Filosofía política en la antigua China (1): Contexto histórico (por Jan Doxrud)

Filosofía política en la antigua China (1): Contexto histórico (por Jan Doxrud)

La historia de China es una historia de larga, compleja y marcada por la violencia y períodos de turbulencia política. La historia china también se destaca por el desarrollo de las artes, música, filosofía y avances tecnológicos. Es una historia compleja ya que se trata nada menos que de explicar de qué manera pudo surgir una sociedad cohesionada que se concibiera a sí misma como pertenecientes a un territorio que llegó a denominarse China. En las líneas que siguen mi intención no es trazar una detallada historia de la formación de China, sino que sólo brindar un contexto para entender el escenario político en el que estaban sumergidos sus más destacados intelectuales, ya que ningún pensamiento se da en un vacío histórico, de manera que las ideas desarrolladas por Confucio o los legalistas respondieron a los desafíos que sus respectivas épocas le plantearon. En lo que respecta a la historia de este país, sólo me extenderé desde las tres primeras dinastías hereditarias hasta la dinastía Ming.

Sin duda el territorio que nosotros conocemos bajo el nombre de China poseía un paisaje heterogéneo y diversos recursos que permitieron el establecimientos de pequeños asentamientos humanos. En el norte existían llanuras fértiles, producto de los aluviones del río Amarillo que hicieron posible el cultivo de árboles frutales, cáñamo y mijo, entre otros bienes. También existían prados y animales silvestres y domésticos. La franja meridional poseía un clima más húmedo que se encontraba expuesto a los aluviones del río Yangtse. El sistema de cultivo acuático permitió el cultivo del arroz, loto, bambú y legumbres. La zona sur donde se desarrolló una importante actividad pesquera. El ecosistema chino no sólo permitió el desarrollo de grupos humanos, sino que alimentaron también una serie de mitos. Los principales mitos son los cosmogónicos, los cuatro mitos sobre el diluvio, el restablecimiento del orden tras las catástrofes, edades de oro, el guerrero y el héroe, la figura del pastor, el amor, la migración y el exilio. Se considera que las tres primeras dinastías hereditarias fueron la Xia, Shang y Zhou.

Ahora bien, antes de estas dinastías gobernaron unos emperadores que fueron admirados por las generaciones posteriores debido a su rectitud y sabiduría. El primero fue Yao hacia el año 2300 A.E.C a quien no le sucedió su hijo, sino que un humilde hombre de nombre Shun, que se destacó por sus méritos y virtudes. El sucesor de Shun fue Yu, quien tampoco tuvo un descendiente de sangre. Sólo a partir de Yu comenzaría la sucesión hereditaria del poder, siendo la primera dinastía hereditaria la Xia (1600 A.E.C). De estas tres dinastías mencionadas anteriormente, sólo se tienen como evidencia restos arqueológicos de las dos últimas.

 

Uno de los textos clásicos más antiguos en China consiste en una antología de poesía de la dinastía Zhou, donde se pueden apreciar narraciones míticas sobre el origen divino de las dinastías Shang y Zhou. La dinastía Shang se extendió temporalmente unos seis siglos, llegando a su fin cerca del año 1050 A.E.C, cuando fue derrotada y aniquilada por el Estado de Zhou. Los reyes de Zhou repartieron las tierras entre sus familiares y clanes aliados, y continuaron con la construcción de ciudades amuralladas.  A la larga, la extensión territorial de los Shang, junto con el negligente desempeño del aparato administrativo y la progresiva autonomía que fueron adquiriendo los señores feudales respecto al centro, llevaron a la caída del reino.

A lo largo del tiempo surgió, como respuesta a la cuestión de la legitimidad de los gobernantes, la idea del “Mandato Celeste” en virtud del cual era el cielo el que dominaba sobre las demás fuerzas sobrenaturales y naturales, y la realeza tenía un rol intermedio entre el cielo y la tierra. El emperador era considerado el “Hijo del Cielo y, como tal, debía mostrar una conducta ejemplar ya que, si abandonaba sus obligaciones y se corrompía, entonces le sería arrebatado su mandato para ser entregado a otro.

Posterior a la caída de la dinastía Zhou siguió un período de “estados de guerra”, marcado por las pugnas entre numerosos reinos a saber: Wei, Han, Qi, Qin, Chu, Yan. El Estado que logró perdurar fue el de Qin y su duque adoptó el título de rey (wang). La población dentro de su territorio era heterogénea, es decir, no estaba conformado por chinos, sino que por tibetanos y turcomanos.

Los Estados combatientes

Los Estados combatientes

La dinastía Qin es crucial dentro de la historia de la formación de China como nación, ya que fue Qin Shih Huangdi, nacido hacia el año 259 A.E.C, quien llevó a cabo el proceso de centralización del territorio bajo su dominio, coronándose finalmente como emperador. El emperador era despiadado y había sobrevivido a varios intentos de asesinatos. Este clima se traduciría en que su gobierno no se fundamentaría sobre la base de nobles ideales confucianos o daoístas, sino que en una doctrina más realista y pragmática como lo fue el legalismo (que examinaremos en escritos posteriores). El emperador sustituyó la aristocracia terrateniente por funcionarios regionales designados por él mismo. Trasladó a miles de aristócratas, de los cuales desconfiaba, a palacios ubicados en la capital Xian, donde podían ser vigilados. Confiscó armas a distintos clanes para fundirlas y creó una nueva elite que tendría en sus manos el aparato burocrático.

En suma, no existió ámbito dentro de la sociedad que escapara a la vigilancia Qin Shih Huangdi, quien también asesinó a intelectuales confucianos y ordenó quemar obras históricas con el objetivo de borrar el pasado y crear una historia desde cero. Como parte del proceso de unificación y centralización del poder, el emperador continuó con las medidas que apuntaban a unificar pesos, medidas, así como la codificación de las leyes. Otro rasgo de su gobierno fue promover, tal como lo haría cientos de años después Napoleón, el mérito.

Qin Shih Huangdi falleció el año 210 A.E.C, siendo quizás su legado más famoso la tumba que ordenó construir con guerreros de terracota. Tras su muerte siguió otro período de inestabilidad, hasta que finalmente un hombre proveniente de una familia campesina de nombre Liu Bang, se transformó en el primer emperador de la dinastía Han que se extendió desde el 206 A.E.C hasta el 221 E.C.

 

Liu Bang es conocido como el emperador Gao Zu (o Gaozu de Han). Su reinado se caracterizó por el aumento de la riqueza y de la población. En las zonas rurales se establecieron pueblos con un número aproximado de setenta familias, donde cada una estaba compuesta por cinco miembros. Se diseñó un sistema en donde un grupo de pueblos constituía un mercado para que de esa manera las agrupaciones fuesen autosuficientes. Los Han también difundieron el idioma chino así como el chino escrito. Fue durante esta época de la civilización China desarrolló una serie de inventos que la pusieron muy por delante de otras civilizaciones. Por ejemplo se creó la pólvora, invenciones como el papel, el sistema decimal, la seda, etc. Pero junto a esto, los Han conocieron también las amenazas provenientes desde el exterior, especialmente aquella representada por los mongoles, específicamente los xiongnu, ubicados en las estepas del norte y noroeste de China, quienes eran experimentados combatientes. En lo que respecta al contacto con Occidente, no parece haber existido más que contactos indirectos a través de numerosos intermediariospor medio del comercio, ya que los romanos codiciaban, entre otras cosas, la seda.

Avances Dinastía Han: arriba se puede ver una brújula y abajo un sismógrafo. En su interior había un péndulo que se movía cada vez que ocurría un movimiento telúrico. De esta manera, el péndulo golpeaba un sistema de palancas lo que hacía abrir la boca de uno de los ocho dragones situados fuera del aparato.

Avances Dinastía Han: arriba se puede ver una brújula y abajo un sismógrafo. En su interior había un péndulo que se movía cada vez que ocurría un movimiento telúrico. De esta manera, el péndulo golpeaba un sistema de palancas lo que hacía abrir la boca de uno de los ocho dragones situados fuera del aparato.

 

Algo que quedaría en evidencia y que marcó una notable diferencia entre el espíritu europeo y el chino, fue la falta de interés por parte de los últimos por las aventuras de conquista más allá de sus territorios aledaños. Fue el navegante Zheng He (1371-1433/1435), durante la dinastía Ming, el último en realizar viajes de exploración, pero tras su muerte China se encerró nuevamente dentro de sus fronteras. A pesar de la época de esplendor de la dinastía Han, ésta progresivamente entró en una fase de declive producto de los cuantiosos gastos fruto de las guerras y para mantener la lujosa vida cortesana. A esto hay que añadir a la ineficiencia de la administración y los conflictos dentro de la burocracia producto de la concentración de poder por parte de los eunucos de la corte. Por lo demás, el poder comenzó a recaer en infantes fácilmente manipulables por sus madres u otros, lo que generó más descontento e inestabilidad. Hubo que esperar la sublevación del ejército para que finalmente la dinastía Han llegase a su fin,  cuando el último emperador decidió abdicar.

Las embarcaciones del navegante japonés habrían sido de mayor tamaño que las europeas

Las embarcaciones del navegante japonés habrían sido de mayor tamaño que las europeas

El período que siguió a la caída de la dinastía Han suele denominarse como la “edad oscura” de China, y estuvo marcada por cruentas luchas por el poder, el saqueo y matanza de civiles, que tuvo como consecuencia la disminución de la población.

Posteriormente otro hombre volvería a restaurar el poder real: Sui Wendi, dando incio así el dominio de la dinastía Sui. Tras el asesinato del último emperador, subió al poder Gaozu dando inicio a la dinastía Tang, que continuó con la política expansionistas de los Sui y la formación de un ejército profesional. Los Tang tuvieron que hacer frente a una nueva amenaza: el Islam. Ahora bien, los Tang demostraron ser tolerantes e interesados por las culturas ajenas. Por ejemplo, el emperador Taizong permitió en el año 635 que un misionero nestoriano pudiese predicar. No sólo eso, en el año 638 ya existía la primera iglesia nestoriana en Xian. También se tienen registros de la presencia de embajadas bizantinas. Bajo esta dinastía se construyó la primera gran mezquita en Xian. También se permitió la presencia de judíos en la zona de Kaifeng. El declive y fin de la dinastía Tang se debió a los excesivos gastos producto de las campañas militares, así como a la corrupción de quienes tenían en sus manos el poder, incluido el emperador. Por ejemplo, está el caso de la emperatriz Wu Zetian (624-705) que se caracterizó por su despiadada forma de gobierno, por los asesinatos, traiciones y torturas. También es célebre el caso de la dama Yang, concubina del emperador Xuangzong (685-762), y la poderosa influencia que la primera tenía sobre el último. Los caprichos e importancia que adquirió la concubina despertó el rencor y enemistad en otras facciones dentro del gobierno, terminando finalmente con la muerte de la concubina.

Gran Mezquita (Xian)

Gran Mezquita (Xian)

 

Tras un período turbulento de enfrentamientos entre caudillos, la dinastía Song (960-1279) consiguió hacerse con el poder. A diferencia de las anteriores dinastías, los Song no se caracterizaron por dar prioridad a la guerra y el expansionismo. Ante un potencial conflicto con el imperio Jin del norte (1115-1234), se optó por la vía diplomática para establecer un equilibrio de poder, en donde los Song pagarían un tributo. El imperio Jin había sido fundado por el clan de los Wanyan pertenecientes al pueblo yurchen quienes eran antepasados de los manchúes. No obstante lo anterior, los Jin igualmente llevaron a cabo incursiones militares conquistando Kaifeng y saqueando localidades como Ningbo y Hangzhou, lo que tuvo como consecuencia que los Song tuvieran que ceder su parte norte, desplazarse y concentrarse en la zona sur en calidad de vasallos. El final de la dinastía Song se debió a varios factores entre los que cabe mencionar el crecimiento de la población, la ineficacia y negligencia de la administración y, por último, la inflación fruto de la expansión de la masa monetaria.

El siguiente capítulo de la historia de China estaría marcada por el dominio extranjero, me refiero a la dinastía Yuan (1271-1368), fundada por Kublai Kan (1215-1294), nieto del conquistador mongol Gengis Kan (1162-1227). Kublai Kan abandonó el mundo de las estepas – que despertó el rechazo de parte de los mongoles conservadores – para instalarse en Pekín, la nueva capital, que rebautizó con el nombre de Kahnbaliq o “ciudad del Kan”. Durante el verano se trasladaba a Shangdu, también conocido como Xanadú. Más que una invasión de una cultura extranjera, este episodio se puede ver como la adaptación de una cultura extranjera a la cultura conquistada, ya que fue exactamente eso los que los mongoles hicieron. Pero sucedió que la dinastía Yuan no pudo adaptarse cabalmente a las costumbres chinas a lo cual hay que añadir el rechazo que generaban en los chinos la presencia de los invasores a quienes consideraban como verdaderos bárbaros.

Producto de las precarias condiciones de vida – principalmente debido a las sequías e inundaciones – los campesinos comenzaron a rebelarse y terminaron por expulsar al último Gran Kan nuevamente a su lugar de origen: la estepa. Uno de estos emblemáticos levantamientos fue la revuelta de los turbantes rojos, influido por el movimiento político-religioso llamado la Sociedad del loto Blanco, un híbrido de maniqueísmo y buddhismo.

La siguiente dinastía en nuestra historia es una de las más conocidas: la dinastía Ming. De las sangrientas luchas emergió como nuevo soberano un campesino de nombre Zhu Yuanzhang quien en 1356 se hizo con el control de Nankin que se transformó en la capital de la nueva dinastía. Como las demás dinastías, la Ming tuvo que hacer frente a varios peligros en sus fronteras. Estaba la amenaza encarnada en la figura de Tamerlán (1336-1405). También tuvieron que mantener a raya las incursiones mongolas en las zonas de Birmania y Tailandia, y establecieron relaciones tributarias con el Tíbet. Este escenario hizo que los Ming llevaran a cabo un proceso de militarización de China, creando un estamento militar hereditario. Dentro del ámbito castrense se destacó la figura de Yongle, cuarto hijo del emperador Hongwu y tercer emperador de la dinastía Ming. Yongle emprendió exitosas campañas contra los mongoles, así como misiones diplomáticas hacia Herat (Afganistán) y Siberia. Fueron los Ming los que dieron su forma definitiva a la gran muralla, que fue parte de su estrategia de completar las obras defensivas del imperio. También fueron célebres las expediciones de Zheng He (1371-1433/1435).

Zheng He estuvo en Sumatra, la desembocadura del Ganges, la desembocadura del Golfo Pérsico y África oriental. Pero como señalé anteriormente, estas expediciones no tenían el mismo espíritu que las expediciones de un Cristóbal Colón o un Vasco da Gama. Las expediciones chinas eran más bien embajadas en donde se intercambiaban distintos bienes. Eran además expediciones poco rentables ya que las zonas donde atracaban no tenían importancia estratégica y no representaban un peligro para el Estado chino. Posteriormente las expediciones fueron prohibidas, las embarcaciones destruidas y se prohibió la salida fuera de China. Incluso se quemaron los documentos sobre las expediciones de Zheng He.

En cuanto a los extranjeros, su presencia fue permitida en partes acotadas del territorio. Con los años la dinastía aflojaría su estricta política y permitiría la presencia de portugueses a quienes le concedieron un monopolio del comercio exterior. La presencia portuguesa se vería mermada por la presencia de los holandeses y la fundación de la Compañía de las Indias Orientales. Los holandeses llegaron por primera vez a China hacia el año 1604. Importante fue también la labor misionera de los jesuitas como Michele Ruggieri (1453-1607), Matteo Ricci (1552-1610) y Adam Schall von Bell (1592-1666) quienes se empaparon de la cultura china, aprendiendo el idioma, adoptaron su vestimenta y aprendieron de sus diversos saberes.

                                                   Estatua de Mateo Ricci en China

                                                   Estatua de Mateo Ricci en China

El fin de la dinastía Ming se debió, en primer lugar, al crecimiento de la población y la ineficiencia administrativa. Este crecimientos se explica por  la abundanciadel nuevo arroz que era resistente a las sequías y crecían de manera más rápida que las variedades tradicionales, lo que permitió incrementar significativamente la producción. La pisicultura o crianza de peces en los arrozales tuvo como efecto colateral la reducción de las enfermedades producto de la malaria, debido a que los peces se alimentaban de las larvas de los mosquitos de las aguas estancadas de los arrozales. Esta forma de combatir la malaria aún se utiliza en nuestro siglo en algunas regiones de Asia. Junto a este crecimiento poblacional tenemos el mal accionar de la burocracia administrativa y la ineficiencia de un sistema político excesivamente centrado en la figura del emperador. En síntesis, estamos ante un imperio rico tanto en el sentido cultural como material, pero el vasto territorio y la gran cantidad de población hizo que el imperio se volviese ingobernable, al menos con el sistema político vigente en aquellos tiempos. A esto hay que añadir la siempre presente amenaza extranjera y los gastos asociados a la defensa, así comolos desastres naturales que afectaron a la población. El golpe final lo dio un pueblo al cual ya no referimos a propósito del imperio Jun, me refiero a las tribus de yurchen que estaban ubicados en la zona de Manchuria. Bajo el liderazgo de Nurhaci, los yurchen se unificaron y él se proclamó Kan. Fue su hijo Abahai quien logró penetrar la gran muralla amenazando a la misma capital, Pekín, lo cual fue un shock psicológico que causó un verdadero pánico en la corte Ming. Abahai fundó una nueva dinastía denominada Qing, y los Ming tendrían sus días contados. La dinastía se desmoronó desde su interior cuando comenzaron a surgir distintas facciones rebeldes, como fue el caso de Li Zicheng quien creó la dinastía Shun en 1644. Li marchó hacia la capital y ante este “cul de sac”, el emperador autorizó a sus funcionarios a suicidarse. El emperador degolló a su concubina y posteriormente se ahorcó, al igual que la emperatriz. Pero el éxito de Li fue momentáneo ya que los manchúes, el mando del regente Dorgon, tío de Abahai, terminó conquistando la capital. El historiador Jonathan D. Spence resume como sigue las causas de la caída de la dinastía Ming:

El tejido poco tupido del Estado y la economía de la China de los últimos Ming empezó a deshacerse por muchos puntos. La caída de la recaudación tributaria impedía pagar puntualmente al ejército. La deserción de los soldados facilitaban la penetración de tribus hostiles por las fronteras. Una afluencia de plata desde Occidente causó tensiones inesperadas en la economía china. La deficiente supervisión estatal de los graneros y las duras condiciones climáticas llevaron a la desnutrición y a la vulnerabilidad a la peste de los habitantes de las zonas rurales. Bandas errantes de gentes desafectas se unieron para formar ejércitos cuya única ideología era la supervivencia. En 1644 todos estos elementos estaban ya combinados de forma tan virulenta que el último emperador Ming se suicidó[1].

[1] Jonathan D. Spence, En busca de la China moderna (España: Tusquets Editores, 2011), 37.