(IX) El “Socialismo del Siglo XXI: Michael Löwy y la ecología como nuevo frente de combate contra el capitalismo (por Jan Doxrud)

(IX) El “Socialismo del Siglo XXI: Michael Löwy y la ecología como nuevo frente de combate contra el capitalismo (por Jan Doxrud)

Examinaremos el ecosocialismo de acuerdo al sociólogo marxista Michael Löwy quien ha publicado sobre distintas temáticas: Karl Max, Max Weber, Walter Benjamin, Franz Kafka, Mariátegui, dialéctica, revolución y el marxismo en Latinoamérica.

En primer lugar revisemos la interpretación que hace el autor del derrumbe del bloque soviético. En un artículo publicado en el journal marxista “Monthly Review” en 1991, Löwy presenta “Doce tesis sobre la crisis del socialismo realmente existente”. Revisaremos sólo algunas de las ideas principales que plantea el autor. Löwy, como la mayor parte de los socialistas, señala que aquello que sucumbió hacia finales de la década de 1980 y comienzos de 1990 no fue el socialismo (la teoría es pura, siempre permanece intacta). Afirma el autor que algo no puede morir antes de nacer, y por ende, el comunismo no puede estar muerto ya que aún no hemos presenciado su nacimiento. Añade que esto también se aplica al socialismo. Las personas simplemente habrían sido engañadas por los medios de comunicación occidentales que habrían presentado a los países del bloque soviético como comunistas o socialistas. Señala Löwy que, a lo sumo, podríamos denominar a algunos de esos países, allí donde se abolió la propiedad privada, como sociedades “no capitalistas”, pero de ninguna manera eran sociedades socialistas. Tenemos que, de acuerdo a nuestro autor, lo que los medios de comunicación liberales o conservadores denominaron como “la muerte del comunismo” era en realidad la crisis del sistema de desarrollo burocrático y autoritario establecido al estilo soviético.

Si tras el derrumbe del “modelo soviético” en los distintos países de Europa del este no se optó por un verdadero sistema socialista, se debió a la propaganda antisocialista que explotó la identificación que existía entre socialismo y burocracia soviética, y en hacer de Marx el responsable de la construcción del muro de Berlín.  Pero para Löwy esto último sería tan absurdo como culpar a Jesús de la Inquisición o a Descartes por las luchas coloniales francesas. En opinión del autor, no hay que aceptar esta propaganda y tampoco hay que pensar que la economía de mercado y el capitalismo constituyen las únicas alternativas posibles para la fracasada economía de comando totalitario que existió en los países no capitalistas. Recordemos que lo que fracasó al final de la Guerra Fría no fue ni el socialismo ni el comunismo, sino que la burocracia soviética, y lo que realmente existió tras el triunfo de la revolución en Rusia fueron en realidad modelos económicos, políticos y sociales “no capitalistas”, pero de ninguna manera socialistas. Las conclusiones del autor apuntan hacia otra dirección, y es considerar tanto el socialismo como el  comunismo como parte integral de un programa que no pierde vigencia, ya que es un programa ha inspirado luchas emancipatorias de las víctimas del capitalismo y el imperialismo, por lo que se deduce que mientras tal opresión continúe, el socialismo y el comunismo representarán siempre una opción viable como medios de emancipación. De acuerdo a Löwy, no existe duda de que el marxismo necesita ser cuestionado, criticado y renovado. Añade que la renovación del marxismo debe comenzar con su herencia humanista, democrática, revolucionaria, dialéctica, que podemos encontrar en autores como Marx y en sus mejores seguidores, aquella generación de marxistas que fue derrotada durante los años veinte y treinta por la contrarrevolución, el estalinismo y el fascismo: Luxemburgo,  Trotsky o Gramsci entre otros.

Ahora examinemos un concepto que Löwy ha desarrollado posteriormente en su carrera intelectual: el ecosocialismo. El autor aclara que no existe incompatibilidad o contradicción entre marxismo y ecología. Por un lado, los activistas ecologistas pueden estar en lo cierto cuando acusan a Marx y Engels de productivismo. De acuerdo a Löwy, tal aseveración es correcta en la medida en que a menudo encontramos que en los investigaciones de Marx o Engels existe una tendencia a hacer del desarrollo de las fuerzas productivas el un punto neurálgico del progreso. También agrega que en los autores alemanes existe una posición poco crítica hacia la civilización industrial en lo que se refiere a  la destrucción del medio ambiente. Pero a pesar de esto, Löwy señala que nadie denunció tanto como Marx la lógica capitalista de la producción por la producción, la acumulación de capital, riquezas y mercancías como un fin en sí mismo. El autor plantea la tesis de que la cuestión ecológica constituye el desafío más grande para un renovación del pensamiento marxista en el siglo XXI. Existe una estrecha relación entre las reivindicaciones de los movimientos ecologistas y la crítica marxista al capitalismo, en el sentido de que el sistema capitalista, por su dinámica expansiva, pone en un peligro real el medioambiente.

El diagnóstico que hace el autor sobre el panorama mundial en el siglo XXI es que la civilización ha entrado en una crisis producto del crecimiento exponencial de agresiones contra el medioambiente y la amenaza creciente de una ruptura del equilibrio ecológico. Löwy critica al ecologismo político europeo por no haber llevado su crítica a lo que el considera es el núcleo del problema: el capitalismo y su lógica de producción expansiva. De acuerdo a Löwy, la  principal debilidad de estos grupos políticos es la de carecer de una postura anticapitalista coherente y de ignorar la necesaria conexión entre el productivismo y el capitalismo, y pensar que el problema puede solucionarse por medio del desarrollo de un “capitalismo verde”.  Para el autor este capitalismo verde es sólo una maniobra publicitaria, una etiqueta puesta para vender una mercancía. No existe tal cosa como un capitalismo verde u ecológico, ya que sería un verdadero oxímoron, ya que la racionalidad limitada del capitalismo de costos y beneficios se contrapone absolutamente a la racionalidad ecológica. También critica a aquellos marxistas que se han pasado al ecologismo y que han adoptado distintas posturas como de la no pertenecer ni a la izquierda o la derecha, de rechazar el rol de la clase trabajadora como la clase emancipadora universal, de la necesidad de abandonar el “rojo” por el “verde” o, en el caso de la ecología profunda, de adoptar una posturade rechazo del humanismo y adoptar una postura a favor de una perspectiva “biocéntrica” donde todos los seres vivos tienen la misma importancia. Tales posturas estarían equivocadas y la nueva bandera de lucha que habría que adoptar para este nuevo siglo es la del “ecosocialismo”. Löwy describe el ecosocialismo como una corriente de pensamiento y de acción ecologista que hace suyos los principios fundamentales del marxismo.

De acuerdo al ecosocialismo, tanto la lógica del mercado y de la ganancia, así como el autoritarismo burocrático de lossocialismos reales, se presentan como incompatibles con las exigencias de la salvaguardia del medio ambiente natural. Dentro del ecosocialismo los trabajadores y sus organizaciones constituyen una fuerza esencial para la transformación radical del sistema, así como para el establecimiento de una nueva sociedad socialista y ecologista.  Siguiendo al sociólogo y economista norteamericano James O'Connor, Löwy añade que las teorías ecosocialistas son aquellas que intentan subordinar el valor de cambio al valor de uso y abogan por una organización de la producción que se realice de acuerdo a las necesidades sociales y teniendo en consideración la protección del medioambiente natural.  La meta del ecosocialismo, de acuerdo a O’ Connor,  sería un socialismo ecológico, una sociedad racional ecológicamente fundamentada en el control democrático, la igualdad social y el predominio del valor del uso. A esto, Löwyañade otros aspectos como que en tal sociedad se debería establecer la propiedad colectiva de los medios de la producción, debería existir también una planificación democrática que permitiese a la sociedad definir metas de producción e inversiones. También señala que debería existir una nueva estructura de la fuerza productiva tecnológica. De acuerdo a nuestro autor, el ecosocialismo debe oponerse al modo de producción y de consumo de los países desarrollados que se fundamenta sobre la lógica de la acumulación ilimitada del capital, de ganancias, de mercancías, de despilfarro de recursos, de consumos ostentosos y de destrucción acelerada del medioambiente. Como estamos ante una crisis civilizacional, entonces se requiere un cambio real de civilización y esto, de acuerdo a Löwy, significa a un reemplazo de la microracionalidad de la ganancia por una macroracionalidad social y ecológica.

En lo que se refiere a la planificación dentro de esta nueva forma de socialismo, esta será de carácter democrática y funcionará a nivel local, nacional, internacional. Entre los temas que se deben definir dentro de la planificación encontramos: qué productos deben subvencionarse o tener una distribución gratuita; qué opciones energéticas deben ser permitidas, aunque no sean, en un primer momento, las rentables; cómo reorganizar el sistema de transportes, según criterios sociales y ecológicos; qué medidas deberán tomarse para reparar lo más rápidamente posible los gigantescos daños al medio ambiente dejados en herencia por el capitalismo. Löwy, junto otro autor que ha escrito sobre el tema del ecosocialismo, Joel Kovel, redactaron un “Manifiesto Ecosocialista”. Los autores realizan un diagnóstico de la situación mundial a comienzos del siglo XXI. Al respecto escriben:

En nuestra visión, la crisis ecológica y la crisis de deterioro social están profundamente interrelacionadas y deben ser vistas como distintas manifestaciones de las mismas fuerzas estructurales. La primera se origina ampliamente en la industrialización rampante que desborda la capacidad de la Tierra para amortiguar y contener la desestabilización ecológica. La segunda se deriva de la forma de imperialismo conocida como globalización, con efectos desintegradores en las sociedades que encuentra a su paso. Más aún, estas fuerzas subyacentes son esencialmente aspectos diferentes de una misma corriente, que debe ser identificada como la dinámica central que mueve a la totalidad: la expansión del sistema capitalista mundial[1].  

Los autores afirman que el actual sistema capitalista no puede regular y mucho menos superar las crisis que ha desatado. El capitalismo se encuentra imposibilitado de resolver la crisis ecológica, ya que hacerlo significaría un verdadero suicidio del sistema. Es decir, para hacer frente al problema ecológico, el capitalismo tendría que establecer límites a la acumulación, lo cual es una opción inaceptable para un régimen económico que, de acuerdo a los autores, se fundamenta en la frase: ¡crecer o morir! El capitalismo tampoco puede resolver la crisis planteada por el terror y otras formas de rebelión violenta ya que esto significaría también abjurar a uno de sus principales credos que es la “lógica imperial”. Haciendo eco de las palabras de Rosa Luxemburgo, los autores señalan que, ante el panorama actual, sólo quedan dos opciones: socialismo o barbarie. Aunque el concepto de socialismo ha sufrido duros golpes desde la caída de los regímenes soviéticos, los autores igualmente piensan que la noción de socialismo  sigue en pie para la superación del capital. Si los socialismos del pasado fracasaron, entonces se debe luchar por construir uno que triunfe. En resumen, para los autores, “el ecosocialismo mantiene los objetivos emancipatorios del socialismo de primera época y rechaza tanto las metas reformistas, atenuadas, de la socialdemocracia, como las estructuras productivistas de las variantes burocráticas de socialismo[2].

El ecosocialismo deberá ser internacional y universal o no será. Cabe decir que Löwy es sólo uno entre muchos autores que han seguido esta línea de investigación que establece una síntesis entre las ideas marxistas y la ecología. Tenemos la obra de John Bellamy Foster tal como “La ecología de Marx: materialismo y naturaleza”, “The Ecological Rift: Capitalism's War on the Earth”, o los libros del economista Paul Burkett, por ejemplo, “Marx and Nature: A Red and Green Perspective” y “Marxism and Ecological Economics: Toward a Red and Green Political Economy”.

 

[1] Joel Kovel y Michael Löwy, Manifiesto ecosocialista (originalmente publicado en Capitalism Nature Socialism, vol. 13, 2002. Documento en línea: http://www.rebelion.org/hemeroteca/sociales/lowy090602.htm)

[2] Ibid.