Política y politización (5): Fernando Atria y la "desneoliberalización" (por Jan Doxrud)

Política y politización (5): Fernando Atria y la "desneoliberalización" (por Jan Doxrud)

Pasemos a Fernando Atria. En relación al tema de la politización escribe este autor que la politización de las relaciones humanas es una cuestión fundamental para todo proyecto socialista. Atria explica que politizar significa hacer de algo que en un momento dado no es político algo político. Atria señala que una “relación” es política cuando hay en ella un ejercicio asimétrico del poder. En este sentido, explica el autor: “una relación está despolitizada cuando en virtud de ella nadie ejerce poder unilateralmente sobre otro. Se trata entonces de una relación simétrica…que una relación sea política quiere decir que hay uno sujeto a otro, es decir, que hay opresión[1].  Por otro lado, una “decisión” es política cuando es una decisión que no puede sino reclamar ir en el interés de todos los afectados. En este segundo sentido, Atria afirma que bajo un régimen neoliberal, como el que se encuentra vigente en Chile, la relación no es política “porque en ella cada parte persigue la protección de sus intereses individuales[2]. Continúa Atria: “…una relación no política es una relación en la que es aceptable en principio que las partes apelen a sus propios intereses particulares, mientras una relación es política cuando esa apelación es inaceptable[3]. A esto añade Atria: “…esto no quiere decir que en una relación política las partes no van a perseguir sus intereses particulares. Sólo quiere decir que, si lo hacen, deben ocultarlo, o deben mostrar que sus intereses son en realidad los intereses de todos[4].

Ejemplo de lo anterior es la del diputado que vota en contra de la derogación del sistema binominal, presentando su acción como una que es conveniente para todo el país cuando en verdad sólo busca facilitar su propia reelección. Otro ejemplo que ofrece Atria es cuando el presidente de la Confederación de la producción y el Comercio (CPC) defiende la flexibilidad laboral señalando que va en el interés de todos cuando en realidad sólo beneficia a los intereses del empresariado. Esta sería una actitud propia del “neoliberalque, de acuerdo a Atria, no cree que los individuos puedan perseguir intereses comunes y entiende que la política exige a los agentes mentir. Atria también explica que la politización está internamente vinculada al socialismo y es por esa razón que la derecha desconfía de la política y la razón por la que el neoliberalismo despolitiza.

De esta manera Atria, al igual que los demás socialistas del siglo XXI, trae a Gramsci al escenario y nos advierte que tenemos que estar alertas “a la posibilidad siempre presente de que detrás de cualquier apelación al interés de todos haya intereses particulares”[5]. Tenemos que para Atria el núcleo de la idea democrática es la politización de las relaciones sociales, politizar todo lo que el neoliberalismo ha despolitizado, “desneoliberlizar” para politizar. “Nuestro problema hoy, de hecho, no es que tengamos exceso de democracia representativa, sino que lo que está politizado, lo que está al alcance de la discusión pública, es cada vez menos[6]. Atria no concuerda con Moulián en su idea de una descentralización del poder y de la autoridad para la toma de decisiones. La inmediación de Moulián, o lo que es lo mismo, la neutralización de la capacidad de las instituciones democráticas para producir mediación hace que en las decisiones estén aún más presentes los intereses de las personas, lo que se traduce en una “despolitización” por abajo”. Atria proporciona el ejemplo de un referéndum local sobre un plan regulador o ubicación de vertederos, señalando que “lo más probable es que los vecinos se pronuncien desde sus intereses particulares, ignorando o descontando considerablemente el interés de los demás habitantes de la ciudad. Si la instalación de una cárcel debiera…ser aprobada por un referéndum comunal, no podrían construirse nuevas cárceles[7].

El otro peligro es la “despolitización por arriba” que es latente en la socialdemocracia donde los ciudadanos pueden pasar a transformarse en meros clientes de la administración de turno, y en el peor de los casos, el Estado puede adquirir un carácter paternalista y protector de la ciudadanía. Atria propone la idea de una “pedagogía lenta”. Por un lado la izquierda está de acuerdo con el neoliberalismo en cuanto a que el Estado puede llegar a tratar indignamente al individuo, pero también concuerda con el conservadurismo en el sentido de que el individuo puede equivocarse en sus elecciones, lo que justificaría la idea de que la ley tiene una función pedagógica. De acuerdo a Atria la “pedagogía lenta” es aquella que evita que el rechazo al principio portaliano devenga en neoliberalismo. En palabras del autor: “La ley enseña al individuo, pero le enseña a la manera de un sui juris: haciendo más transparente para él el sentido de sus decisiones, de modo que pueda elegir mejor. Es una pedagogía antiportaliana”[8].

Para Atria la tradición contractualista niega la posibilidad misma de la “pedagogía lenta” ya que en tal tradición, la legitimidad de lo político se encuentra fuera de lo político, “en la perspectiva de individuos que no tienen vínculos políticos entre sí…las condiciones de legitimidad del Estado se determinan por referencia a lo que individuos sin vínculos políticos pactarían entre ellos, por lo que los principios de justicia política no se desarrollan en la historia[9]. ¿Qué se entiende por “pedagogía lenta”? Atria da un respuesta parafraseando al pensador canadiense Charles Taylor: “El pueblo se educa lentamente, a través de la convivencia política, y aprende progresivamente qué significa vivir reconociendo al otro. Así, el pueblo se transforma a sí mismo, aunque al mismo tiempo, esta pedagogía es usurpada y mal aplicada: la educación política ocurre en este campo de resistencia[10]. Tenemos entonces que, de acuerdo a Atria, la “pedagogía lenta”  es la condición para que el rechazo al principio portaliano no nos lleve al neoliberalismo.

La experiencia política nos enseña y nos muestra que son posibles nuevas formas de coexistencia como por ejemplo la aprobación de la reforma del régimen de filiación o la introducción del divorcio vincular. De acuerdo al autor, las nuevas instituciones enseñan a las personas algo que no habían aprendido en décadas de discusión. En el caso de Chile, existen sectores que no se encontrarían interesados en aprender, principalmente la derecha conservadora encarnada en la Unión Demócrata Independiente (UDI). Pero no es sólo el neoliberalismo, el conservadurismo y la izquierda posmoderna la que de alguna manera pueden obstaculizar a esta “pedagogía lenta”, ya que también estaría el mercado. Para Atria el mercado nos enseña una forma particular de cómo se relacionan las personas, así como la manera en que estas conciben sus intereses. “El mercado (como criterio de distribución) nos presentan nuestros intereses como si estuvieran en conflicto, me obliga a mirar al otro como una fuente de recursos y como una amenaza. Con miedo y codicia, en otras palabras[11]. El mercado representa para el autor lo contrario a la familia, ya que en esta última no existen conflictos de interesesen un sentido profundo, tal como sí sucede en el mercado. Atria se pregunta “cómo podemos hacer que la manera que entendamos las relaciones entre hermanos sea la manera en que entendemos las relaciones entre ciudadanos[12].

El neoliberal, señala Atria, diría que tal cosa sería una ingenuidad ya que el mundo no es así y que no se puede extender las relaciones familiares a las relaciones entre ciudadanos. Es más, Atria señala que el neoliberal apoyará sus argumentaciones “con volúmenes de literatura neodarwinista que muestra que la disposición a explotar al otro es parte de la «naturaleza humana» y por consiguiente que el mercado (como criterio de distribución) es lo mejor que podemos esperar[13]. En lo que respecta a la familia, Atria afirma que una“visión socialista” entiende la importancia de la familia como modelo de relación política. En palabras del autor: “…es a través de la idea de familia (pese a su lado oscuro, propio de una institución realmente existente) que aprendemos que es posible entender la realización como recíproca, a diferencia de la manera en la que la entendemos en el mercado, que nos muestra la realización de cada uno como independiente de la de los demás[14]. Sólo por medio de un “pedagogía lenta” de la ley (antiportaliana) y teniendo como base la deliberación, se podrá de modo más o menos completo distinguir entre nuestros intereses facciosos y nuestros intereses comunes.

 

[1] Fernando Atria, Veinte años después. Neoliberalismo con rostro humano,  167.

[2] Ibid., 169.

[3] Ibid.

[4] Ibid.

[5] Ibid., 171.

[6] Ibid.

[7] Ibid., 173-174.

[8] Ibid., 177.

[9] Ibid., 178.

[10] Ibid., 178-179.

[11] Ibid., 185.

[12] Ibdi., 186.

[13] Ibid.

[14] Ibid.