¿Qué es la Democracia? (2): Los orígenes, Grecia (por Jan Doxrud)

¿Qué es la Democracia? (2): Los orígenes, Grecia (por Jan Doxrud)

El académico de la Universidad de Cambridge, John Dunn, se plantea lo que, al parecer, es una “simple” pregunta: ¿Por qué la democracia? ¿Por qué razón la democracia se ha extendido a lo largo del planeta? Dunn analiza esta carga emotiva que contiene el concepto de democracia a tal punto que las mismas guerras se libran en nombre de la democracia. Escribe el autor:

Cuando Estados Unidos e Inglaterra se dispusieron a enterrar a Bagdad en sus propias ruinas, ¿por qué fue en nombre de la democracia, de entre todas la palabras, por lo que afirmaban hacerlo? ¿Su novedoso dominio es en verdad una ilusión, un ejercicio continuo de fraude o un indicio de confusión absoluta?”[1].

Sabemos que el concepto de democracia viene de Grecia, ya que la palabra misma es griega (demokratia). Como explica Giovanni Sartori, comúnmente se considera que fue el historiador Heródoto quien por primera vez utilizó este concepto en su Libro III. Ahora bien, sucede que en realidad tal término no aparece en el texto sino que en las traducciones. Lo que sí está presente en Heródoto, explica el cientista político italiano, es la noción de una comunidad política gobernada por el demos (pueblo), forma de gobierno que se oponía a la monarquía y a la oligarquía. Pero lo que quizás se sabe menos es que tal democracia no guarda ninguna relación con las democracias que resurgieron miles de años después. No me refiero únicamente al hecho de que existiesen esclavos, que las mujeres no participaban en política y que la democracia fuese una de carácter directa, es decir, no era una democracia representativa Me refiero a que también, como señala Dunn, en sus orígenes, la democracia “no se refería a una base para la legitimidad ni a un régimen que se definiera por sus buenas intenciones o por su noble misión sino simplemente a una forma de gobierno específica[2].

En Grecia, explica el autor, existían partidarios de la democracia como régimen, pero no existía, hasta donde se sabe, algo parecido a la figura de un demócrata tal como lo entendemos actualmente. De acuerdo a Dunn, sería a partir de finales del siglo XVIII, y principalmente, a causa de la Revolución Francesa, cuando la democracia se transformaría en un “sustantivo agente (un demócrata), en un adjetivo que expresaba adhesión y no sólo aludía a ella (democrático) y en un verbo (democratizar) que describía el proyecto de remodelar por completo la política, la sociedad e incluso la economía para que coincidiera con los estándares impuestos por la idea de autogobierno popular[3]. Por su parte Giovanni Sartori explica que la polis no era en absoluto una ciudad-Estado, sino que una “ciudad-comunidad”. La razón de esta precisión es que hasta el siglo XVI el concepto de esta hacía referenciaa una condición especial, a un estado social o a una clase. Habría que esperar a Maquiavelo para presenciar la introducción del uso contemporáneo que le damos al concepto de Estado. En Grecia no existía tal concepción del Estado, por lo que la democracia en Atenas era una que carecía de Estado. Al respecto escribe Sartori:

 

Sea como fuere, a medida que el «Estado» ganó aceptación como término político, dejó de equipararse con res publica (la sociedad organizada políticamente como un todo), y se identificó más y más con las estructuras de mando (autoridad, poder, coacción) que inciden sobre la sociedad. Por tanto, si los griegos hubieran imaginado un Estado como lo concebimos nosotros, la idea de un «Estado democrático» les habría parecido una contradicción en los términos[4].

 

Tenemos, pues, que la historia de la democracia, su adopción y consolidación fue un proceso lento ya que, tras el declive de Atenas, la democracia sería olvidada por miles de años para resurgir nuevamente bajo una nueva forma que, por lo demás, ya no guardaba relación con su original griega. Las democracias modernas son herederas de los pensadores ilustrados como Locke y Montesquieu, donde el pilar fundamental era la libertad, la separación e independencia de los poderes del Estado. En Grecia en cambio, este aspecto estaba ausente ya que la Asamblea reunía todos los poderes, es decir, gobernaba, legislaba e impartía justicia. En la actualidad una de las  constantes y principales amenazas de la democracia es la supresión de la división e independencia de los poderes del Estado, por lo que la preservación de una democracia sana exige la constante vigilancia de quienes operan desde el interior del sistema democrático y que buscan pervertirlo e instrumentalizarlo para beneficiar sus propios intereses por sobre los de la comunidad.

Uno de los principales personajes que dieron un primer impulso a la democracia en Atenas fue Clístenes. En el año 510 llegó a su fin la tiranía de los Pisistrátidas en Atenas como resultado de la oposición de las familias nobles atenienses. Clístenes pertenecía a una de las principales familias nobles que había tenido un papel crucial en la expulsión de la tiranía de los Alcmeónidas. Clístenes creó los demos y los agrupó en diez nuevas tribus donde cada una estaba compuesta por un tercio de habitantes urbanos, un tercio de agricultores y un tercio de pobladores de la costa. Fue sobre esta base como se modeló la representación proporcional de los ciudadanos para las diversas instituciones de gobierno tales como las magistraturas o tribunales. De suma relevancia fue la Asamblea o ekklesía que pasó a ser el órgano soberano de la polis ateniense. Esta Asamblea operaba en un lugar abierto, en el Pnyx, una colina ubicada en el centro de Atenas.

Otra institución fuel Consejo oBoulé compuesto por quinientos consejeros elegido de entre las clases más acomodadas de la sociedad ateniense. Alguna de las funciones del Consejo consistía en preparar todos aquellos asuntos que serían votados en la Asamblea, así como asegurar de que ejecutase aquellas medidas que fuesen aprobadas. También estaban las distintas magistraturas que se ocupaban de la justicia, el mercado, seguridad, administración financiera, etc. Estaban los tribunales democráticos como el Areópago y el tribunal popular de la Heliea. Una de las medidas adoptadas en contra de aquellos quienes atentaran contra el orden establecido fue el ostracismo. El mecanismo preventivo para defender la estabilidad de la polis, consistía en someter a votación la decisión de expulsar o no al personaje en cuestión. Los ciudadanos emitían su voto sobre un tiesto u ostrakón, que era un pedazo de vasija o de cerámica. En caso de ser expulsado, el personaje era expulsado de Atenas por diez años.

El ostrakón

El ostrakón

Otra de las voces prominentes que hablaron a favor de la democracia fue la de Pericles quien conduciría a Atenas en aquella cruenta guerra contra esparta y sus aliados lacedemonios que pondría fin a la polis ateniense. Pericles se jactaba de que Atenas poseía un régimen político que era un modelo para otros pueblos. En este régimen, denominado democracia, se administraba teniendo en consideración el interés de los muchos y, por lo demás, todos los ciudadanos eran considerados iguales ante la ley en las disputas privadas y eran libre para competir por los honores públicos. Para los atenienses la democracia no era solamente una forma de organizar el poder y las instituciones políticas, sino que se refería también a una forma de vida ya las cualidades inspiradoras que la recubrían. La denominada “politeia” iba más allá de su traducción usual, es decir, “constitución, para significar una verdadera forma de vida, valores, actitudes y sistema de relaciones entre las personas que habitaban en la polis. Crucial fue el concepto de isonomía (isos = igual y nomía = gobierno y Derecho), que era la igual distribución de los derechos y deberes, la igualdad legal de la que gozaban sus habitantes. Este concepto habría surgido dentro de las propuestas políticas surgidas en la isla de Samos tras el final de la tiranía que gobernaba. Al respecto escribe historiador británico Robin Lane Fox:

Una vez más, el contexto encaja perfectamente con la idea, dando a entender que la isonomía era un término para indicar la libertad tras el resentimiento provocado por la «esclavitud» de la tiranía. El valor principal de esta palabra probablemente fuera el de justicia igualitaria para todos los ciudadanos tras los favoritismos y caprichos personales de los tiranos; no era un concepto necesariamente democrático, pero podría llegar a serlo[5].

Por su parte el historiador Moses I. Finley (1912-1986) escribió:

Si hubiera que elegir un término como «estandarte»  de la democracia, finalmente victoriosa, sería la palabra isonomía, que tiene dos connotaciones diferentes. La predominante es «igualdad a través de la ley», sinónimo virtualmente «democracia», y por tanto empleada normalmente en el contexto de los derechos políticos[6].

En cuanto a la “igualdad ante la ley” Finley señala que nos introduce en otra esfera de comportamiento y nos recuerda un fragmento de las “Suplicantes” de Eurípides, específicamente el diálogo entre Teseo y el Heraldo. En este diálogo, Teseo muestra un profundo orgullo de que la tiranía fuese desconocida en su patria yque ningún extranjero encontraría ahí a un tirano. Teseo se jacta de que su patria es libre, gobernada no por una sola persona, sino que por el pueblo. Lo que más exalta Teseo de la democracia es la ley escrita, que se traduce en que el débil y el rico gozan de igual derecho y en donde el débil puede contestar al fuerte y el inferior vencer al superior. Ahora bien, Finleyseñala que no había que idealizar a Atenas y considerarla como una suerte utopía democrática. El autor toma como ejemplo el discurso de Demóstenes contra el rico y poderoso Midias,  quien frustró el proyecto de Demóstenes de preparar el coro masculino para las fiestas dionisíacas. Este suceso terminó en un juicio en el cual Midias nuevamente dejó sentir el peso de su influencia sobre los testigos e incluso sobre el mismo Midias a través de un pago monetario. Al respecto escribe el historiador:

El discurso de Demóstenes contra Midias ha puesto en apuros a los eruditos modernos. Lo han ignorado, rechazado, descartado, como i fuera un borrador de un discurso no pronunciado en un caso que nunca llegó a juzgarse; no por las pruebas del discurso en sí, sino…por la repugnancia en creer que tales cosas ocurrieran en la Atenas clásica y que un sinvergüenza rico quedara impune, y también por la resistencia a creer que el gran Demóstenes se hubiera degradado hasta el punto de dejarse comprar tan barato por Midias[7].

Más adelante añade Finley:

Atenas no era una Utopía. Allí cometían injusticias, tanto los individuos como los cuerpos oficiales…Dudo que sea posible hoy, con las pruebas disponibles, hacer una valoración aceptable, con todos los matices necesarios. Pero hay una esfera en la que podemos estar seguros de que la norma era la desigualdad, no igualdad, ante la ley. Me refiero a la ley de la deuda, que recaía pesada y unilateralmente sobre el deudor moroso[8].

Cabe aclarar que con esto, Finley no pretende dar a entender que la sociedad ateniense era víctima de la pura arbitrariedad, el capricho o la anarquía, pero ciertamente tampoco era una comunidad utópica, en el sentido de que se practicaba una democracia perfecta que luego fue olvidada y que debemos alguna vez recuperar.

Platón y Aristótles

Platón y Aristótles

Conforme el funcionamiento de la democracia se prolongó, esta adquirió su nombre propio, es decir, la democracia entendida como el gobierno del demos. Ahora bien, la mayor parte de los atenienses no habitaban permanentemente en la ciudad, ya que poseían tierras en otras partes del Ática. En cuanto a quienes realmente podían participar en política, estos representaban el 10% de la población. Tenemos que no todo fueron alabanzas hacia la democracia ya que hubo personajes como Platón, Aristóteles y Tucídides, quienes se mostraron escépticos frente a esta palabra y su significado en la práctica. Fue Platón el enemigo más declarado de esta forma de gobierno. Como explica Dunn, el odio de Platón hacia la democracia responde a varios factores como su origen social (provenía de una de las grandes familias atenienses)  y fue precisamente ese sector de la sociedad el que se vio dentro del bando perdedor producto de la adopción de la democracia como forma de gobierno. Otro factor pudo haber sido el destino de su maestro Sócrates, quien fue condenado por un régimen democrático, por su impiedad y por corromper a la juventud. Tal como escribió el Robin Lane Fox:

La condena de un anciano de setenta años gordinflón y excéntrico que había impartido sus enseñanzas en Atenas durante cuarenta viene a recordarnos que la democracia más perfecta del mundo no era liberal, tolerante ni partidaria de la libertad personal en todos los terrenos[9].

Platón era partidario del gobierno de los mejores, por ejemplo, señalaba a Glaucón que los filósofos eran los que debían estar a la cabeza del Estado, de manera que la autoridad pública y la filosofía debían ir de la mano. Para Platón, era el filósofo quien era capaz de captar las ideas en sí y no tomaba por real el mundo sensible, los datos otorgados por los sentidos. Otra característica del Estado platónico era que los ciudadanos estaban divididos en tres clases, basadas en tres sus funciones que, a su vez, se basan en sus aptitudes. Así, estaban aquellosque por naturaleza eran aptos para el trabajo, pero no para el gobierno. Estaban además aquellos que eran aptos para gobernar, pero sólo bajo el control y la dirección de otros y, por último, estaban quienes eran más aptos para los más altos deberes del hombre de estado.

En cuanto la concepción que Platón tenía de la democracia, escribe Dunn:

Platón hace muchas acusaciones contra el gobierno democrático y contra la forma de vida que se conforma a su derredor y que nace de él. En esencia lo considera un disolvente enloquecido de los valores, la decencia y el buen juicio; el gobierno de los tontos, los malvados; un ataque siempre potencialmente brutal y directo contra la posibilidad de una buena vida, vivida con otros en una escala comunitaria. El principio del gobierno democrático es la igualdad, el supuesto de que, cuando se trata de dar forma a una comunidad y ejercer poder, el juicio de todos merece tener tanto peso como el de cualquiera. Ese supuesto implica a su vez que una comunidad no puede tener una forma duradera, ni nada confiable en cuanto a las maneras en que el poder se ejerce en ella. Como Thomas Hobbes señaló 2000 años después, esto implica que no existe seguridad para nadie en una comunidad democrática, excepto por mera casualidad”[10].

En cuanto a Aristóteles, este fue más moderado en comparación con Platón. Dunn señala que para el Estagirita la democracia no era en sí una de las buenas forma de gobierno, ya que equivalía al gobierno que estaba solamente a favor de los pobres y no de la comunidad como un todo. Aristóteles estableció una distinción entre la “politeia” (gobierno constitucional) y la democracia. La politeia era distinta de la democracia ya que, en primer lugar, su compromiso estaba con el bien colectivo y no con las ventajas de un grupo específico por más numeroso que este fuese. En segundo lugar, el propósito de la politeia no era el de hacer cumplir la voluntad de unos sobre los otros a costa de estos últimos, sino que su propósito consistía en distribuir los poderes y las responsabilidades en consonancia con las capacidades. Lo que tenemos entonces es que Aristóteles establece una versión “sana” del gobierno de las multitudes y utilizó el término democracia para describir su versión patológica. Continúa explicando Dunn:

Para Aristóteles, la politeía…era democracia gustada, mientras que la demockratia…era la democracia profundamente despreciada. La palabra misma no sólo cargaba una marca negativa; con mayor insistencia, estaba marcada por un conjunto de pensamientos que explicaban de forma muy evocadora las razones precisas por las que era merecedora de dicha sospecha. En el vocabulario final de Aristóteles, aquel que finalmente entregaría a la Europa medieval y, por lo tanto, al entendimiento moderno de la política, la democracia era una forma de gobierno que simplemente no buscaba el bien común. Era un régimen de intereses desnudosde grupo, dedicado sin remordimientos a servir a los muchos a costa de los ricos, los mejores, los más elevados…La democracia no era sólo violenta, inestable y amenazadora para quienes ya tenían riquezas, poder o incluso para quienes los pretendían, era, eso enseñó Aristóteles a varios siglos de oradores europeos, por completo malintencionada y desprestigiada en sí misma”[11].

Con el advenimiento de Roma, la palabra democracia quedo en desuso, ya que hay que tener en consideración que no era una palabra latina, pero también, añade Dunn, no pertenecía al pensamiento romano, esto es, no expresaba lo que los romanos entendían por política.

No es que la palabra populus (pueblo) sea una mala traducción de la palabra griega demos, ni que los romanos no concibieran al populus romano como la fuente últimade la ley romana y, por lo tanto, de la autoridad política en Roma; tan sólo es que nunca concibieron que el pueblo romano gobernara directamente, sin trabas y dentro de un marco de autoridad que siempre pudiera revisar. La unidad de la autoridad política en las inscripciones públicas romanas (de las que hay muchas) era el Senado y el Pueblo Romano (Senatus Populusque Romanus: SPQR). En esa fórmula (y, por supuesto, no sólo en ella), el Senado estaba primero”[12].

 

[1] John Dunn, Libertad para el pueblo. Historia de la democracia (México: FCE, 2014), 25.

[2] Ibid., 28.

[3] Ibid., 30.

[4] Giovanni Sartori, op. cit., 344-345.

[5] Robin Lane Fox, El mundo clásico. La epopeya de Grecia y Roma (España: Editorial Crítica, 2007), 132.

[6] M. I. Finley, La Grecia antigua (España: Editorial Crítica, 2000), 112.

[7] Ibid., 113.

[8] Ibid., 114.

[9] Robin Lane Fox, op. cit., 224.

[10] Ibid., 73.

[11] Ibid., 80-81.

[12] Ibid., 87,