1/12- La globalización. Introducción y algunas definiciones (por Jan Doxrud)

1) La globalización (por Jan Doxrud)

En esta serie de artículos abordaremos el concepto de globalización así como también las diversas perspectivas sobre esta por parte de “intelectuales públicos”, economistas, sociólogos e historiadores. El objetivo es arrojar luces sobre este concepto, presentar algunas definiciones, su carácter histórico y sus diversas dimensiones, para dejar en evidencia que estamos ante un fenómeno complejo. También examinaremos algunos de los críticos de este proceso y aquellos que defienden la globalización. Al final de cada artículos dejaré artículos relacionados con los temas que abordo en esta serie de artículos.

Tenemos que la globalización es un término polémico y polisémico puesto que tiene distintos significados para diferentes personas. Es polémico ya que contiene, al menos en la actualidad, una fuerte carga emocional e ideológica, lo que se traduce en que algunos sectores la abracen acríticamente y otros la rechacen también acríticamente.  En un trabajo publicado por la OCDE titulado “Globalización económica. Orígenes y consecuencias” Jean-Yve Huwart y Löic Verdiere señalan lo siguente

“La globalización económica es un tema cargado de controversia, mucho más después de la crisis económica mundial. Los “proglobalistas” y los “antiglobalistas” (también conocidos como “alterglobalistas”) han debatido acaloradamente el tema por casi 20 años. Todos los días, la mayoría de los habitantes de este planeta disfrutan algunos de los grandes beneficios de la globalización y también padecen sus grandes inconvenientes”.

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Como relata el intelectual y economista francés  Guy Sorman,  en su libro  “La economía no miente”,  para el economista de la Universidad de Columbia,  Jagdish Bhagwati, existen  dos adversarios de la globalización: los ideólogos y los ignorantes. Los ideólogos son aquellos con los que no se puede mantener un auténtico diálogo de manera que, ante estos, el economista se encuentra desarmado ya que frente a cualquier evidencia que se les presente, el ideólogo esgrimirá sus mitos e ideas basadas en anécdotas y casos individuales que apelan a la emociones de las masas. Para los ideólogos de izquierda la globalización es solo una máscara tras la cual se encuentra el liberalismo económico, el capitalismo, el “neoliberalismo”, Estados Unidos y las multinacionales. Ahora bien, cabe señalar que este discurso también han sido adoptado por populistas nacionalistas de derecha que ven en la globalización la defensa de los intereses de las élites y burocracias de las grandes instituciones internacionales como la ONU, el FMI o el Banco Mundial.

Ciertos sectores relacionan automáticamente la globalización con el capitalismo y con una suerte de libertinaje de mercado de manera que nos encontraríamos en la era del “fundamentalismo de mercado”(término que, si bien no fue creado por George Soros, sí ayudó a popularizarlo) y ante un retroceso de los Estados lo cual, en mi opinión, es una narrativa exagerada y una caricatura que no se condice con las distintas realidades políticas y económicas de los diversos países. Para bien o para mal, el hecho es que los Estados no han hecho más que expandirse tras las dos guerras mundiales y, sumado a esto, tenemos que las  economías actuales son todas capitalistas, de manera que afirmar que la globalización es capitalista es una obviedad. Ahora bien, se tratan de distintas modalidades de sistemas capitalistas en donde unas podrán ser más libres y otras menos libres. 

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Encontramos países que se encuentran bajo un fuerte control estatal y otros con un menor influjo del Estado, en donde en unos existen Estados de bienestar más generosos y otros más reducidos. Tenemos también que en algunos países se garantiza el derecho de propiedad de los medios de producción, mientras que en otros no se garantizan, estando la mayor parte de estos en manos de la burocracia estatal con la consecuente inhibición del emprendimiento y la innovación. De acuerdo a lo anterior, tenemos que el capitalismo cubano o norcoreano no es el mismo que el capitalismo suizo o noruego; el capitalismo estadounidense no es el mismo que el capitalismo chino y el capitalismo venezolano no es el mismo que el capitalismo chileno. La lección es simple y es que capitalismo no es sinónimo de libre mercado y propiedad privada de los medios de producción.

En mi opinión es importante  no continuar entrampado en la eterna lucha entre mercado o Estado, sino que buscar la mejor combinación de cada uno de estos. Países con un mercado absolutamente libre de regulaciones no existen ya que, para ello, debería desaparecer el Estado para dar paso a una sociedad anarcocapitalista que en la actualidad, hasta donde llegan mis conocimientos, no existe. Por otro lado  el estatismo extremo (la sustitución de la mano invisible del mercado por la mano visible del Estado), que sí existió, nos demostró no solamente que era ineficiente, sino que también criminal, al menos en todos los países en los cuales se implemento el sistema de planificación central socialista. 

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Pienso que la discusión no debe centrarse en si existe una suerte de medida óptima (o áurea) que nos arroje un “tamaño ideal” del Estado. Es una discusión infantil hablar de “más o menos Estado” y más aún cuando “más” Estado, en sí mismo, vendría a significar “un mundo mejor” o un Estado más eficiente. Lo que necesitamos es un Estado eficiente  y este no necesariamente tiene que ser uno elefanteásico, de lo contrario la dictadura soviética debió haber prosperado a lo largo de la década de 1980 y no haberse desplomado por su ineficiencia.

Por ende, en primer lugar,  evitemos los purismos  (solo Estado o solo mercado) y la manía de contraponer Estado y mercado como si fuesen enemigos irreconciliables. En segundo lugar evitemos santificar y ensalzar acríticamente al Estado o a la liberalización de los mercados como si estos fuesen, por sí solos, soluciones mágicas a los problemas económicas que afectan a las distintas naciones. Como señala el economista de la Universidad de Harvard, Dani Rodrik:

“Todas las economías de mercado que funcionan bien son una mezcla de Estado y mercado, de dejar hacer y de intervención. Las proposiciones exactas de esa mezcla dependen de las preferencias de cada país, de su posición internacional y de su trayectoria histórica”.

Por su parte el economista francés, Jean Tirole, escribió en su libro “La economía del bien común”:

“El debate público enfrenta con frecuencia a los partidarios del mercado y a los partidarios del Estado: ambos consideran el Estado y el mercado como competidores. Pero, sin embargo, el Estado no puede lograr que sus ciudadanos vivan (correctamente) sin mercado; y el Estado necesita al mercado: no solo para proteger la libertad de empresa y garantizar los contratos a través del sistema jurídico, sino también para corregir sus fallos”.

Por último, Daniel Yerguin y Joseph Stanislaw se refieren al mismo tema en su libro “Pioneros y líderes de la globalización:

“Dónde, exactamente, se debe trazar la frontera entre Estado y mercado es una cuestión que nunca ha podido ser dirimida definitivamente en conferencia de paz alguna. Por el contrario, a lo largo de todo este siglo, ha sido el tema central tanto de masivas luchas intelectuales y políticas como de reiteradas escaramuzas. En términos globales, esta lucha constituye uno de los grandes dramas que definen el siglo XX. Hoy en día el choque es tan amplio y abarca tanto que está reestructurando nuestro mundo y preparando el escenario para el siglo XXI.”

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Pasemos ahora a abordar algunas  definiciones de globalización  El  Banco Mundial  nos señala que la globalización se traduce en una creciente dependencia económica mutua entre los países del mundo producto del “creciente volumen y variedad de transacciones transfronterizas de bienes y servicios, así como por la de flujos internacionales de capitales, y por la aceleración de la difusión de la tecnología en más lugares del mundo”. El economista  Joseph Stiglitz,  explica que la globalización implica una integración más estrecha de países y pueblos del mundo, como resultado de la significativa reducción en los costos del transporte y la comunicación, así como también la disminución de las barreras artificiales al flujo de bienes, servicios, capitales, conocimientos y personas a través de las fronteras 

El sociólogo británico, Anthony Giddens,  se refiere a la globalización como una verdadera revolución que ha afectado no solamente la dimensión económica, sino que también las dimensiones políticas, tecnológicas y culturales.  Para Giddens la globalización es una serie compleja de procesos que operan de manera contradictoria.  Añade que la globalización consiste en la intensificación en escala mundial de las relaciones sociales que enlazan localidades muy distantes, de manera que lo que ocurre en una se encuentra determinada por acontecimientos sucedidos a muchas millas de distancia y viceversa. 

Es por ello que el “efecto mariposa” a saber, que el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo, nos sirve para comprender esta interconexión global existente en la actualidad. En nuestros días fenómenos como la tormenta Barry puede afectar la producción de crudo y, por ende, el precio de este y los precios de los bienes y servicios dependientes de esta materia prima.

La Comisión Europea  señala que la globalización constituye un  proceso a través del cual los mercados y la producción de diferentes países están volviéndose cada vez más interdependientes fruto de la dinámica del intercambio de bienes y servicios y a los flujos de capital y tecnología. Añade que no se trata de un fenómeno nuevo, puesto que es la continuación de desarrollos que habían estado funcionando durante un tiempo considerable. 

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El sociólogo,  Manuel Castells,  diferencia entre lo que denomina como “economía mundial”, que es un fenómeno que ya se viene gestando desde hace siglos, y la “economía global”. La economía mundial, explica el mismo autor, se refiere a la acumulación de capital que se viene dando en Europa desde, al menos, el siglo XVI. En cambio, la economía global – realidad nueva en la historia humana – consiste en la capacidad de una economía de funcionar “como una unidad en tiempo real a escala planetaria”. Este es el rasgo central, de acuerdo a Castells, de la nueva economía informacional, su carácter global, lo que se traduce en que el capital se gestiona las veinticuatro horas del día en mercados financieros globalmente integrados. Piense, por ejemplo, en el mercado Forex (mercado de divisas) que opera las 24 horas del día. Añade el sociólogo que esta economía global se encuentra estructurada en tres regiones principales junto a sus respectivas zonas de influencia: Norteamérica, la Unión Europea y la región del Pacífico asiático. En base a esta diferenciación regional, Castells afirma que la “economía global” no es aun una  “economía planetaria”  en el sentido de que la primera no abarca todos los procesos económicos del planeta y no incluye a todos los territorios ni a todas las personas. 

El sociólogo francés Gilles Lipovetsky en el libro “El Occidente globalizado” explicaba que nuestra época es una caracterizada por una poderosa e irresistible tendencia a la unificación del mundo, lo que en Francia se conoce como mundialización y en otros países como globalización. Tal dinámica, continúa explicando el sociólogo, coincide con la conjunción de fenómenos económicos como la liberalización de los mercados bajo un capitalismo planetario, y cambios radicales en la situación geopolítica como lo fue el desmoronamiento de la Unión Soviética. Añade Lipovetsky que la globalización puede ser concebida como una cultura que la denomina, y desarrolla en otro libro junto a Jean Serroy, como “cultura-mundo”. Tal “cultura-mundo”, explica Lipovetsky, se caracteriza por la revolución de las tecnologías de la información y comunicación, la organización de vastas redes mediáticas transnacionales y la ampliación de industrias culturales que canalizan hacia diversos rincones del planeta bienes idénticos en un mercado globalizado.

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Esta “cultura-mundo”, por lo demás, no ha significado la muerte de las ideologías, sino que la promoción e intensificación de otras como la ecología y los Derechos Humanos. Escribe Lipovetsky la ideología universalista de los derechos humanos se impone como valor central pero, como señala el historiador Timothy Garton Ash,  esta “globalización moral”, en virtud de la cual deberíamos identificarnos principalmente como “seres humanos”, es aún un sueño digno de alabanza. Pero sucede que tal planteamiento global de nuestra identidad se enfrenta con poderosos obstáculos como el nacionalismo o la religión. Esta “cultura-mundo”, desde un plano antropológico, significa también una nueva relación existencial con lo lejano, así como también el desarrollo de una conciencia del mundo entendido como unidad y totalidad. En palabras de Lipovetsky:

“La cultura-mundo coincide, en este sentido, con la comprensión del tiempo y del espacio, con la erosión de las fronteras, una nueva forma de experimentar la relación entre el aquí y el allá, lo nacional y lo internacional, lo próximo y lo lejano, lo local y lo global. El espacio, en cierto modo, se ha encogido y el tiempo se ha acelerado, hemos entrado en la era del espacio-tiempo mundial, del cibertiempo global, lo cual no significa en ningún caso, digámoslo ya, la desaparición de las diferencias culturales”.

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Por su parte, Sebastian Mallaby explica que la globalización era un proceso que se caracteriza por la expansión del movimiento transfronterizo de capitales, bienes y personas. Añade que, entre la caída del Muro de Berlín (1989) y el temprano inicio de la crisis financiera mundial en 2007, los flujos internacionales de capital habían aumentado de 5% del PIB mundial a 21%. El comercio, por su parte, aumentó de 39% a 59%. Por último, el número de personas que vivían fuera de su país de nacimiento se elevó en más de un cuarto. 

El Cambridge Dictionary nos ofrece las siguientes 3 definiciones de globalización:

1) El aumento del comercio en todo el mundo, especialmente por las grandes empresas que producen y comercializan bienes en muchos países diferentes

2) Una situación en la que los bienes y servicios disponibles, o las influencias sociales y culturales, gradualmente se vuelven similares en todas partes del mundo

3) El desarrollo de relaciones económicas, culturales y políticas más estrechas entre todos los países del mundo como resultado de que los viajes y la comunicación se vuelven fáciles

 

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