El Libro Negro del Comunismo (V): el camino hacia el abismo o el comunismo como praxis (por Jan Doxrud)

El Libro Negro del Comunismo (V): el camino hacia el abismo o el comunismo como praxis (por Jan Doxrud)

Regresemos al “Libro Negro del Comunismo”. Courtois sitúa el comunismo dentro del siglo XX, el siglo de las grandes catástrofes: Primera Guerra Mundial, Segunda Guerra Mundial, Guerra Fría, genocidio nacionalsocialista, genocidios en África, genocidio armenio y el ascenso de ideologías totalitarias como el fascismo, nazismo y el comunismo. De acuerdo al historiador francés, el comunismo constituye uno de los momentos más intensos y significativos del siglo XX, un fenómeno trascendental que comenzó antes que el fascismo y el nazismo y que, a diferencia de estas dos ideológicas, logró tras su colapso en 1991 sobrevivir y ser aún una opción política y social para muchos. El autor también explica que existe, en primer lugar, el comunismocomo doctrina que es antiquísima, cuya genealogíaa puede trazarse hasta Platón, pasando por Moro hasta los socialistas utópicos que gobernaron hasta 1991. Pero lo que interesa es el comunismo como práctica, no el ideal comunista sino que la práctica del comunismo real.

De acuerdo a Courtois, un rasgo común a todos las prácticas comunistas fue la de haber hecho del crimen en masa un verdadero sistema de gobierno. ¿Cuáles son aquellos crímenes que se abordan en “Libro Negro”. Courtois se remonta a los juicios en Nüremberg donde se juzgaron a los genocidas nacionalsocialistas y en donde los juristas tuvieron que enfrentarse a un nuevo tipo de crimen. Fue a raíz de la shoah y el exterminio de los gitanos que surgió la necesidad de contar con un neologismo que representara la cualidad de estos nuevos tipos de crímenes, de ahí surgió el concepto de “genocidio”, acuñado por el jurista polaco Raphael Lemkin (1900-1959). En el tribunal, y teniendo en cuenta la naturaleza de los crímenes de los nacionalsocialistas, se establecieron tres crímenes mayores, que también fueron efectuados por los regímenes comunistas (pero que ahora se encontraban en el banquillo de los acusadores): crímenes contra la paz, crímenes contra la guerra y crímenes contra la Humanidad. Por ejemplo, en relación al primero, Courtois menciona el pacto entre Hitler y Stalin en 1939.

Los crímenes contra la paz aparecen definidos en el artículo 6a que se refieren a la “la dirección, la preparación, el desencadenamiento o la realización de una guerra de agresión, o de una guerra en que se violen tratados, pactos o acuerdos internacionales, o la participación en un plan concertado o en una conspiración para la realización de uno cualquiera de los actos precedentes”. Stalin, señala Courtois, cometió sin duda este tipo de crimen aunque fuese al negociar en secreto con Hitler. Como explica John Lukacs, fue Stalin y Molotov quienes redactaron el texto del acuerdo y quienes tuvieron la idea de establecer “esferas de influencia”. Mediante este tratado, Stalin se apoderó la parte oriental de Polonia, asesinando en 1940 a miles de polacos, así como altos mandos e intelectuales. Stalin y el comunismo soviético por mucho tiempo hizo creer que la matanza de más de 20.000 polacos en Katyn había sido perpetrada por Hitler. Stalin también invadió los estados bálticos de Estonia, Letonia y Lituania, invadió Finlandia e invadió Bukovina del norte y Besarabia. También estableció con Stalin un acuerdo comercial donde se llevaron a cabo intercambios de bienescomo armamento y materias primas. Courtois afirma que el tratado del 23 de agosto, al liberar a Alemania del peligro de una guerra en dos frentes, provocó en forma directa el desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial. Veamos ahora la definición “crímenes de guerra” descritos en el artículo 6b:

violaciones de las leyes o usos de la guerra. En dichas violaciones se incluye el asesinato, los malos tratos o la deportación para realizar trabajos forzados o para otros objetivos en relación con la población civil de un territorio ocupado o en dicho territorio, el asesinato o malos tratos a prisioneros de guerra o a personas en alta mar, el asesinato de rehenes, el robo de bienes públicos o privados, la destrucción sin sentido de ciudades o pueblos, o la devastación no justificada por la necesidad militar, sin quedar las mismas limitadas a estos crímenes”.

Cada uno de estos fueron llevados a cabo por los regímenes comunistas: el asesinato de los marinos de Kronstadt en Rusia, la matanza de Katyn, el Gulag en la Rusia comunista, malos tratos a los prisioneros, la Orden 227 de Stalin, violaciones masivas a mujeres alemanas hacia el final de la guerra, etc. En cuanto a los crímenes contra la humanidad tenemos el artículo 6c:

“…el asesinato, la exterminación, esclavización, deportación y otros actos inhumanos cometidos contra población civil antes de la guerra o durante la misma; la persecución por motivos políticos, raciales o religiosos en ejecución de aquellos crímenes que sean competencia del Tribunal o en relación con los mismos, constituyan o no una vulneración de la legislación interna de país donde se perpetraron. Aquellos que lideren, organicen, inciten a la formulación de un plan común o conspiración para la ejecución de los delitos anteriormente mencionados, así como los cómplices que participen en dicha formulación o ejecución, serán responsables de todos los actos realizados por las personas que sea en ejecución de dicho plan”.

Este es un tema complejo, ya que uno de los crímenes específicos a los que se hizo especial alusión fue el genocidio. Después de los juicio de Nüremberg, esta noción de “genocidio” fue definido por una convención de las Naciones Unidas el 9 de diciembre de 1948. En el artículo II se puede leer

“…se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal:

a)    Matanza de miembros del grupo;

b)   Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;

c)    Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;

d)    Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo;

e)    Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.”

Paco Nazi-Soviétic: Stalin, dictador de la URSS estrechando la mano del Ministro de Asuntos Exteriores Nazi, Joachim von Ribbentrop (condenado a muerte en los juicios en Nuremberg)

Paco Nazi-Soviétic: Stalin, dictador de la URSS estrechando la mano del Ministro de Asuntos Exteriores Nazi, Joachim von Ribbentrop (condenado a muerte en los juicios en Nuremberg)

El artículo III añade que serán castigados los actos de genocidio propiamente tal, pero también la asociación para cometer genocidio y la instigación directa y pública a cometer genocidio. Courtois cita también el Código penal francés que proporciona una definición más amplia de genocidio:

El hecho, en ejecución de un plan concertado que tiende a la destrucción total o parcial de un grupo nacional, étnico, racial o religioso, o de un grupo determinado a partir de cualquier otro criterio arbitrario”[1].

Courtois se enfoca en la última parte de la definición, esto es, acerca de qué entendemos por “un grupo determinado”. Lenin, Stalin, Mao y Pol Pot claramente establecieron criterios arbitrarios a la hora de rotular a los distintos grupos (clases) sociales dentro de sus respectivos países. Para estos personajes la categoría social que denominaron como “burguesía”, “kulak” o “terrateniente”, debían ser exterminados. Pero el exterminio no se limitó a aquella parte de la población clasificada como burgués. Lenin práctico el exterminio xenófobo cuando implementó la política de “descosaquización”, que se prolongó hasta Stalin, donde los cosacos de regiones como la de Kuban o Rostov del Don fueron exterminados. También bajo Lenin se llevó a cabo la masacre en la zona de Astracán, un enclave en la desembocadura del Volga donde estaban situados miles de obreros que se opusieron a los bolcheviques. Tampoco debemos olvidar las deportaciones ordenadas por Stalin del pueblo checheno, así como ingusetios y daguestaníes, muchos de los cuales murieron en el viaje y otros en Siberia. Otro pueblo que fue víctima la represión comunista fueron los calmucos, que habitaban la estepa al sur de Stalingrado. Los judíos corrieron igual suerte con Stalin, ya que el líder soviético no sentía simpatía por esta etnia. Por último podemos mencionar lo que los ucranianos conocen como “Holodomor”, que fue el genocidio ucraniano por parte del régimen de Stalin por medio de una hambruna generalizada que tuvo como resultado millones de muertos. Sobre este tema escribe Courtois:

Así, los mecanismos de segregación y exclusión del «totalitarismo de clase» se asemejan singularmente a los del «totalitarismo» de raza. La sociedad nazi futura debía ser construida alrededor de la «raza pura», la sociedad comunista futura alrededor de un pueblo proletario purificado de toda escoria burguesa[2].

La gran mentira del comunismo: la matanza de Katyn había sido llevada a cabo por los nazis

La gran mentira del comunismo: la matanza de Katyn había sido llevada a cabo por los nazis

Resulta entonces que el comunismo no solamente es criminal, sino que también genocida, lo que encendió aún más el tono del debate ya que el comunista podía aceptar asesinatos en masa pero no bajo el rótulo de genocidio, vale decir,  es como escuchar lo siguiente: “si, se asesinaron a millones de personas, pero por favor, seamos rigurosos con el lenguaje y no nos acuse de genocidio”. Era difícil aceptarla idea de que el comunismo pusiera fin al “monopolio genocida” de la edad moderna que mantuvieron por años nacionalsocialistas hitlerianos. De acuerdo a los estudios realizados por los autores del Libro Negro, la represión y las matanzas sistemáticas de los regímenes comunistas no fueron simples acontecimientos aislados, sino que fueron prácticas constantes, eran parte de la política de estado de estas dictaduras. Courtois explica que la reflexión sobre el tema de la “violencia revolucionaria” estuvo dominada, a lo largo del siglo XIX, por la experiencia inaugural de la Revolución francesa que, entre los años 1793 y 1794, fue testigo de los episodios más violentos, como por ejemplo las matanzas de septiembre (1792) que fueron una serie de juicios y ejecuciones sumarias donde murieron miles de personas, el establecimiento de comités de vigilancia, el uso de la guillotina bajo la que murieron, de acuerdo a Courtois, alrededor de 16.000 personas. Por último tenemos la matanza de campesinos en la Vendée que fue considerada como un genocidio por varios historiadores franceses como por ejemplo, Reynald Secher, Pierre Chaunu y Courtois. La polémica obra de Reynald Secher enumera los distintos medios que utilizó el Comité de Salud Pública durante la revolución francesa: curtiduría de piel humana, piel que fue utilizada para confeccionar prendas, lo mismo que la grasa humana que habría sido utilizada para hacer jabón.

Lenin comparó el asunto de los cosacos con los sucesos acontecidos en la Vendée. Los historiadores franceses, como explica Furet, establecieron analogías entre la revolución de 1789 y la de octubre de 1917, pero estos fueron guiados más bien por una suerte de obsesión que tenían por la tradición revolucionaria nacional y no se percataron de que la revolución que se desarrollaba en Rusia era en realidad algo novedoso. Así, por ejemplo, tenemos que ambas revoluciones fueron realizadas por una minoría. En el caso de Francia destacaron personajes como Robespierre, Marat, Danton, Desmoulins, y en el caso de Rusia,  Lenin, Trotsky, Stalin. En ambas hubo purgas que incluyó a los mismos cabecillas de la revolución como Desmoulins o Danton, en el caso de Francia, y Zinoniev, Kámenev o Bujarin en el caso de Rusia. Ambas sufrieron guerras civiles así como intervenciones de potencias extranjeras que tuvieron como consecuencia la radicalización de las posturas de los revolucionarios. También se establecían comparaciones entre los jacobinos y girondinos, cono los bolchevique y mencheviques.

Fin parte 4

[1] Stéphane Courtois, ed., El libro negro del comunismo, 22.

[2] Ibid., 31.