Ideología y sospecha: el estructuralismo (por Jan Doxrud)

Ideología y sospecha: el estructuralismo (por Jan Doxrud)

Mao Tse-tung en el siglo XX afirmaba “Desechar las ilusiones, prepararse para la lucha” (1949):

Las clases luchan, una clases salen victoriosas, otras quedan eliminadas. Así es la historia, así es la historia de la civilización de los últimos milenios. Interpretar la historia desde este punto de vista es materialismo histórico; sostener el punto de vista opuesto es idealismo histórico[1].

El dictador chino también afirmaba en “Sobre la práctica” (1937):

sociedad de clases, cada persona existe como miembro de determinada clase, y todas las ideas, sin excepción, llevan su sello de clase”. De acuerdo a Mao y los maoístas, tanto el trabajador como el campesino son meras representaciones colectivas.

Siguiendo con Ricoeur, tenemos en cuarto lugar un aspecto relacionado con la metodología y es que la historia es interpretada de acuerdo a la base real, por lo que los historiadores preocupados por la historia política o por luchas religiosas, sólo se estaban enfocando en las capas superficiales de la historia, sin ir al núcleo central: la infraestructura. Esta interpretación de la historia, su negación del individuo, su énfasis en lo colectivo y el rol de la ideología han resultado ser nefastas para aquellas sociedades que fueron lideradas por personajes que abrazaron tal cosmovisión en distintos grados. Como señalé anteriormente, un representante del estructuralismo fue Althusser. No es fácil criticar a Althusser, no por la solidez de sus argumentos, sino que por el estilo confuso y obscuro con que el autor presenta sus ideas (que podrían ser explicadas de manera más clara prescindiendo de la jerga filosófica francesa de la época). Pero hay que entender que Althusser vivió en una época en que en Francia la oscuridad y la falta de claridad eran consideradas símbolo de profundidad filosófica. Basta decir de entrada que su filosofía es errónea e incluso peligrosa, debido a lo anteriormente señalado: el individuo, prácticamente es eliminado o, al menos, carece de relevancia en la historia, ya que esta última sería un proceso que carece de sujeto y cuyo principio motor son las fuerzas productivas. Ahora bien, cabe precisar que el estructuralismo no es algo original de Althusser. Como explica François Dosse, el estructuralismo vino a constituir una salida para la crisis del marxismo en 1956 tras la muerte de Stalin (1953) y las posteriores denuncias de los jerarcas soviéticos sobre los abusos que había cometido el zar georgiano. Es el estructuralismo el que toma el relevo y la intelligentsia francesa comienza a enfocarse en aquello que “resiste al cambio, lo que no permite triunfar al voluntarismo político. La sensibilidad colectiva da preferencia a las invariantes, las inmovilidades[2]”. Continúa explicando Dosse que la inteligentsia francesa no basó su reflexión en la adhesión a valores tales como la responsabilidad, la autonomía y la libertad, ya quelo que pasó a un primer plano fue la primacía de la totalidad sobre los sujetos.

Otro aspecto que destaca Dosse es la decepción que hubo con respecto a la filosofía especulativa y la historia, “cuyo ciclo creador parece concluir con el agotamiento del hegeliano-marxismo[3]. Un personaje que se convirtió en una verdadera estrella intelectual fue el antropólogo Claude Lévi-Strauss (1908-2009). El antropólogo sintetiza a la perfección el ambiente intelectual que se respiraba cuando afirmaba:

“No sé qué es la sociedad humana. Me ocupo de ciertas formas permanentes y universales de las sociedades humanas…”[4].

Tenemos pues que el sujeto queda completamente eliminado de la antropología de Lévi-Strauss. Pero esto no se circunscribió solamente al ámbito antropológico, sino que también se extendió a otras disciplinas pertenecientes a las ciencias sociales. Podemos citar el emblemático caso de Fernand Braudel (1902-1985) y su célebre obra sobre el Mediterráneo (aunque cabe aclarar queBraudel no ignora el papel de los individuos en la historia). Braudel explica que su obra se compone de tres partes. La primera es la que trata de

una historia casi inmóvil, la historia del hombre en sus relaciones con el medio que le rodea; historia lenta en fluir y en transformarse, hecha no pocas veces de insistentes reiteraciones y de ciclos incesantemente reiniciados[5].

Más adelante continúa Braudel:

Por encima de esta historia inmóvil se alza una historia de ritmo lento: la historia estructural…que nosotros llamaríamos de buena gana…una historia social”[6]. En palabras de Dosse: “La moda de las estructuras acentúa esta inflexión del discurso del historiador, este desvío de la atención que tenía tendencia a valorar los cambios y que se orienta ahora hacia las inmóviles playas del tiempo[7].

Regresemos a Althusser quien se encontraba inserto dentro este clima intelectual. El pensador francés, señala Dosse, aparecía como el salvador supremo del marxismo, pero no sin pagar un precio. Althusser, “se apoya en el estructuralismo y presenta al marxismo como el único capaz de realizar la síntesis global del saber e instalarse en el centro de paradigma estructural[8]. El precio a pagarera el separar el marxismo de la praxis, de la dialética hegeliana así como la superación la “vulgata estalinista” que se fundamentaba en un economicismo mecánico. Althusser toma distancia del sistema de causalidad presente en la vulgata estalinista, vale decir, la explicación monocausal del “reflejo” donde todo debía derivar de lo económico, por lo que las superestructuras eran concebidas “como simples traducciones del sustrato estructural”. Al respecto escribió Dosse:

Romper con esta trayectoria puramente mecánica tenía la doble ventaja de complicar el sistema de causalidad sustituyendo la relación causal simple de efecto por una causalidad estructural en la que es la propia estructura la que designa el predominio[9].

Esto significó paraAlthusser ser considerado un marxista herético, indigno de integrar las filas del Partido Comunista de Francia. Las dos obras principales que generaron un gran debate fue “La revolución teórica de Marx” (1965) y “Para leer El capital” (1967). Ambas obras representan un esfuerzo de regresar a Marx, de volver a leerlo prescindiendo de los comentarios y exégesis que sólo constituían un obstáculo para comprender al “verdadero” Marx. Lo que nos interesa en este capítulo es el tema del estructuralismo. Tenemos que, Althusser reemplaza la vulgata estalinista y su teoría del reflejo por una “totalidad estructurada en la cual el sentido está en función de la posición de cada una de las instancias del modo de producción. Así Althusser reconoce una eficacia propia a la superestructura, que puede encontrarse en algunos casos en una relación de autonomía relativa respecto a la infraestructura”[10]. Esta sería un astuta manera de exculpar los crímenes comunistas, ya que la represión de los regímenes comunistas no se explicarían por la estructura económica, sino que por la superestructura ya que esta poseía una autonomía relativa que le permitía seguir un curso propio. De esta manera, tenemos que no era el sistema el que había fracasado sino que había sido la burocracia la que había infectado el sistema. La causalidad que reconoce Althusser es entonces una causalidad estructural, que reemplaza a la causalidad simplista. Como explica Dosse, las estructuras son causas profundas que no son lo bastante sólidas para actuar ya que, al ser estructuras, no son más que puras relaciones. Los fenómenos observables, por otra parte, son efectos de superficie. 

Althusser se transformó en un verdadero sacerdote académico y no un mero académico. Althusser cae en esa falacia, que podemos denominar “del ojo de la providencia”, el creer que tiene una suerte de visión privilegiada del mundo y de los fenómenos que ocurren en él. Esta clase de personas, una suerte de iluminados redentores, creen haber trascendido lo que en el hinduismo denomina “maya”, ilusión o engaño, en este caso, los iluminados de izquierda han podido ver más allá de las capas ideológicas que operan dentro de una sociedad de manera sutil y su misión consiste en mostrar aquella farsa ideológica al resto del rebaño humano que la acepta acríticamente. Althusser habla y denuncia ideologías como si él mismo no estuviese bajo el hechizo de una y bajo el poder de los aparatos ideológicos del Estado. Es por eso que esta clase de filosofías suelen seducir a sus lectores, ya que creen acceder a verdades ocultas que al maestro le han sido reveladas. No es de extrañar que esta clase de autores se transformen en verdaderos gurús y que sus estudiantes se transformen en fieles discípulos intolerantes ante cualquier crítica. Marta Harnecker señala en una entrevista sobre la importancia que tuvo Althusser para ella:

A mi entender Althusser ha hecho un aporte fundamental en el campo teórico: me permitió redescubrir el marxismo. En un momento en que muchos intelectuales europeos consideraban superado el aporte teórico de Marx, Althusser nos revela que Marx no sólo es un científico más, un pensador social más, sino que a través de sus planteamientos ha provocado una verdadera revolución teórica que el propio Marx y sus seguidores no parecen haber comprendido en toda su profundidad. Él nos enseña no sólo que Marx no ha sido superado sino que, por el contrario, que en su obra existe un enorme potencial teórico que todavía no ha sido explotado…”[11].

Más adelante continua la autora:

Yo debo mi desarrollo teórico fundamentalmente a Althusser. Él me hizo ver el inmenso potencial instrumental que tenía el marxismo para resolver los problemas sociales que me inquietaban. Lo primero que logró fue romper en mí el fantasma del determinismo mecanicista del marxismo. Como católica militante entonces, mi preocupación central era el problema de la libertad del hombre. Su defensa de la dialéctica marxista como un fenómeno antimecanicista, donde la contradicción simple entre las fuerzas productivas y relaciones de producción nada explica si se es incapaz de ver cómo ella está sobredeterminada por otras múltiples contradicciones, me permitió entender que no era contradictorio afirmar a la vez que la sociedad determina el quehacer de las personas, pero que éstas, a su vez, desempeñan un papel en la historia. Ninguna crisis del capitalismo conducirá a su extinción si no existe un sujeto revolucionario que aproveche esa crisis para construir una sociedad alternativa[12].

 

[1] Mao Tse-tung, Desechar las ilusiones, prepararse para la lucha (1949) Marxist Internet Archive, 2001 (documento en línea: https://www.marxists.org/espanol/mao/escritos/CAI49s.html)

[2] François Dosse, Historia del estructuralismo, tomo 1, El campo del signo, 1945-1966 (España: Ediciones Akal, 2004), 186.

[3] Ibid., 191.

[4] Ibid., 201.

[5] Fernand Braudel, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, Tomo I (México: FCE, 1992), 17.

[6] Ibid.

[7] François Dosse, Historia del estructuralismo, tomo 1, 210.

[8] Ibid., 330

[9] Ibid., 332.

[10] Ibid., 341.

[11] Marta Harnecker (entrevista) “Los nuevos caminos de un mundo a construir, 14 de julio de 2014 (entrevista en línea: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=187229)

 

[12] Ibid.