2/3-El marxismo como religión secular (por Jan Doxrud)

(II) El marxismo como religión secular (por Jan Doxrud)

Marx es un autor complejo, con una gran variedad de escritos y temáticas. Algunos siguen al “joven” Marx filósofo, otros se dejan seducir por el Marx revolucionario y algunos por el Marx economista, autor de El Capital. Debemos preguntarnos acaso si los defensores del marxismo se adhieren a las ideas de Marx movidos por lo que han leído en el Manifiesto, en los Manuscritos de 1844 o por lo que han leído en los tres libros que componen El Capital. El fallecido presidente de Venezuela Hugo Chávez (1954-2013), declaraba en un discurso que se consideraba cristiano, pero a continuación también asumía el bolivarianismo, sandinismo, martinianismo, sucrismo, mirandismo, pero sobre todo asumía el marxismo.

Digo “sobre todo” por que Chávez afirmaba que el marxismo era la teoría más avanzada de todas porque ofrecía una explicación científica de la historia, de la realidad concreta de los pueblos y la más avanzada propuesta hacia el mundo que Cristo vino a anunciar: el reino de la igualdad, la paz, el amor y el reino humano. Pero Chávez también reconoció que no había leído El Capital de Marx, es decir, el líder venezolano no había leído una obra clave del pensador alemán. Esto es un fenómeno que no nos debe extrañar, ya que incluso existen marxistas que sólo conocen de Marx el Manifiesto. Pero Chávez nos revela otro aspecto interesante que abordaremos en este escrito: la relación de marxismo con la religión, el milenarismo y el mesianismo. Hugo Chávez constituye sólo uno de muchos ejemplos de marxistas que desconocen la obra de Marx y que aún así admiran sus ideas.

Teniendo en consideración la vasta obra de Marx y la complejidad de su pensamiento, no estaba errado el economista austriaco Eugene von Böhm Bawerk, quien consideraba a Karl Marx como un sujeto envidiable. Böhm Bawerk dio en la médula al señalar que el sistema marxista apelaba más a las emociones y esperanzas que a la razón humana. Después de todo, ¿cómo es posible que un autor que posee obras de alta complejidad económica y filosófica tenga tantos adeptos a nivel mundial? Ni Adam Smith, ni David Ricardo, ni Jean Baptiste Say, ni John Stuart Mill lograron obtener la fama ni convertirse en personajes de culto como lo logró Marx. Marx, por el contrario, cuenta con numerosos adeptos, incluso personas que no conocen sus obras claves.

No es una tarea fácil abordar a Marx y su sistema de pensamiento por distintas razones. La primera tiene que ver con el contenido de su pensamiento, el cual no es fácil de comprender (pero si posible) y cuando se cree haber comprendido algo, uno se percata de que existen otras interpretaciones sobre distintos temas que abordó Marx. Existen textos complejos por ejemplo “El Capital”, “La Ideología Alemana” o los “Manuscritos Económicos y filosóficos” sobre los cuales no existe una interpretación única acerca de algunos conceptos, frases o párrafos.  Existe una segunda dificultad que tiene que ver con los prejuicios. Existe una tendencia a asociar a Marx, o más bien responsabilizarlo, de todas las masacres efectuadas por los regímenes comunistas que existieron en los distintos continentes. A primera vista esto puede parecer razonable ya que, después de todo, la mayor parte de estos regímenes se declararon comunistas, marxistas-leninistas, erigieron estatuas de Marx, se podían observar banderas y cuadros del pensador alemán, y se le invocaba constantemente en los discursos políticos.

¿No será entonces Marx, el ideólogo de esos regímenes, el culpable? Yo a Marx lo considero un cómplice intelectual, puesto que quien quiera imponer una utopía igualitaria, abolir el mercado y la propiedad privada e instaurar una dictadura del proletariado, necesariamente terminará transitando por el mismo camino hacia un totalitarismo.  El lector no versado en el pensamiento de Marx debe saber que el pensador alemán no escribió ni teorizó acerca de la necesidad de imponer el gulag en Siberia, el Laogai en China, ni de deskulakizar al campesinado, ni de la necesidad de imponer un dictador en una isla caribeña o mantener a sociedades completas reprimidas hasta puntos que van más allá de la imaginación humana, como es el caso de Corea del Norte. 

En la Ideología alemana Marx y Engels afirmaron que para ellos el comunismo no consistía en un estado que debía implantarse, un ideal al que la realidad debía someterse, sino que designaban con el nombre de comunismo al “movimiento real que anulaba y superaba al estado actual de las cosas”. Es verdad que en el Manifiesto, Marx se refiere al tema de la igualdad, a una sociedad sin clases y otras utopías que, por lo demás, son ideas que no tienen nada de originales en la historia del pensamiento humano. Pero tal consignahay que tomarla como lo que es, en mi opinión, una mera fantasía, una utopía social que, tomada en serio, puede generar distopias perversas.

Otro error común y que es necesario aclarar, es que Marx no fue “el” teórico del comunismo” o del “paraíso de la sociedad sin clases”. Nada más lejos de la verdad, ya que en realidad Marx fue un gran teórico del sistema capitalista del siglo XIX. Quien quiera encontrar como sería la vida en una sociedad comunista será mejor que no lea a Marx ya que no encontrará nada. Para Marx el capitalismo constituía una fase más dentro de su filosofía de la historia donde las contradicciones de clase llegarían a su apogeo. En palabras de Camus:

El capitalismo es el último de estos estadios de producción porque produce las condiciones en que todo antagonismo será resuelto y en que no habrá ya economía. Ese día, nuestra historia se volverá prehistoria[1].

Pienso que hay que dejar estos prejuicios de lado al estudiar a Marx, para de esa manera intentar comprender su pensamiento ya que, sin lugar a dudas, es un autor interesante y provocador. Pero los prejuicios no vienen sólo de los opositores y declarados enemigos del pensamiento marxista, sino que también se encuentra fuertemente arraigado en sus defensores, claro que en otro sentido, y esto constituye una tercera razón que explica la dificultad de estudiar y criticar el pensamiento de Marx.

Criticar el marxismo no es simplemente criticar un sistema económico sino que es cuestionar toda una cosmovisión, un sistema de valores y una forma de vida. Es por ello que muchos marxistas ortodoxos en el pasado e incluso en el presente reaccionan a la crítica de la misma manera que lo hace un fanático religioso, ya que lo que está en juego es una visión particular del mundo y del sentido de la existencia.  Aquí el problema radica en que los adeptos al marxismo han hecho del pensamiento y escritos de Marx una verdad absoluta que no puede ser cuestionada.

Cualquier crítica sólo puede proceder desde el interior de las filas del marxismo. Pero resulta que ni siquiera existe un consenso al interior de estas filas. Los autores marxistas se muestran reacios a aceptar cualquier crítica profunda que afecte al sistema en su totalidad y menos si tal crítica proviene de un no marxista. De esa manera, el marxismo se convierte en un dogma fosilizado que termina por separase de la realidad convirtiéndose en materia de tertulias entre intelectuales de izquierda encerrados en sus torres de marfil. El espectro de seguidores de Marx es amplio ya que incluye filósofos, sociólogos, economistas e historiadores, donde cada uno rescata ciertos aspectos de la obra del pensador alemán.

Hay quienes se sienten fascinados por distintos Marx: el Marx de los escritos filosóficos, el Marx del Manifiesto y, en menor medida creo, el Marx de los Grundrisse y de los tres libros de El Capital. Incluso algunos señala que no existe “un Marx” sino que hay varios dependiendo de la época de su vida la que nos refiramos. El intelectual francés, Raymond Aron, señalaba que el debate marxistológico central versaba sobre “la relación entre las obras que escribió Marx en sus años juveniles y las que escribió en su madurez, o incluso, podría decirse, a la relación entre la filosofía y la economía marxiana[2]. Por su parte, Louis Althusser afirmaba: “He aquí el lugar del debate: el joven Marx. Lo que se arriesga verdaderamente en el debate: el marxismo. Los términos del debate: si el joven Marx es ya todo Marx[3].

El pensador francés buscaba dilucidar si El Capital de Marx era una expresión o más bien una traición de la filosofía del joven Marx. Hay una constante pugna por parte de los estudiosos de querer ser expositores del “verdadero Marx”, de lo que realmente él quería expresar, de ser los portadores del verdadero marxismo en su estado absoluto de pureza. Pero como aquello no fue posible, se generaron pugnas y las criticas iban de un lado a otro al interior de las filas del marxismo. Se recurrían a distintas clases de argumentos, que apelaban a la ignorancia, a los prejuicios o a la ignorancia del idioma alemán, lo cual impediría comprender cabalmente las ideas de Marx.

Tenemos, entonces, que Marx constituye uno de esos autores que ha sido elevado al rango de profeta y en torno al cual se han constituido verdaderas sectas que creen ser los portadores de una verdad a la cual sólo ellos y otros iniciados pueden acceder. Esto es un fenómeno que comenzó hace ya bastante tiempo, cuando surgieron los primeros revisionistas de la obra de Marx quienes fueron prácticamente excomulgados por aquellos que creían ser “marxistas ortodoxos”. El problema de trasformar a Marx en un objeto de culto es que comienzan a intervenir las pasiones y emociones cuando se trata de abordar y criticara este autor. Así, por ejemplo, ninguna persona, hasta donde yo sé, se sentiría personalmente ofendida si criticase la obra de David Ricardo o Nassau Senior. El economista Eric Roll escribió acertadamente lo siguiente:

“… lo cierto es que, a pesar de su insistencia en el carácter científico de su sistema, Marx legó a la posterioridad, no una ciencia política o económica, sino una idolatría política. A pesar de su erudición, a pesar de la tradición de racionalismo con que empezó sus estudios, Marx ha dejado tras de sí un legado irracional, o más bien antirracional, en realidad[4].

Lo anterior es aún más evidente cuando quien realiza la critica no es un marxista o no simpatiza con la causa comunista o con el socialismo, como es el caso de quien escribe. Parece ser que las discusiones, revisiones y críticas al maestro sólo pueden darse dentro de un círculo selecto. En todo caso me parece lamentable estos casos de personas inteligentes que se identifican a un nivel tan profundo con su sujeto de estudio que terminan finalmente perdiendo toda objetividad en el estudio de este mismo. Esta creo que es una razón poderosa que explica por qué el nombre de Marx resonará por mucho tiempo.

 

[1] Albert Camus, El hombre rebelde (Espáña: Alianza Editorial, 2013), 275.

[2] Raymond Aron, El marxismo de Marx(España: Siglo XXII de España editores, 2010), 22.

[3] Louis Althusser, La revolución teórica de Marx (México: Siglo XXI editores, 2010), 41.

[4] Eric Roll, Historia de las doctrinas económicas (México: FCE, 2009), 271.