(1) Ni Marx ni Kuznets: Thomas Piketty y las leyes generales de la economía: Crecimiento económico y la tasa de retorno sobre el capital (por Jan Doxrud)

(1) Ni Marx ni Kuznets: Thomas Piketty y las leyes generales de la economía: Crecimiento económico y la tasa de retorno sobre el capital (por Jan Doxrud)

En estos artículos    abordaré   la   propuesta   del   economista   francés  Thomas Piketty de establecer  un  impuesto  global  al capital. Revisemos de manera resumida  la   propuesta de Piketty.  Se  han  escrito  una  gran  cantidad   de  artículos   a  favor  y  en contra de  Piketty. A  continuación  intentaré sintetizar las principales ideas que Piketty  expone  en  su  voluminoso libro. Posteriormente abordaremosla crítica    que  distintos  economistas  han  expuesto  contra  Piketty en diversos artículos. Piketty ha colaborado estrechamente con el Partido Socialista en Francia y fue asesor de la ex candidata presidencial Ségolène Royal. Algunos lo han catalogado, erróneamente desde mi punto de vista, como marxista y otros, lo ven como una versión actualizada de David Ricardo.

El libro de Piketty sin duda es fascinante y provocador. El autor se pregunta si estamos acaso en el   mundo  de  Marx,  donde  la  riqueza y el poder se están concentrando cada vez más en unas pocas manos y en donde las desigualdades se están haciendo cada vez mayores, o estamos en el mundo  del  economista  ruso - norteamericano  Simon  Kuznets  (1901-1985),  es  decir,  en  un mundo  donde  las  fuerzas  equilibradoras  del  crecimiento, la competencia y el progreso técnico están conduciendo espontáneamente a una reducción de las desigualdades. De acuerdo a Piketty, si bien las predicciones de Marx no  fueron  correctas, especialmente en relación a LTDTG, ya que pasó   por   alto   la   posibilidad  de  un  progreso técnico duradero, así como el crecimiento de la productividad,  igualmente  tenemos   algo  que  aprender  del  pensador  alemán.  Marx,  explica Piketty,  partió  de  una  pregunta  importante y que guardaba relación con la concentración de la riqueza durante la Revolución Industrial. Al respecto escribe el economista francés:

“…cabe  destacar  que  el  principio  de acumulación infinita defendido por Marx contiene una intuición fundamental para el análisis tanto del siglo XXI como del siglo XIX…Ya que la tasa de incremento de la población y de la productividad permanece relativamente baja, las riquezas acumuladas en el pasado adquieren naturalmente una importancia considerable, potencialmente desmesuradas y desestabilizadoras para las sociedades a las que atañen…La acumulación se detiene en un punto finito, pero ese punto puede ser sumamente elevado y desestabilizador[1].

Tal lógica es la que ha predominado, señala Piketty, desde las décadas de 1970-1980. De acuerdo al autor,  la  historia  de  la  distribución  de  la  riqueza  ha  sido siempre profundamente política. Explica que la reducción  de  las  desigualdades observadas en los países desarrollados entre las décadas  de  1900  -  1910 y  1950  -  1960,  fueron   ante    todo   fruto  de  las  guerras   y  de las políticas implementadas tras aquellos sucesos. Piketty advierte un cambio considerable en esta tendencia a partir de la década de 1970-1980  que  se  explica  por  cambios  en  materia  fiscal  y financiera. ¿Que sucedió con Kuznets? Piketty  señala  que  de acuerdo a Kuznets “la desigualdad del ingreso se ve destinada   a   disminuir  en   las   fases   avanzadas del desarrollo capitalista, sin importar   por   las   políticas    seguidas   o  las   características   del   país,  y  luego  tiende  a  estabilizarse  en  un  nivel aceptable...”[2].

Tenemos que, si Marx y Ricardo eran los profetas apocalípticos que anunciaban el fin de los tiempos, Kuznets es un panglossiano que nos narra un cuento de hadas. En palabras de Piketty: “… Kuznets   sugirió,  de  manera   casi  anodina,   que   la  lógica  interna   del   desarrollo económico, con independencia de toda intervención política y de todo choque exterior, podría llegar   igualmente  al  mismo  resultado[3]. Frente  a  esto, el  economista francés afirma que la “mágica teoría” de la curva de Kuznets fue formulada en gran medida por malas razones y que su fundamento empírico era frágil.

Piketty insiste en que la reducción de las desigualdades en los países ricos entre 1914 y 1945 se debió  principalmente  a  las  guerras  mundiales  y  a los  choques  económicos  y  políticos que provocaron. La conclusión de Piketty es que se hace necesario reubicar el tema de la distribución en el centro del análisis  económico,  ya  que  desde  la  década  de  1970-1980  se  ha  producido un vuelco en la tendencia  a  la  baja de las desigualdades. Para el autor estamos en una situación similar a la de la segunda mitad del sigloXIX. En la introducción, Piketty ya anuncia cuáles son los resultados   de   su   investigación. 

La  primera   es   la   ya  mencionada, y  es  quela historia de la distribución   de   la   riqueza   es   siempre   profundamente  política.  La  segunda   conclusión   a   la    que   llega   el autor, y que constituye el quid del libro,   es   que   “la dinámica   de   la   distribución de la riqueza  pone  en juego poderosos mecanismos que empujan alternativamente en el sentido de la convergencia  y  de la  divergencia,  y  que  no  existe  ningún  proceso  natural y espontáneo que  permita    evitar    que   las   tendencias    desestabilizadoras  ynoigualitarias  prevalezcan permanentemente[4].  Las  fuerzas  de  convergencia,   como   la   difusión deconocimientos, inversión en capacitación y formación de habilidades, son aquellas fuerzas quevan en el sentido de la reducción y de la compresión de las desigualdades.

Piketty  también  menciona  el  juego  de  la  oferta y demanda y la movilidad del capital como mecanismo de convergencia, pero señala que tienen menor fuerza, y además pueden operar de manera ambigua y contradictoria. Pasemos ahora a lo que Piketty denomina como la fuerza de divergencia fundamental. En una gráfica, Piketty muestra la evolución de la riqueza privada en Alemania, Francia y el Reino Unido desde 1870 hasta el 2010. Durante el período conocido como la Bélle Epoque (1870-1914) existió una norme prosperidad, donde el valor de la riqueza privada se establece  en  alrededor  de  seis o siete años de ingreso nacional. Entre 1870 y 1910 se puede apreciar que el valor del capital privado como porcentaje del ingreso nacional alcanza en Francia más del 700%, mientras que en Alemania y el Reino Unido fluctúa entre el 600% y el 700%. Hacia 1914, año en  que  comienza  la  Primera Guerra Mundial, se produce una fuerte caída. Hacia el año 1950 el valor del capital privado en Francia supera levemente el 300%. A partir de 1950 comienza un   incremento   continuo   hasta  el  punto  de  que  la  riqueza privada parece dirigirse hacia los mismos niveles en que se encontraba en la segunda mitad del siglo XIX.

En la década de 2000-2010 la relación capital/ingreso se sitúa en torno a cinco o seis años de ingreso nacional, tanto en el Reino Unido como en Francia. Es decir, el valor del capital privado de estos países como porcentaje del ingreso nacional se sitúa entre el 500% y el 600%. A continuación tenemos la gráfica anteriormente descrita:

Llegamos ahora a una parte medular de Piketty. El autor señala que en las sociedades de bajo crecimiento, la riqueza originada en el pasado adquiere una importancia desproporcionada y bastaría con un bajo flujo de ahorro nuevo para aumentar continua y sustancialmente el acervo de riqueza.  En  segundo  lugar,  Piketty  afirma  que  si  a  lo  anterior añadimos que la tasa de rendimiento del capital se establece fuerte y por encima de la tasa de crecimiento de un período prolongado,  entonces  se  corre   el riesgo  importante  de divergencia  en  la  distribución de la riqueza.

-A esta desigualdad fundamental, Piketty la expresa como r > g, en donde r representa la tasa de rendimiento del capital, o lo que es lo mismo, lo que en promedio produce el capital a lo largo  de  un  año  en  forma  de  beneficios,  dividendos,  intereses,  rentas y demás ingresos del capital  como  porcentaje de su valor.

-En cuanto a g, esta representa  la  tasa  de  crecimiento,  es decir,  al  incremento  anual  del  ingreso  y  de  la  producción. Tenemos  que,  cuando  la tasa de rendimiento del capital supera a la tasa de crecimiento, r > g, la riqueza originada en el pasado se recapitaliza más rápido que el  ritmo  de  crecimiento  de  la  producción  y  de  los  ingresos.  Acá Piketty se concentra en el tema de la herencia:

Basta, pues, que los herederos ahorren una parte limitada de los ingresos de su capital para que este último aumente más rápido que la economía en su conjunto. En estas condiciones, es casi inevitable que los patrimonios heredadosdominen por mucho a los patrimonios constituidos a lo largo de una vida de trabajo, y que la concentración del capital alcance niveles muy elevados y potencialmente incompatibles con los valores meritocráticos y los principios de justicia social que son el cimiento de nuestras sociedades democráticas[5].

Es importante entender que para el economista francés r > g corresponde a una realidad histórica y  no  tanto  a  una  necesidad  lógica. Se  trata de una realidad histórica más o menos verificada conforme a los períodos y a la coyuntura política. Piketty nos presenta las siguientes dos gráficas:

En el primer gráfico, la tasa  de  crecimiento  global  entre  la  Antigüedad  y  el siglo XVII jamás excedió  por  mucho  tiempo  el 0,1 - 0,2%. Piketty  afirma  que  no  hay duda de que la tasa de rendimiento del capital o rsiempre fue claramente superior. De acuerdo al autor, el valor central observado  a  largo  plazo  gravita en torno a un rendimiento de 4 - 5% anual.

Durante  la   mayor  parte  de  la  historia  de  la  humanidad, el hecho principal es que la tasa de rendimiento del capital siempre fue por lo menos 10 o 20 veces superior a la tasa de crecimiento de la producción y del ingreso. Se trataba en gran medida, del fundamento mismo de la sociedad: es   lo  que  permitía  a  una   clase  de  poseedores  dedicarse  a  otra  cosa  que  a  su propia subsistencia[6].

En los dos  gráficos  anteriores  se observa  la  evolución mundial de la tasa de rendimiento del capital  y  la  tasa   de   crecimiento  desde  la Antigüedad  hasta el siglo XXI.  A  diferencia  del  segundo  gráfico, en el primer gráfico se muestra la evolución de r y g sin incluir los impuestos y las pérdidas de capital como resultado de shocks como pueden ser las guerras.  El hecho es que tenemos  que  r > g   y   la  consecuente   divergencia  constituye  u n potencial  peligro  para  las  sociedades,  ya  que   atentan   contra  los  principios mismos de mérito y  justicia  social. Piketty dice ser menos apocalíptico que Marx, ya que la divergencia  no  es  perpetua, siendo esta una de sus   probables   trayectorias. Esta   desigualdad   fundamental  r > g   no   es   producto  de  las imperfecciones del mercado, sino que todo lo  contrario,  mientras  más  “perfecto”  sea  el  mercado  más  posibilidad  tiene  de cumplirse la desigualdad.

Por  otro  lado,  existen  medidas  que  pueden  contrarrestar los efectos de la lógica implacable, como el establecimiento  de  un  impuesto  global  sobre el capital, medida que Piketty ve como poco  probable  de  ser  implementada. El  hecho  es  que  de  acuerdo al economista francés, los choques acontecidos en el período que  va de 1914  a  1945,  esto  es,  la  Primera Guerra Mundial (1914-1918), la revolución en Rusia (1917),  la crisis  económica de 1929, la Segunda Guerra Mundial y las nuevas políticas de regulación, tributación y control público, principalmente producto de la crisis de 1929, llevaron a los  capitales  privados  a  niveles  históricamente bajos en la década de 1950-1960. Pero posteriormente se produjo una reconstitución de los capitales con la “revolución conservadora”  anglosajona  de  1979-1980 (gobiernos  Ronald Reagan  y  Margaret  Thatcher), el desplome del bloque soviético, la  globalización  financiera y  la  desregulación  de  la  década de 1990-2000. Tenemos entonces a un Piketty que nos dice “ni Marx ni Kuznets”, ya que no acepta la existencia   de    leyes   deterministas   en   economía   que   causen  que   la desigualdad aumente o disminuya, pero cabe preguntarse  si  esto  es  realmente así. Más  adelante   abordaremos esto, cuando examinemos la crítica de Daron Acemoglu y James A. Robinson a Piketty.  

La crítica de Piketty no se concentra en Kuznets y otros economistas del desarrollo, sino que en la disciplina económica en general. Afirma que mientras los economistas del siglo  XIX tienen el mérito de haber situado el tema de la distribución en el centro de  su análisis,  los  economistas actuales han menospreciado este tema y se han  encerrado en modelos matemáticos estériles y han ignorado el aporte que pueden realizar otras  disciplinas  dentro  de las ciencias sociales. En palabras  de  Piketty: “Digámoslo  muy  claro:  “la disciplina económica aún no ha abandonado su pasión  infantil  por  las  matemáticas  y  las especulaciones puramente teóricas, y a menudo muy ideológicas, en  detrimento  de  la  investigación  histórica y  de  la  reconciliación  con las demás ciencias sociales[7]. Para el  economista  francés  la economía  es una subdisciplina  más  de  las ciencias sociales al lado  de  la  historia, la sociología, la antropología y otras más. Piketty prefiere utilizar   el   viejo  término “economía política”  que  el de “ciencia económica” ya que este último le parece  arrogante y “podría  hacer  creer  que  la economía  ha  logrado  un  estatuto científico superior,   específico,   distinto   de  las   demás   ciencias sociales[8]. Ya   examinamos  diversas definiciones de economía política en otra parte de este escrito pero   igualmente  creo   necesario referirme  a  lo  que Piketty entiende por esta disciplina. Para  el   autor,  la  economía  política  es aquella  disciplina  que  ha   intentado  estudiar   científicamente o al menos, de manera racional, sistemática y metódica, cuál  debe  ser  el  papel  ideal del Estado en la organización económica y social de un país, es decir,  aquellas  instituciones  u  políticas  publicas  que más acercan a lo que podemos considerar como una sociedad ideal.

[1] Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI (México: FCE, 2014), 24.

[2] Ibid., 25.

[3] Ibid., 28.

[4] Ibid., 36.

[5] Ibid., 42.

[6] Ibid., 388.

[7] Ibid., 47.

[8] Ibid., 645.