14/39- La Guerra Civil Española . Del Gobierno Provisional al Primer Bienio, 1931-1933 (por Jan Doxrud)

14) La Guerra Civil Española . Del Gobierno Provisional al Primer Bienio, 1931-1933 (por Jan Doxrud)

Antes de pasar al Segundo Bienio (1934-1936) me referiré a la visión del Primer Bienio examinado anteriormente, pero  bajo la óptica del historiador Paul Preston, que nos proporciona una visión desde la historiografía de izquierda (o progresista como algunos prefieren). Para ello me referiré a los capítulos I y II de su libro “la Guerra Civil española”.  ¿Cuál era la situación social de España a comienzos de 1930? Paul Preston nos pinta un cuadro negativo de la sociedad y la política española antes de 1931.  En el primer capítulo el autor traza un panorama de la sociedad española antes de 1931. De acuerdo al autor, los orígenes de la guerra civil “se remontan siglos atrás en la historia del país”, específicamente en una sociedad dividida y en lucha, dentro del contexto de un proceso de modernización. Por ende, de acuerdo a Preston, lo anterior sería los orígenes estructurales a largo plazo de la guerra civil. En palabras de Preston:

“La Guerra Civil fue la culminación de una serie de luchas desiguales entre las fuerzas de la reforma y las de la reacción que dominaban la historia española desde 1808. Hay una constante curiosa en la historia moderna de España que procede de un frecuente desfase entre la realidad social y la estructura de poder político que lo regía”.

Madrid a comienzos de la década de 1930

Madrid a comienzos de la década de 1930

Así, la década de 1930 sería una nueva expresión de esa “constante curiosa”  a la que alude Preston en donde se enfrentaría, de un lado, las fuerzas progresistas que abogaban por cambios en la estructura socioeconómica y política y, por otro lado, las fuerzas reaccionarias que deseaban mantener el orden establecido. Otra idea de Preston es que España no había experimentado una “clásica revolución burguesa” que pusiera fin a las estructuras del “Antiguo Régimen”, para dar inicio a un régimen democrático lo suficientemente flexible par a “absorber las nuevas fuerzas y ajustar el cambio social”.   Así, la sociedad española resultó ser una basada en un capitalismo predominantemente agrario lo cual se tradujo el predominio político y económico de una oligarquía latifundista. 

A pesar que tal monopolio del poder político era, en ocasiones, disputado por los industriales y comerciantes, Preston señala que el poder igualmente permaneció en manos de esta clase terrateniente. Así, durante el siglo XIX y el XX, la oligarquía terrateniente junto con las alianzas matrimoniales con la burguesía urbana, pondrían freno constituyeron un dique ante los deseos de reformas al sistema. La política española estaría dominada, en la segunda mitad del siglo XIX tas la restauración de los Borbones, por los partidos políticos Conservador y liberal que representaban los intereses de la oligarquía. Al respecto escribe Preston:

“La diferencia entre ellos era mínima: ambos eran monárquico y no se dividían por motivos sociales, sino por el conflicto entre proteccionismo y libre comercio y, en menor medida, por la religión”.

Barcelina a comienzos de la década de 1930

Barcelina a comienzos de la década de 1930

46551395_23047186.jpg

Junto a lo anterior estaba el fenómeno del “caciquismo” y la influencia que este podía llegar a ejercer entre los trabajadores. Tal cacique podía tomar la forma de prestamista o usurero, abogado, un gran propietario de tierras e incluso un cura que cobraba las hipotecas de las pequeñas granjas. Solo a finales del siglo XIX Preston afirma que surgieron algunas contestaciones al orden imperante, como fue el caos del anarquismo bajo la influencia de  Giuseppe Fanelli (1827-1877), discípulo del ruso Bakunin y enviado a España en 1868 por la Primera Internacional (fundada en Londres en 1864). Al respecto escribe Preston:

Su oratoria inspiradora pronto le granjeó sus propios evangelistas, que llevaban el anarquismo de pueblo en pueblo.  El mensaje de que la tierra, la justicia y la igualdad debían conquistarse por medio de la acción directa caló entre los hambrientos jornaleros y braceros y dio un nuevo sentido de esperanza y finalidad a levantamientos rurales que hasta entonces habían sido esporádicos”.

Otro testigo del conflicto también se refiere al escenario socioeconómico español. Me refiero a político, senador, ingeniero civil chileno y militante del Partido Radical, Aurelio Nuñez  Morgado (1885-1951). Nuñez fue nombrado embajador en España en 1935 por lo que fue testigo de los estragos causados por la guerra civil. En lo que respecta a España el autor escribió en libro “Los sucesos de España vistos por un diplomático” (1940) que todo hecho histórico trascendental en la vida de una nación – como era el caso de la guerra civil – no podías ser explicado y retrotraído a un acontecimiento singular. 

Captura de Pantalla 2021-03-06 a la(s) 12.48.33.png

Explicaba el autor que la situación de España era la de un país con un capitalismo más o menos avanzado, con una rica economía agrícola sobre la cual se había establecido una consolidada organización social. También destaca el papel preponderante de la aristocracia la cual, a pesar de gozar de privilegios, no se observaba como contrapartida ninguna función social de su parte. En lo que respecta a la clase media, Nuñez afirmaba que esta se encontraba aplastada tanto por los de arriba como por los de abajo, de manera que esta era casi inexistente. Añadía que la aristocracia se mostraba indiferente a esta clase u no se preocupó de su formación. A esto agrega Nuñez:

Fue un error porque una clase media ilustrada, laboriosa y económica, que forma al profesional, al pequeño propietario y al pequeño industrial, es la base más sólida y estable de cualquier cuerpo social. Y formar este elemento intermedio es largo, difícil y costoso”.

Concluía el Embajador que eran 3 las fuerzas las que constiuían, en su conjunto, el “problema social español”: el sindicalismo (CNT), el Socialismo (PSOE-UGT) y el catolicismo.

000.jpg

Pio Moa  toma cierta distancia de esta clase de análisis y en su libro “Los orígenes de la Guerra Civil”, afirma que los orígenes del conflicto pueden remontarse a finales del siglo XIX e incluso antes , producto de una serie de problemas sociales y económicos. Pero, añade Moa, aunque esos problemas eran muy reales, estos no predeterminaron  la guerra, salvo en análisis marxistas. La opinión de Moa es que lo que forzó ala guerra no fue la “gravedad intrínseca de tales retos históricos, sino que fue  la respuesta dieron los partidos políticos. A esto, añade el mismo autor:

“Esto, que puede sonar obvio, plantea la cuestión en términos que no son económicos o sociológicos —aunque hunda sus raíces en ellos—, sino políticos”.

Más adelante añade Moa:

“Opino, en suma, que si bien los problemas de la república venían de lejos, los orígenes de la guerra se hallan en la propia república, y no antes. El nuevo régimen, precisamente, al suscitar un intenso sentimiento de esperanza en soluciones drásticas, pero irreales, provocó decepción y envenenó los problemas año tras año, hasta no dejar otra salida que la de las armas. Fracasó justamente el juego político que debiera haber permitido una evolución calmada y alternancias de poder no violentas”. 

mini_magick20180818-12287-15oxowb.png

Por su parte, Stanley Payne, afirma que es una paradoja de la historia española el que, relativamente, veloz desarrollo acontecido entre 1915 y 1930 no lograse superar los conflictos internos y sí agudizara las consecuencias políticas de estos. La expansión de la alfabetización y la creciente movilización, explica Payne, elevaron tanto los niveles de conciencia política as como también las expectativas y la exigencia de cambios. Serían estas exigencias de cambio – y no las condiciones de opresión – las que habrían dado origen a procesos revolucionarios. Por ende Payne también modera al importancia que el marxismo atribuye  a las condiciones socioeconómicas  como factor detonante de los procesos revolucionarios. En el caso de España, el historiador estadounidense destaca los factores psicológicos y las aspiraciones crecientes de la sociedad producto del proceso de modernización de sus países

Continuemos con Preston. Ya señalamos anteriormente  algunos de los actos criminales perpetrados por anarquistas contra figuras políticas. Preston añade otras como el levantamiento de 1892, donde los braceros, con hoces y palos, se tomaron la villa de Jerez de la Frontera. Preston también se refiere a lo que señalamos anteriormente, esto es, el impacto que tuvo 1898 en la economía de España, con la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Cuba era un mercado importante para Cataluña. Junto a esto también destaca lo ya señalado sobre el surgimiento de organizaciones como el PSOE y la UGT. 

affiche-cnt-fai-jj-ll-asturies-leon-les-champs-et-les-usines-aux-syndicats.jpg

En lo que respecta al primer decenio del siglo XX, Preston explica que se mantuvo la “constante curiosa”, es decir, el choque entre las fuerzas reaccionarias y las progresistas. El autor habla de la existencia de un cóctel explosivo de intransigencia por parte de terratenientes e industriales en contra de grupos anarquistas, republicanos, socialistas y nacionalistas regionales. Como ya revisamos antes, durante los primeros veinte años del siglo XX surgirían otras agrupaciones como el Partido Comunista español –  fruto de una escisión interna del PSOE sobre si afiliarse o no a la Komintern –  y la CNT.

Es dentro de este contexto de división y pugna entre los reaccionarios y progresistas a favor del cambio que Preston aborda el Gobierno Provisional y el Primer Bienio. En el capítulo II, el historiador británico señala de entrada que la II República significó una amenaza para los miembros más privilegiados de la sociedad y una “esperanza desmesurada entre los más humildes”. La II República vino, por ende, a desafiar el orden establecido, específicamente, vino a poner fin al mopolio político y económico de las élites políticas, pero también de la Iglesia y el Ejército. Así, la II República se encotnraba desde un comienzo ante un enemigo que no cedería terrreno ante reformas que pudiesen erosionar su poder. En palabras de Preston:

“Hablando en términos generales, los amos del pdoer social y económico estaban unidos con la Iglesia y el Ejército en su empeño de prevenir cualquier ataque contra la propiedad, la religión o la unidad nacional. Y encontraron rápidamente varios modos de defender sus intereses”.