo, la rutina de la tarea, racismo, selección especial de los ejecutores, racismo, estereotipación del enemigo, racismo, adoctrinamiento ideológico, ambición por ascender en la jerarquía, acatamiento de órdenes y conformidad. En el caso específico del Batallón 101, estos hombres no habían estado expuesto a las atrocidades de la guerra ni a la terrible guerra a muerte en el frente oriental contra los rusos, pero una vez que comenzaron a operar en Polonia en 1942, el horror inicial de las primeras matanzas se transformó luego en rutina y así matar se transformó en una suerte de “trámite”.

En palabras de Browning: “La habituación también tuvo algo que ver. Al haber matado ya en una ocasión, la segunda vez los soldados no experimentaron una impresión tan traumática. Como muchas otras cosas, mata era algo a lo que uno se podía acostumbrar”. Pero aún así hubo miembros del batallón que sucumbieron psicológicamente a las barbaridades que estaban cometiendo. Incluso se utilizaron voluntarios o “kiwis” encargados de las ejecuciones, pero estos últimos estaban por lo general ebrios y con botella en mano para lograr amortiguar las atrocidades que estaban cometiendo.

No está de más decir que ni siquiera Hitler presenció en su vida una ejecución en masa de judíos o la muerte de los judíos en la cámara de gas.  Otras manera de lograr aquietar las conciencias de los asesino era por medio de la división del trabajo,, por ejemplo, algunos estaban encargados de desalojar a los judíos de sus viviendas y comunidades, otros formaban un cordón por donde los judíos corrían hacia la fosa donde sería ejecutados. Toda esta segmentación de la ejecución tenía como consecuencia el crear en las conciencias de los asesino de que no estaban participando en las matanza, logrando así que una cierta distancia con los asesinatos.

Otras formas de alejar la muerte de los soldados alemanes era por medio de la utilización de gas, por ejemplo el monóxido de carbono o la idea de Walter Rauff (quien llegó a Chile a finales de la década de los 50 y falleció allí en 1984) de remodelar camiones para transformarlos en cámaras de gas móviles. Las cámaras de gases y los crematorios de Auschwitz fueron excepcionales, explica Rhodes, puesto que habían otros métodos iguales o más “eficientes” como el ametrallamiento. El problema es que la cámara de gas le ahorraba al soldado el trauma psicológico. Esto vendría a poner en jaque la visión de “industria” de la muerte nazi, puesto que mientras la cámara de gas y el crematorio funcionaba, aún seguían siendo asesinados miles por medio de ejecuciones. En palabras de Rhodes:

“Por tanto, la hecatombe nazi no fue moderna y científica, como se ha descrito con frecuencia, ni tampoco única en la historia de la humanidad. Se realizo con el mismo sencillo equipo que el de los ejecutores de matanzas del imperialismo europeo y, más tarde, de las guerras civiles de Asia y África. Las matanzas promovidas desde el Estado constituyen una epidemia social compleja y recurrente. Llegar a entender cómo sus ejecutores aprenden a hacer frente al  desafío que se les presenta es muy importante para saber como evitar o limitar estallidos posteriores, y ninguna matanza del siglo XX se halla mejor documentada que la del Tercer Reich”

Simon Wiesenthal (con una Foto de Rauff en su mano derecha) no logró la extradición de Rauff desde Chile a Israel

Simon Wiesenthal (con una Foto de Rauff en su mano derecha) no logró la extradición de Rauff desde Chile a Israel

 

Lecturas utilizadas

-Christopher Browning, Aquellos hombres grises. El Batallón 101 y la Solución Final en Polonia (Edhasa)

-Raul Hilberg, La destrucción de los judíos europeos (Akal)

-Gita Sereny, El trauma alemán (Península)

-Keith Lowe, Continente salvaje. Europa después de la Segunda Guerra Mundial (Galaxia Gutenberg)

-Robert Gellately, No sólo Hitler. La Alemania entre la coacción y el consencso (Crítica)

-Primo Levi, Trilogía de Auschwitz (Océano)

-Mark Mazower, El Imperio de Hitler (Crítica)

-Richard Rhodes, Amos de la muerte. Los SS Einsatzgruppen y el origen del Holocausto.

-Sebastian Haffner, Jekill y Hyde. 1939, el nazismo visto desde dentro (Destino)