El problema en torno a los universales (por Jan Doxrud)

Antes de comenzar, quiesiera que el lector leyera las distintas citas:

1) “Es preciso ayudar a la MASA, en el proceso de la lucha, a encontrar el puente entre sus reivindicaciones actuales y el programa de la revolución socialista. Este puente debe consistir en un sistema de reivindicaciones transitorias, partiendo de las condiciones actuales y de la conciencia actual de amplias capas de la CLASE OBRERA a una sola y misma conclusión: la conquista del poder por el proletariado” […]El viejo “programa mínimo” es constantemente superado por el programa de transición cuyo objetivo consiste en una movilización sistemática de las MASAS para la REVOLUCIÓN PROLETARIA”. (León Trotsky: “El Programa de Transición”)

2) “La historia de toda sociedad hasta nuestros días no ha sido sino la historia de las LUCHA DE CLASES” (Karl Marx)

3) “no hay tal cosa como la SOCIEDAD” (Margaret Thatcher)

4) “En esta conferencia, he argumentado que la gravedad cuántica es unitaria y la información es mantenida en la formación y evaporación de agujeros negros. Considero que la evolución está dada por una integral de caminos Euclidiana sobre las métricas de todas las topologías”. 

Se habrá percatado del uso impreciso de ciertos conceptos. Por ejemplo se habla de una revolución proletaria sin entrar a definir qué es el proletariado. Es decir, sabemos que es la clase obrera urbana, ¿pero acaso este concepto incluye a todo individuo que trabaja en la ciudad y en malas condiciones? Lenin habla de lucha de clases. Podemos preguntarnos si acaso las “clases” pueden luchar y, por lo demás, ¿cual es el fundamento y criterios de Lenin para dividir la sociedad mundial en dos polos: burgueses y proletarios? Margaret Thatcher, por su parte, cuestiona el concepto mismo de “sociedad” puesto que, ¿acaso no sólo existen individuos? Muchos nominalistas medievales hubisen estado de acuerdo con la Primer Ministro Británica. Por último, Hawking(no es necesario que el lector y quien escribe entienda lo que dice) hace uso de conceptos generales como gravedad, gravedad cuántica, información evolución, etc). En la ciencia, no se puede prescindir de los universales.

Este será el tema de este artículo: los universales, aquellos términos genéricos que representan propiedad compartidas por entes singulares.

En el presente artículo me referiré a una antigua discusión sobre el status lógico-ontológico de los denominados “universales” de manera que, tangencialmente, me referiré a los problemas que emergen en torno al lenguaje. Comencemos explicando el concepto de universal. El prestigioso filósofo e historiador de la filosofía Etienne Gilson explicaba que el problema en torno a los universales (tal como lo había planteado Porfirio) se resumían en las siguientes preguntas:

1-¿Existen los universales en la realidad o sólo en el pensamiento?

2-Si existen en la realidad, ¿son corpóreos o incorpóreos?

3-¿Están los universales separados de las cosas sensibles o están implicadas en ella?

A estas cuestiones, el filósofo del medioevo, Pedro Abelardo, añadió el problema entorno a las especies y géneros:

4-¿Seguirían existiendo los géneros y especies en nuestro pensamiento o si dejasen de existir los individuos a las que corresponden?

Como señala el físico y filósofo de la ciencia Mario Bunge, frente a este tema existían, al menos, tres posiciones

a)  Plantonismo: los objetos conceptuales son seres ideales que existen en sí mismos y por sí mismos, independiente de nuestras mentes (Platón). Ventaja: no pone trabas a la creación de conceptos, tan necesarios en disciplinas como la física o matemáticas. Defectos: postula la idea de ideas separadas de la materia (un reino sobrenatural) y no da cuenta de la creatividad y creación de ideas, puesto que, como las ideas son preexistentes, estas sólo deben ser descubiertas.

b)  Nominalismo: los objetos conceptuales forman un subconjunto de los objetos lingüísticos, de manera que son signos y existen como tales (Roscelin). Ventajas: abandona la idea de un reino de las ideas independiente del mundo material y enfatiza el hecho de que aprehendemos los objetos conceptuales a través del lenguaje. Defecto: pone obstáculos a la investigación en diversas disciplina puesto que niega la existencia de universales (meros nombres). Se confunde el objeto designado (concepto) con el significante (signo)

c)  Empirismo: los objetos conceptuales son objetos mentales y existen, como las demás ideas, como sensaciones o imágenes. Ventaja: instala el objeto conceptual en la mente humana (lo rescata del reino platónico y del lenguaje). Defecto: también es un obstáculo para numerosas disciplinas que trabajan con conceptos universales

Aristóteles, en su Metafísica, explicaba que el universal es común a muchos seres o es lo que se encontraba en un gran número de seres. Mario Bunge explica que un universales una propiedad que poseen todos los miembros de una colección, de manera que el universalismo se opone al particularismo. En nuestra vida diaria nos encontramos con innumerables objetos, animados e inanimados, como mesas, autos, sillas, carreteras, animales, flores y seres humanos. Ahora bien, podemos preguntarnos: ¿alguien ha visto alguna vez a un “ser humano”, a un “animal”, o una “flor”? ¿O acaso no vemos a Juan o María, un oso o un perro, o un copihue o una rosa?  Como explicaba el filósofo y sacerdote jesuita Frederick Coplestonlos seres humanos vemos y tocamos cosas particulares, pero cuando pensamos en esas mismas cosas lo hacemos utilizando ideas y términos generales. Ejemplo de lo anterior es cuando observamos un “árbol” (género) o para ser más precisos, un olmo (especie). La especievendría a ser una colección de cosas que comparten algunas propiedades básicas. Como añade Bunge, la especie es el primer escalón de una clasificación, puesto que existen otros conceptos más completos como el de género, familia y reino. El género, escribió Aristóteles, se empleaba para explicar la generación continua de los seres que tienen la misma forma. Tenemos, pues, que el universal “hombre” sería una esencia común a los individuos. En lo que respecta a las especies, pueden existir varias como por ejemplo: hombre, perros y tigres, que pertenecerían al “género” animal. Ahora bien las especies contenidas dentro del género se distinguen entre sí, así por ejemplo, el ser humano sería un animal racional, algo propio de la especie humana.

La disputa que se dio desde la antigua Grecia y durante un segmento de la Edad Media, lo resume Copleston como sigue. Por un lado tenemos objetos extramentales que existen objetivamente de manera concreta, es decir,  no necesitan de nuestra existencia para existir. Por otro lado tenemos que los seres humanos utilizamos conceptos universales. Luego tenemos que los primeros tienen una fundamentación en la realidad misma, de manera que su estatus ontológico es incuestionable, pero los segundos (universales), no existen más allá de nuestra mente que crea tales concepto. Esto último se traduce en que los universales no tienen un fundamento en la realidad: no vemos “seres humanos” sino que a fulano o mengano. De acuerdo a esta visión, conceptos como pueblo, nación o sociedad son conceptos huecos desprovistos de valor. Podemos señalar que el concepto de pueblo se “refiere”, claro está, a un conjunto de individuos (no son piedras o árboles) que comparten ciertas características en común (¡¿cuáles?!), pero el “pueblo” no existe en la realidad. Así, los judíos alemanes no eran parte del “volk” o pueblo de Hitler, los burgueses no eran parte del pueblo según el comunismo y los opositores al régimen chavista tampoco eran parte del pueblo). Tratar al “pueblo” como algo sería caer en la “falacia de la reificación” es decir, concebir a este concepto como una cosa (latín = res) y, como tal, piensa, actúa, desea, etc (ej: el “pueblo” quiere,  la “nación” quiere venganza).En suma, resulta complejo encontrar en la realidad a algo denominado “pueblo” (sabemos que involucra a personas pero, ¿a qué clase de personas? Ricos, pobres, nacionales, minorías étnicas, etc).

Durante la Edad Media existió una posición frente al problema de los universales denominado “realismo extremo” que planteaba la idea de que los universales existían en sí mismo, esto es, eran subsistentes en sí mismos y los distintos individuos o cosas particulares participaban de esta idea general (siguiendo el idealismo platónico: existen personas perfectas y todas ellas participan de la “idea de bondad”). Este realismo, por ende, desembocaba en una ontología monistas, vale decir, en una concepción en virtud de la cual el mundo consistiría en entidades de un único género.  Este monismo puede ser materialista (todo se reduce a la materia) o espiritual (donde todo se puede reducir al único principio creador: Dios). El problema de los universales también adquiría tintes religiosos, puesto que, de negar los universales, se cuestionaba a su vez el misterio de la Santísima Trinidad y la transmisión del Pecado Original.

Por ejemplo, Odón de Tournai se valía del ultrarrealismo o realismo exagerado para explicar la transmisión del pecado original. Si no existieran los universales, ¿cómo sería posible afirmar que el pecado original era una afección del alma humana? ¿Acaso sería posible hablar incluso de una contaminación del alma humana por el pecado original? Si negamos los universales, no sería posible. Hay quienes se opusieron a tratar los universales comosubsistentes en sí mismos (sustancia) y como existentes fuera de nuestras mentes. El mismo Aristóteles señalaba que era imposible considerar un universal como sustancia. Esta postura que rechazaba la existencia de los universales se denomina “Nominalismo”. El nominalismo ontológico, explica Mario Bunge, es la concepción en virtud de la cual sólo existen individuos.

En suma, el nominalismo concibe que los universales sólo existen en nuestro entendimiento y fuera e este (realidad extramental) sólo existen individuos concretos. Así, los universales sólo serían “nombres” (nominalismo) que representan a un conjunto de individuos, pero estos universales no representan nada en la realidad. Sepultando los universales se cerraba la puerta al desarrollo de cualquier filosofía u ontología sistemática, incluso la posibilidad de cualquier proyecto científico serio. Ahora bien, entre el idealismo objetivo platónico que postulaba la existencia objetiva e independiente de las ideas y el nominalismo extremos, existió una postura moderada que aceptaba el uso de los universales, es decir, que tienen un fundamento en la realidad y que representan realidades particulares (pero estos universales no existen en sí y por sí). Estos universales se forman por medio de la abstracción, esto es, a través de unaoperación intelectual consistente en separar mentalmente lo que es inseparable en la realidad. Así, para llegar al concepto de “ser humano” debemos hacer abstracción de sus particularidades, vale decir, de características tales como altura, peso, color de piel, color de pelo, nacionalidad, etc, para así llegar a lo que es común a esta multiplicidad de individuos. Lo que existiría son términos universales. De acuerdo a Abelardo no existía una “esencia” común. El problema en torno a los universales continuaría en la filosofía moderna, por ejemplo Georg Berkeley rechazaba la existencia de estos. Para el obispo, no podíamos pensar en un “triángulo en general”, sino que en triángulos equiláteros, obtusos o rectos. Lo mismo sucede con la “humanidad”, no podemos pensar en esta, sino que pensamos en hombres y mujeres concretos.

Sería un error adoptar el nominalismo y negar de plano la existencia de los universales, puesto que, entre otras consecuencias, no sería posible hacer ciencia y ontología, ya que ambas disciplinas hacen uso de conceptos universales (espacio-tiempo, causalidad, etc). Si bien existen conceptos generales bastantes cuestionables y poco precisos – pueblo, sociedad, conciencia de clase, espíritu de la nación – existen otros que son indispensables. Es por ello que Bunge afirma que aunque no podamos percibir los universales, sin éstos, nos sería imposible pensar y hablar. Ni siquiera podríamos pronunciar la palabra “Yo”, no se podrían establecer leyes universales en ciencia ni menos aún se podría haber pensado en crear Derechos Humanos o juzgar a los nazis por delitos contra la “Humanidad”.