(II) Algunas palabras sobre el status científico de la Economía (por Jan Doxrud)

(II) Algunas palabras sobre el status científico de la Economía (por Jan Doxrud)

 Debemos preguntarnos si es realmente posible llegar a desarrollar una verdadera ciencia económica, esto es, una “economía positiva” de la que hablaba John Neville Keynes (1852-1949) y que Milton Friedman defendió fervientemente. ¿Acaso esta economía positiva sólo respondea un “deseo walrasiano” por parte de algunoseconomistas de igualar su disciplina a las demás ciencias físicas? ¿Habrán sólo algunos aspectos de la economía que son científicos? El filósofo de la ciencia, Mario Bunge, señala que la economía positiva supuestamente debería representar la realidad y no proporcionar una excusa para hacer matemáticas. Pero resulta que en “realidad” la economía positiva no representa la “realidad” tal como es, debido a que sus supuestos no son reales y sus modelos son simplificaciones de la realidad. Ahora bien, lo anterior no debe significar que el uso de modelos constituya un error ya que los modelos son por definición simplificaciones de la realidad.

Milton Friedman dedicó más de cuarenta páginas al tema de la metodología en su ensayo de 1953 (también conocido como “F53”). Fue un escrito breve pero que tuvo enormes consecuencias. En palabras de Uskali Mäki:

No cabe duda de que este breve escrito de cuarenta páginas llegó a ser el más citado, el más influyente y controversial ensayo sobre metodología de la economía del siglo veinte, siendo evidente tanto el vigor como la diversidad de su impacto y recepción[1].

Por su parte, Gert Wagner escribió:

F/53 es un artículo visionario: expresa en pocas páginas, escritas hace sesenta años, una manera de hacer economía que, contando con raíces profundas en el pasado, básicamente se continúa practicando en el presente. El mérito de nuestro autor es reflexionar con lucidez sobre esta práctica, logrando revelar el criterio completo de validación implícito en lo que la profesión estaba haciendo a mediados del siglo veinte, un camino por el cual continúa hoy día[2].

De acuerdo a Milton Friedman el último objetivo de una ciencia positiva es el desarrollo de una "teoría" o "hipótesis" que generen predicciones válidas y significativas sobre fenómenos todavía no observados. La teoría, explica Friedman, debe ser juzgada por su poder predictivo para la clase de fenómenos que intenta explicar, y es sólo la evidencia la que puede mostrar si es acertada y si debe ser "aceptada" como "válida" o debe ser "rechazada".  Por lo tanto tenemos que la única prueba decisiva de la validez de una hipótesis es la comparación de sus vaticinios con la experiencia. Friedman explica que las predicciones por las que la validez de una hipótesis se prueba no necesitan ser sobre fenómenos que no han ocurrido todavía, esto es, no necesitan ser previsiones de acontecimientos futuros. En palabras del economista norteamericano:

“…pueden ser sobre fenómenos que han ocurrido, bien por observaciones que no han sido todavía realizadas o son desconocidas de la persona que hace la predicción. Por ejemplo, una hipótesis puede implicar que tal y tal cosa debe haber sucedido en 1906, dadas otras circunstancias conocidas. Si un análisis de los documentos revela que tal y tal cosa sucedieron, la predicción se confirma; si revela que tal y tal cosa no sucedieron, la predicción queda desmentida[3].  

En cuanto a las evidencias explica Friedman:

La evidencia empírica es vital en dos aspectos diferentes, aunque íntimamente relacionados: para la elaboración de hipótesis y para la comprobación de su validez. Una evidencia completa y comprensiva de los fenómenos sobre los que ha de generalizar o «explicar« una hipótesis, además de su mero valor para sugerir nuevas hipótesis, es indispensable para afirmar que una hipótesis explica lo que pretende explicar, que sus deducciones sobre tales fenómenos no son desmentidos anticipadamente por la experiencia que ya ha sido observada[4].

Añade Friedman que cuanto más significativa es la teoría más irreal serán sus supuestos. La razón de esto lo explica en el siguiente párrafo:

Una hipótesis es importante si «explica« mucho con poco, o sea, si abstrae los elementos comunes y cruciales de la masa de circunstancias complejas y detalladas que rodean al fenómeno que va a explicarse y permite unas predicciones válidas. Por lo tanto, una hipótesis para ser importante debe poseer supuestos descriptivamente falsos, ya que no toma en cuenta la mayor parte de las circunstancias reales, puesto que su auténtico éxito reside en mostrar su irrelevancia para explicar el fenómeno de que se trata[5].

Este ensayo ha significado que Friedman sea considerado como adherente del instrumentalismo metodológico. Como explica Alan F. Chalmers:

El instrumentalismo, en su forma radical conlleva una clara distinción entre los conceptos aplicables a las situaciones observables y los conceptos teóricos. La finalidad de la ciencia es producir teorías que constituyan mecanismos o instrumentos convenientes para relacionar un conjunto de situaciones observables con otro[6].

Añade el físico a lo anterior:

“…las construcciones teóricas, que están destinadas a darnos un control instrumental del mundo observable, no serán juzgadas por su verdad o falsedad, sino más bien por su utilidad como instrumentos[7].

Uskali Mäki ha reinterpretado la obra de Friedman alejándose de la interpretación instrumentalista:

Here I show how F53 can be reread/rewritten as a socially constructivist fallibilist, and realist statement – in contrast to the received instrumentalist interpretation”[8].

El ensayo de Friedman fue recibido de diversas maneras por la academia, y Paul Samuelson fue uno de los principales opositores y críticos de la metodología de Friedman, específicamente la idea de que una teoría debía juzgarse porsus predicciones y no por la falta de “realismo” de la teoría o de sus supuestos. Ahora bien hay autores como Lawrence Boland y Mark Blaug que señalan que Samuelson malinterpretó a Friedman. Sobre la recepción de la obra de Friedman escribe Uskali Mäki:

Depending on the reader’s intellectual preferences and capacities, the experience of reading Milton Friedman’s 1953 essay on economic methodology (F53 for short) tends to be either one of relief and conviction or one of irritation and provocation – or perhaps some mixture of these feelings. Many practicing economists have found the message of the essay appealing and liberating, and its arguments convincing. Most specialists in economic methodology, and some practicing economists, have found F53 entirely defective, presenting a dangerously misguided doctrine of scientific theory and method. Both of these responses may be based on an incomplete understanding of the essay, or so I want to argue[9].

El economista Gert Wagner escribe lo siguiente sobre el tema de los supuestos en la obra de Friedman:

“…los supuestos no son reales o falsos y tampoco, como se insiste más adelante, obedecen a criterio valórico alguno; son instrumentos para poder avanzar en la generación de una hipotes productiva, sin perjuicio de que la confianza en el supuesto no será independiente de su rol y desempeño en investigaciones previas. El supuesto en esta perspectiva es un instrumento, parte de la caja de herramientas de que dispone el economista[10].

Herbert Simon también criticó los planteamientos de Friedman ya que, de acuerdo a este autor, las teorías científicas no tenían como propósito la predicción, sino la explicación de cosas, por lo que las predicciones serían pruebas de si aquellasexplicaciones eran correctas. Eric D. Beinhocker explica lo anterior de la siguiente manera. Uno podría proponer una teoría que explica que el cielo es azul “asumiendo” que existen unos gigantes que lo pintan todas las noches antes de que despertemos. Llevando al extremo la lógica de Friedman se podría decir que el supuesto de que existan o no gigantes es irrelevante en la medida en que la teoría realice predicciones correctas. En cambio Simon diría que para aceptar una teoría, se tendría que observar a los gigantes en acción y no solamente asumir que existen.

El problema en torno a los “supuestos” se puede resolver acudiendo a las dos reglas de oro que menciona Beinhocker. En primer lugar, los supuestos deben ser apropiados para el propósito del modelo y, en segundo lugar, estos supuestos no deben afectar la respuesta que el modelo provee para ese propósito. Sucede que los economistas realizan arbitrariamente suposiciones como la racionalidad perfecta o subastadores divinos (como el de Walras) con el sólo propósito de que su matemática del equilibrio funcione. Economistas y psicólogos como Herbert Simon, Amos Tversky, Daniel Kahneman y Vernon L. Smith, han puesto en duda muchos de los postulados de la economía ortodoxa. Pero incluso si supiéramos como operan los gigantes, tal conocimiento no nos garantizaría poder realizar predicciones precisas. Como explica Beinhocker, los meteorólogos y climatólogos nos pueden explicar en detalles la temperatura, la presión atmosférica, las ciclones y anticiclones, pero tal conocimiento no les permiten hacer predicciones exactas. La atmósfera, como la economía, son fenómenos complejos y dinámicos que no tienden al equilibrio yse resisten aser reducidos a ecuaciones.

[1] Rolf Lüders y Patricio Rosende, ed., Milton Friedman. La vigencia de de su pensamiento. Metodología, Teoría y Política económica (Chile: Ediciones UC, 2015), 39-40.

[2] Ibid., 41.

[3] Milton Friedman, La metodología de la economía positiva, 361-362.

[4] Ibid.,  365

[5] Ibid.,368

[6] Alan F. Chalmers, ¿Qué esa cosa llamada ciencia? (Madrid: Siglo XXI editores, 2010), 205.

[7] Ibid., 204.

[8] Uskali Mäki, Unrealistic assumptions and unnecessary confusions: Rerading and rewritting F53 as a realist statement (documento en línea: http://www.helsinki.fi/tint/publications/maki,%20Unrealistic%20assumptions%20and%20unnecessary%20confusions.pdf), 1.

[9] Ibid., 2.

[10] Rolf Lüders y Patricio Rosende, op. cit., 61.