Mao Zedong, Georg Lukács y la dialéctica marxista (por Jan Doxrud)

Mao Zedong, Georg Lukács y la dialéctica marxista (por Jan Doxrud)

En la primera mitad del siglo XX, el líder de la China comunista, Mao Tse-Tung desarrolló una serie de ideas en su escrito “Sobre la contradicción” (1937). Tal escrito lo realizó dos añosdespués de la “larga marcha” y en el momento en que se desencadenaba la nueva guerra chino-japonesa. En este escrito, Mao afirmaba que la ley de la contradicción en las cosas, esto es, la ley de la unidad de los contrarios, era la ley más fundamental de la dialéctica materialista. Mao, siguiendo a Engels y Lenin, señala que a lo largo de la historia del conocimiento humano siempre habían existido dos concepciones acerca de las leyes del desarrollo del universo: la concepción metafísica y la concepción dialéctica, dos cosmovisiones antagónicas. Al igual que Engels, Mao lanza sus ataques contra el pensamiento metafísico:

La concepción metafísica del mundo, o concepción del mundo del evolucionismo vulgar, ve las cosas como aisladas, estáticas y unilaterales. Considera todas las cosas del universo, sus formas y sus especies, como eternamente aisladas unas de otras y eternamente inmutables. Si reconoce los cambios, los considera sólo como aumento o disminución cuantitativos o corno simple desplazamiento. Además, para ella, la causa de tal aumento, disminución o desplazamiento no está dentro de las cosas mismas, sino fuera de ellas, es decir, en el impulso de fuerzas externas. Los metafísicos sostienen que las diversas clases de cosas del mundo y sus características han permanecido iguales desde que comenzaron a existir, y que cualquier cambio posterior no ha sido más que un aumento o disminución cuantitativos. Consideran que las cosas de una determinada especie sólo pueden dar origen a cosas de la misma especie, y así indefinidamente, y jamás pueden transformarse en cosas de una especie distinta.

Continúa explicando Mao:

Según ellos, la explotación capitalista, la competencia capitalista, la ideología individualista de la sociedad capitalista, etc., pueden ser halladas igualmente en la sociedad esclavista de la antigüedad, y aun en la sociedad primitiva, y existirán sin cambio para siempre. En cuanto al desarrollo social, lo atribuyen a factores exteriores a la sociedad, tales como el medio geográfico y el clima. De manera simplista, tratan de encontrar las causas del desarrollo de las cosas fuera de ellas mismas, y rechazan la tesis de la dialéctica materialista según la cual el desarrollo de las cosas se debe a sus contradicciones internas. En consecuencia, no pueden explicar ni la diversidad cualitativa de las cosas, ni el fenómeno de la transformación de una calidad en otra. En Europa, este modo de pensar se manifestó como materialismo mecanicista en los siglos XVII y XVIII y como evolucionismo vulgar a fines del siglo XIX y comienzos del XX. En China, el modo metafísico de pensar expresado en el dicho «El cielo no cambia y el Tao tampoco», ha sido durante largo tiempo sostenido por la decadente clase dominante feudal. En cuanto al materialismo mecanicista y al evolucionismo vulgar, importados de Europa en los últimos cien años, son sostenidos por la burguesía[1].

Más adelante añade el mismo autor:

…la concepción dialéctica materialista del mundo sostiene que, a fin de comprender el desarrollo de una cosa, debemos estudiarla por dentro y en sus relaciones con otras cosas; dicho de otro modo, debemos considerar que el desarrollo de las cosas es un automovimiento, interno y necesario, y que, en su movimiento, cada cosa se encuentra en interconexión e interacción con las cosas que la rodean. La causa fundamental del desarrollo de las cosas no es externa sino interna; reside en su carácter contradictorio interno. Todas las cosas entrañan este carácter contradictorio; de ahí su movimiento, su desarrollo. El carácter contradictorio interno de una cosa es la causa fundamental de su desarrollo, en tanto que su interconexión y su interacción con otras cosas son causas secundarias. Así, pues, la dialéctica materialista refuta categóricamente la teoría metafísica de la causalidad externa o del impulso externo, teoría sostenida por el materialismo mecanicista y el evolucionismo vulgar[2].

Mao se tomó al pie de la letra la ley de la dialéctica y observó el mundo y todos los fenómenos que ocurrían en este a través de la óptica de la dialéctica. Se puede decir que su dictadura, sus políticas prácticas, estuvieron fuertemente marcadas por esta cosmovisión particular.

Para el intelectual marxista húngaro, Georg Lukács, la dialéctica constituía el método de investigación correcto ya que no era un sistema aislador como la “ciencia burguesa”, sino que subrayaba la concreta unidad del todo. Para este autor la dialéctica era verdaderamente el único método que permite reproducir y captar intelectualmente la realidad. En palabras de Lukács:

“El conocimiento de los hechos no es posible como conocimiento de la realidad más que en ese contexto que articula los hechos idividuales de la vida social en una totalidad como momentos del desarrollo social. Este conocimiento parte de las determinaciones sociales, inmediatas, puras, imples (en el mund capitalista), recién caracterizadas, para avanzar desde ellas hasta el conocimiento de la totalidad concreta como reproducción intelecrual de la realidad. Esta totalidad concreta no está en modo alguno inmediatamente dada al pensamiento”[3].

En relación a la última línea, Lukács recuerda las palabras de Marx en cuanto a que lo concreto es concreto porque es la concentración de muchas determinaciones, es decir, la unidad de lo múltiple. Por el contrario, para Lukács, las ciencias de la naturaleza reducen los fenómenos a su ser puramente cuantitativo, expresables con números y relaciones numéricas lo cual coincide con el capitalismo que produce los fenómenos de manera similar[4]. Para Lukács, el materialismo histórico es un método científico que permite entender los hechos del pasado con su verdadera naturaleza. Lukács escribió:

“…el materialismo histórico es por de pronto una teoría de la sociedad burguesa y de su estructura económica[5].

La función principal de esta ciencia es juzgar el orden social capitalista, en revelar lo que Lúkacs denomina la “esencia del orden social capitalista.” El materialismo histórico a diferencia de la ciencia burguesa, de acuerdo a Lúkacs, permite a la vez observar el presente desde el punto de vista histórico, es decir, científicamente, y descubrir en este no sólo los fenómenos de la superficie, sino también las fuerzas históricas motoras más profundas que actúan los acontecimientos en la realidad. Para el proletariado, señala el mismo autor, el materialismo histórico no es solamente un método de investigación científica, sino que es uno de sus instrumentos principales de lucha ya que muestra las verdaderas fuerzas motoras del acaecer histórico y la situación del proletariado. Así, el materialismo histórico debe “atravesar con los fríos rayos de la ciencia los velos puestos por la burguesía en todos los casos en que intentó disimular y encubrir la situación de lucha de clases, la situación real, aplicándole todo género de elementos ideológicos….”[6].

 Para Lúkacs, la historia de la ideología burguesa es la historia del resquebrajamiento “de esa fe en la misión salvadora de la transformación burgesa de la sociedad”[7]. A partir de Sismondi y su crítica al laissez faire, a la polarización entre asalariados y capitalistas, a la concentración de la riqueza y la sobreproducción y delas críticas sociales Thomas Carlyle, “la autocorrosión de la ideología burguesa presenta un desarrollo acelerado[8].

Volvemos a la idea planteada en el Manifiesto sobre el rol del proletariado como engendro de la burguesía (consulte los siguientes articulos). La burguesía había creado aquellos elementos que la llevarían a su propia destrucción y, de esta forma, “la última fase del capitalismo se manifiesta en general ideológicamente por métodos que desgarran los disfraces ideológicos…[9].

Lukács se mostraba optimista, en 1919 escribía sobre la descomposición objetiva de la sociedad capitalista, lo cual representaba una verdadera capitulación ante el materialismo histórico. Para Lukács el materialismo histórico era la ciencia por excelencia. Pero sabemos que esto no es así, sino que el marxismo es sólo un posible enfoque que puede adoptar, por ejemplo, un historiador de la sociedad o un sociólogo, pero el marxismo y sus categorías no son aplicables a todas las épocas de la humanidad, como por ejemplo el concepto de clase o ideología. Georges Duby señaló que la misión de él y otros historiadores era que, a la vez que reconocían el valor del análisis marxista en lo que concernía a la sociedad del siglo XIX, también querían sacar a Marx de lo intemporal, “de ese carácter perfectamente ahistórico y dogmático que se le ha querdio atribuir, y situarlo en la historia, lo más exactamene posible, para apreciar lo que su modo de reflexión podía aportarnos”[10].

Me parece que estas palabras dan en el núcleo del tema, que es sobre la atemporalidad de Marx su carácter ahistórico, así como la creencia de que sus ideas son capaces de mutar para adptarse a cualquier sociedad y dar explcación de todos los fenómenos. El marxismo se asimila al hegelianismo que parece querer dar respuesta a todos los problemas del mundo.

 

[1] Mao Tse-tung, Sobre la contradicción (1968), Marxist Internet Archive, 2001(documento en línea: https://www.marxists.org/espanol/mao/escritos/OC37s.html

[2] Ibid.

[3] Georg Lukács, Historia y consciencia de clase. Estudios de dialéctica marxista, 10.

[4] Ibid., 7.

[5] Ibid., 239.

[6] Ibid., 235.

[7] Ibid., 236.

[8] Ibid.

[9] Ibid., 236-237.

[10] Georges Duby, Diálogos sobre la historia. Conversaciones con Guy Lardreau, 107.