(5) Marxismo y filosofía de la historia: (I) Marxismo como milenarismo (por Jan Doxrud)

(5) Marxismo y filosofía de la historia: (I) Marxismo como milenarismo (por Jan Doxrud)

Hemos estado hablando en los artículos anteriores de filosofías de la historia, del sentido de la historia, de la escatología, de las edades de oro y las utopías. El punto al que quiero llegar es simple: las ideas de Marx tomadas como un todo, constituyen un metarelato más de Occidente, una filosofía de la historia donde el pensador nos presenta una historia con un sentido determinado, una historia que, si bien no es perfectamente lineal, avanza hacia una meta determinada, proyecta hacia el futuro una utopia y proporciona una explicación acerca de cómo, supuestamente, la historia conspira para que la utopía finalmente se materialice. Ahora procederé a examinar un tema, nada de novedoso: marxismo como milenarismo. Esto no es una mera exposición que pretende mostrar similitudes entre las creencias religiosas y el relato marxista. No es fácil dar una definición de religión ya que ni siquiera hay unanimidad acerca de qué es religión, es decir, si es válido aplicar este concepto a culturas no Occidentales (¿son las distintas formas de buddhismo, el hinduismo o el sintoísmo religión?) En todo caso para abordar este tema puede hacer click aquí para examinar el fenómeno de la religión.

Sin embargo, es claro que si el criterio último para considerar un sistema de pensamiento como “religión” es la creencia en un mundo sobrenatural, entonces el marxismo no es una religión. Por lo tanto, para ser claro, utilizo la palabra religión para describir un sistema rígido de pensamiento, de creencias y practicas que nos ofrece un sentido de vida, nos da un sentido de pertenencia al mundo, que estamos aquí por alguna razón. Por ultimo, consideramos ese sistema de creencias como incuestionables, inmunes a la crítica. Toda religión tiene en alguna medida un componente explicativo del mundo, un componente emocional, vale decir, que proporciona esperanza y quietud. Existe también un componente social, es decir, la entrega pautas de conducta para el buen funcionamiento de la sociedad, y por último, un componente irracional, esto es, el de adherirse a ideas que no están apoyadas por la evidencia científica, pero que igualmente son consideradas como incuestionables. Lo anterior no pretende ser una definición suficiente de religión, pero es un reduccionismo necesario para efectos del argumento, y pienso que el marxismo presenta las características anteriormente mencionadas. Opino que entender esto es fundamental, al menos para aquellos que se preguntan por el gran atractivo que ejercen las ideas de Marx, por un filósofo y economista fallecido en 1883.

Marx fue un hombre realmente afortunado, en el sentido de que, a pesar de ser un intelectual de talla mayor, con escritos de gran complejidad, tanto en lo filosófico como en lo económico, cuenta con una gran cantidad de seguidores y su influencia sigue siendo considerable en la actualidad (aunque muchos no han leído más allá del Manifiesto Comunista). No sabemos si Marx tuvo en consideración si su utopía era realmente realizable y, si de ser así, se habría percatado las consecuencias nefastas que habría traído consigo. Quizás se podría insertar a Marx dentro de aquella mentalidad ideológica de la que hablaba Karl Mannheim donde el sujeto no acierta en advertir la incongruencia de sus ideas con la realidad porque se lo impide todo el cuerpo de axiomas que entraña el pensamiento social e históricamente determinado. Pero sin duda, muchos de los seguidores de Marx que decidieron acelerar el proceso revolucionario (y no esperar a que se dieran naturalmente las condiciones objetivas), están dentro del segundo tipo de mentalidad ideológica descrita por Mannheim, y a la que designaba como “hipócrita” o “farisaica” que se caracteriza

 “por el hecho de que, históricamente, tiene la posibilidad de descubrir la incongruencia entre las ideas y la conducta, pero, en vez de hacerlo, oculta ese concepto en aras de ciertos intereses vitales y emocionales. En fin, existe el tipo de mentalidad ideológica basada en un engaño deliberado, en que se debe interpretar la ideología como una mentira intencional[1].

Este mismo autor distingue, a través de etapas, los cambios en la configuración de la mentalidad utópica en los tiempos modernos. La primera es el quiliasmo orgiástico de los anabaptistas que surgió en el siglo XVI en Europa y figuras como la del teólogo Thomas Münzer. Friedrich Engels en “La guerra de los campesinos en Alemania” (1850), escribió

Los Taboritas habían tenido cierta comunidad de bienes quiliástica, pero tan sólo como medida puramente militar. Pero en el caso de Münzer estos brotes de comunismo expresan los anhelos de toda una fracción de la sociedad; desde que él los formuló por primera vez con cierta claridad, los encontramos en todos los grandes movimientos populares hasta que por fin se unieron en el movimiento proletario moderno; tal como en la Edad Media las luchas de los campesinos libres contra la dominación feudal, cada vez mas amenazante, se unió con la lucha de los vasallos y siervos por la destrucción total de esta dominación.”

En el mismo escrito, Engels describe su visión de la doctrina del teólogo protestante:

“…Münzer enseñaba un panteísmo que tiene un parecido extraño con las teorías especulativas modernas avecinándose algunas veces al ateísmo. Desechaba la Biblia en tanto que revelación única e infalible. La verdadera revelación, la revelación viviente es la razón humana que ha existido y existe en todos los pueblos. Oponer la Biblia a la razón significa matar el espíritu por la letra. El Espíritu Santo de que tanto habla la Biblia, no existe fuera de nosotros; el Espíritu Santo es la misma razón. La fe no es más que el despertar de la razón en el hombre; por eso también los paganos pueden tener la fe. La fe, la razón llamada a la vida, diviniza y santifica al hombre. El cielo no es de ultratumba, hay que buscarlo en esta vida; al creyente incumbe la misión de establecer este cielo, el reino de Dios, aquí sobre la tierra. Asimismo no hay cielo en el más allá, tampoco existe un infierno o condenación eterna. Y no hay más diablo que la codicia y concupiscencia de los hombres[2].

Continúa Engels elogiando las acciones de Münzer

Münzer este reino de Dios no significaba otra cosa que una sociedad sin diferencias de clase, sin propiedad privada y sin poder estatal independiente y ajeno frente a los miembros de la sociedad. Todos los poderes existentes que no se conformen sumándose a la revolución serán destruidos, los trabajos y los bienes serán comunes v se establecerá la igualdad completa. Para estos fines se fundará una liga que abarcará no sólo toda Alemania, sino la cristiandad entera; a los príncipes y grandes señores se les invitará a sumarse y cuando se negaren a ello la liga con las armas en la mano los destronará o los matará a la primera ocasión. Inmediatamente Münzer se puso a organizar esta liga. Sus predicaciones tomaron un carácter todavía más violento y revolucionario; con la misma pasión que mostraba en condenar a los curas, tronaba contra los príncipes, la nobleza y el patriciado y describía con colores sombríos la opresión presente comparándola con el cuadro fantástico de su reino milenario de igualdad social republicana. Además, publicaba un panfleto revolucionario tras otro y enviaba emisarios a todas partes, mientras el mismo organizaba la liga de Altstedt y sus alrededores[3].

Al final del capítulo, concluye Engels

“…mientras Lutero se contentaba con expresar el pensamiento y los anhelos de la mayoría de su clase para conquistar una popularidad sumamente barata, Münzer, en cambio, se adelantó en todo a las ideas y reivindicaciones que en su época abrigaban los plebeyos y campesinos y con la elite de los elementos revolucionarios existentes constituyó un partido que en la medida en que estaba a la altura de sus ideas y de su energía no formaba sino una ínfima minoría de la masa sublevada”[4].

Mannheim destaca ciertos rasgos del milenarismo, tal como la espiritualización de la política, así como la importancia de la experiencia mística. El sociólogo también destaca algo que es propio a la experiencia quiliástica: su absoluta actualidad. “Para el verdadero milenarista, el presente se convierte en una brecha por la cual lo que antes era interior, irrumpe de repente, se adueña del mundo exterior y lo transforma[5].

Desde este punto de vista, los movimiento campesinos del siglo XVI se diferencian de otros movimientos similares, ya que personas como Münster no estaban enfocados en el futuro, sino que en el aquí y ahora. En palabras de Mannheim:

El quiliasmo considera la revolución como un valor en sí, no como un medio inevitable para llegar a una meta racionalmente prevista, sino como el único principio creador del presente inmediato, como la anhelada realización de sus aspiraciones en este mundo[6].

 

 

[1] Karl Manheim, Ideología y Utopía, 171-172.

[2] Friedrich Engels, La Guerra de los Campesinos en Alemania (1850), Marxist Internet Archive, 2011 (documento en línea: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/guerracamp/02.htm)

[3] Ibid.

[4] Ibid.

[5] Karl Manheim, Ideología y Utopía, 188.

[6] Ibid., 191.