(I) Algunas palabras sobre el status científico de la Economía (por Jan Doxrud)

(I) Algunas palabras sobre el status científico de la Economía (por Jan Doxrud)

¿Qué  es la economía? ¿Una  ciencia  social? ¿Una “disciplina”? ¿Una  ciencia “dura”? ¿Es acaso una ciencia   social  pero  la  más  “exacta” de estas? ¿Puede la economía formular leyes? Pareciera que la discusión  se  mueve  entre  estos  dos  polos (para complementar  este  escrito  puede consultar mi artículos  sobre  ciencias  y  pseudociencia y la temática de la racionalidad). Tenemos en un polo a economistas   con   una   fuerte   “pasión”   por  las  matemáticas  pero  que  son  ignorantes en temas como la historia o sociología, ya  que serían innecesarias. En  el peor  de  los  casos, estos economistas  piensan  que  la  historia  económica no  tiene ninguna utilidad, de manera que en los manuales y papers técnicos está todo lo que hay que saber sobre el tema. En el otro polo tenemos a quienes  parecen  querer  una  economía  purgada  de cualquier ecuación. En otras palabras, para estas  personas  la  economía involucra a seres humanos y no átomos, y los seres humanos no pueden ser reducidos a ecuaciones, funciones o gráficos. Esto es lo que el filósofo de la ciencia, Mario Bunge, denomina como “objeción romántica”. Tenemos por un lado a Carl Menger, quien escribió en sus “Principios de Economía”:

Los esfuerzos hasta ahora emprendidos para trasladar acríticamente las peculiaridades del método de las ciencias  naturales  a  la  investigación  d e las teorías de la economía política han desembocado en graves errores metodológicos y han creado un espacio vacío en el que sólo existen analogías extrínsecas entre los fenómenos de la economía y los de la naturaleza[1].

Por otro lado, tenemos a un contemporáneo de Menger, el economista León Walras, quien escribió:

“…es cierto que la mecánica pura debe preceder a la mecánica aplicada. De igual forma, existe una economía política pura que debe preceder a la economía política aplicada, y la primera es una ciencia semejante a las ciencias físico-matemáticas en todos sus aspectos”[2].

Eric D. Beinhocker cita la siguiente anécdota entre Walras y el matemático francés Henri Poincaré:

In 1901,  Henri  Poincaré, the  legendary  French  mathematician, sent  a  copy  of his Elements of Pure Economics, asking him for his opinión. Poincaré replied, «A priori, I am not hostile to the application of mathematics  to  the  economic  science, as long as one does not  go  beyond certain limits». In a follow-up letter, the  mathematician  made  clear  what  those  limits  were by noting that Walras’s theory contained a Lumber  of «arbitrary  functions» (referring to Walras’s use  of  assumptions)..., Poincaré was particularly concerned about Walras’s assumption of the unlimited foresight of economic actors. As Poincaré put it, «you regard men as infinitely selfish and infinitely farsighted. The first hiphotesis may perhaps be admitted in a first approximation, the second may call for some reservatio»”[3].

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Ludwig von Mises distinguía entre los “economistas lógicos” y “economistas matemáticos”. Tal diferenciación no era algo meramente anecdótico ya que ponía de relieve diferencias metodológicas, esto es, cuál era la metodología más apropiada para el estudio de la economía. Para Mises lo anterior constituía   una   controversia   que   guardaba   relación   con  el fundamento mismo de la economía política. Para  el  economista  austriaco, la   economía  matemática era estéril, un sistema vicioso que  partía  de  falsos  supuestos  y  que  llegaba  a  conclusiones erradas. El principal defecto de la  economía  matemática no era solamente el hecho de que ignoraba el cambio, el desequilibrio y el tiempo, sino que  era su total desconocimiento del funcionamiento del sistema de mercado, mientras que la economía lógica es esencialmente una teoría que examina los procesos y mutaciones. 

Más recientemente tenemos a Nassim Nicholas Taleb que, en su estilo habitual, no deja de atacar en sus libros a los economistas matemáticos. Por ejemplo escribe en uno de sus libros:

“¿Qué ha salido mal en el desarrollo  de  la economía como ciencia? Respuesta: había un grupo de personas inteligentes  que  se  sintieron  obligadas  a  utilizar las matemáticas para poderse decir que estaban siendo rigurosos  en  su  forma de pensar, que lo suyo era una ciencia. Alguien con mucha prisa decidió introducir las  técnicas  de  modelación  matemática (acusados: León Walras, Gerard Debreu y Paul Samuelson) sin tener  en cuenta  el  hecho  de  que, o bien  el  tipo  de  matemáticas que estaban utilizando era demasiado restrictivo para el tipo de problemas  que  estaban intentando resolver, o que, tal vez, debían ser conscientes del  hecho  de  que  la  precisión  del  lenguaje  de las matemáticas podría hacer creer a la gente que tenían soluciones,  cuando,  de   hecho, no   tenían   ninguna……En  efecto, las  matemáticas  que  utilizaron no funcionaban en el mundo real, posiblemente porque necesitaban tipos de procesos más ricos, y se negaban a aceptar el hecho de que, probablemente, fuese mejor no utilizar las matemáticas en absoluto[4].

En otros de sus libros escribe Taleb:

Lamentablemente, eran Samuelson y la mayoría de sus seguidores quienes no sabían matemáticas, o no sabían como utilizar las que pudieran saber, cómo aplicarlas a la realidad. Sólo sabían las matemáticas suficientes para que los cegaran[5].

Por otro lado, Milton Friedman escribió lo siguiente en “La metodología de la economía positiva”:

“…la  economía  positiva  es  o  puede ser  una  ciencia «objetiva», precisamente  en el mismo sentido que cualquiera de las ciencias físicas. Desde luego, del hecho de que la economía trate de las relaciones mutuas entre  los  seres  humanos y  de  que  el investigador sea a su vez parte del asunto a investigar en un sentido mucho más íntimo que en las ciencias físicas, surgen dificultades especiales al pretender lograr objetividad, al mismo  tiempo  que  proporciona  al  investigador  de  lo  social  una serie de datos que no son accesibles al físico. Pero ni lo uno ni lo otro es, en mi opinión, una distinción  fundamental  entre  los  do s grupos de ciencias[6].

El economista Gregory Mankiw escribe en su manual:

Los  economistas   tratan   de  abordar   su   sujeto  de  estudio  con  objetividad  científica. Esta  manera de afrontar el conocimiento es la misma que utilizan los fisicos cuando abordan el estudio de la materia, o los biólogos cuando abordan el estudio de la vida. Lo que hacen es agrupar diferentes teorías, recabar datos y analizarlos tratando de verificarlos o refutarlos. En una primera instancia puede resultar raro considerar a   la   economía   como  una   ciencia, después   de   todo   lo  s economistas no trabajan en laboratorios ni con  telescopios. Sin  embargo, la   esencia de  la  ciencia  radica  en  el   método  científico, el cual consiste en  el  desarrollo  objetivo y la comprobación de teorías acerca de cómo funciona el mundo. Este método de investigación puede aplicarse tanto al estudio de la economía como a estudiar la fuerza de la gravedad de la Tierra, o a la evolución de las especies[7].

Por su parte, Jean Tirole (Premio Nobel 2014), señala que la economía es una ciencia en el sentido de que las hipótesis se explicitan claramente haciéndolas de esa manera vulnerables a la crítica. Añade Tirole que las conclusiones  y su ámbito de validez  se obtienen mediante un razonamiento lógico, de acuerdo  al  método  deductivo. Ahora bien, Tirole agrega que la economía NO es una ciencia exacta en el sentido de que sus predicciones no tienen la precisión de, por ejemplo, la mecánica celeste. Por último, Tirole   explica   que, como   sucede   con   la   mayor   parte   de   las   disciplinas científicas, la investigación   en   economía   exige   combinar  lo  teórico con lo empírico. La teoría proporciona un  marco de pensamiento o, en otras palabras, constituyen una pauta de interpretación de los datos. A su vez, señala Tirole, en economía, la teoría se nutre de lo empírico. En suma, la teoría propone y la   realidad   dispone. En   lo   que   respecta   a   las matemáticas, Tirole  señala  que, efectivamente, la   economía   es   la   que  más hace uso de esta herramienta en comparación con la ciencia política, derecho,  sociología, antropología   o   la  historia. Esta  matematización  de  la  economía, explica  el mismo autor, es un fenómeno relativamente reciente y se remonta, como ya señalamos, al siglo  XIX. Autores relevantes en este proceso fuero  Antoine-Agustin Cournot, Jules Dupuit y Joseph  Bertand, León  Walras, Wilfredo  Pareto, Francis  Edgeworth, William  Stanley   Jevons y, más  recientemente, Paul   Samuelson, Kenneth Arrow  y  Gerard   Debreu. Las matemáticas en economía, explica Tirole, intervienen en dos niveles: la modelización teórica (representaciones simplificadas de la realidad) y la validación   empírica. Sin   embargo, Tirole   señala   que   la   matematización  de  la economía tiene costes, como el que la economía se transforme en una disciplina extremadamente abstracta y que las matemáticas se transformen en un fin en sí mismo y el consiguiente afán de esteticismo por parte de la comunidad de investigadores

Robert  Shiller  señala  que  no  toda  las matemáticas en economía son “charlatanería” como lo piensa  Taleb. Afirma  que  existe un lado cuantitativo en economía del cual no se puede escapar. El filósofo de la ciencia, Mario  Bunge escribe al respecto:

En cuanto a la mensurabilidad, al par que algunas propiedades de un sistema económico son en efecto cualitativas – o en todo caso aún no han sido cuantificadas – la mayoría son cuantitativas. (Más aún, la economía política podría definirse como la ciencia social que se ocupa de las propiedades cuantitativas de los sistemas económicos, tales como números de personas empleadas o desocupadas, cantidades de bienes producidos, intercambiados o consumidos, etc[8].

El reto, de acuerdo a Shiller, es el de saber combinar aquellos conocimientos matemáticos con el   tipo   de  ajustes  que  sean  necesarios  para  que  los  modelos  puedan  ajustarse a la a una economía en donde interactúan seres humanos. Por lo tanto, este escrito no constituye una crítica y un rechazo “total” al uso de las matemáticas en economía. Más bien se trata de buscar los límites de  las  matemáticas dentro de  una disciplina en donde interactúan miles de millones de personas.

Por lo tanto, pienso que el dilema no es si debe o no aplicar las matemáticas en economía, sino que, más bien, la pregunta debe ser ¿matemáticas para qué? Es decir, ¿matemáticas para derivar y  expresar  teorías  económicas? ¿Para  poner  a  prueba  cuantitativamente  hipótesis  o  teorías económicas?   ¿Para predecir  el   comportamiento   humano? ¿Para  calcular  la  satisfacción  de  las  personas? Tenemos, al parecer, que  la  economía continúa estando en una suerte de limbo, claro que   este   no  es  el limbo de la teología, un espacio entre los vivos y los muertos, sino que un limbo académico,  un  espacio  entre  las  ciencias  sociales y las ciencias duras. Robert Schiller se pregunta por   qué   existe  un  Premio Nobel  “in economic s cience”  y  no  “in  economics”. En  cambio, el Premio Nobel de “Química” o “Medicina” no llevan adherido el término “ciencia” (es decir, Nobel Prize in Chemistry, no “chemical science” y Nobel Prize in Physiology, y no en “Physical science) En cambio, en castellano este problema no se da ya que el Premio Nobel es de “economía” y no “economic science” (ciencia económica).

Fin parte 1

[1] Carl Menger, op. cit., 100-101.

[2] León Walras, Elementos de economía política pura (o Teoría de riqueza social) (España: Alianza Editorial, 1987), 162.

[3] Eric. D. Beinhocker, The origin of wealth. Evolution, complexity, and radical remaking of economics (USA: Harvard Business School Press , 2006), 49.

[4] Nassim Nicholas Taleb, ¿Existe la suerte?: Las trampas del azar(Argentina: Editorial Paidós SAICF, 2013), 224.

[5] Nassim Nicholas Taleb, El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable(Argentina: Editorial Paidós SAICF, 2009),, 265.

[6] Milton Friedman, La metodología de la economía positiva (documento en línea: http://microeconomia.org/guillermopereyra/wp-content/uploads/RECP_021_033.pdf), 357.

[7] N. Gregory Mankiw, Principio de Economía (México: Cengage Learning Editores, 2009), 22.

[8] Mario Bunge, Economía y Filosofía (Madrid: Tecnos, 1985), 54.