El Estado (2): Introducción al concepto (por Jan Doxrud)

El Estado (2): Introducción al concepto (por Jan Doxrud)

¿Puede el poder del Estado extenderse ilimitadamente? En la teoría y la practica la respuesta es afirmativa, y esto lo hemos visto en el caso del nacional-socialismo en Alemania y los socialismo reales. Pero el poder del Estado puede ser limitado y es aquí donde entra en escena el concepto de Estado de Derecho. La doctrina del “Estado de Derecho” significó, básicamente, que el poder se sometió al Derecho, de manera que el mismo Estado se encuentra sometido también a las leyes. El Estado de Derecho debe descansar sobre principios tales como el imperio de la ley, división (e independencia) de los poderes del Estado, la legalidad de los actos de la administración y el respeto de derechos y libertades fundamentales. Por ende, para que un Estado sea efectivamente un Estado de Derecho no basta con que esté dotado de un ordenamiento jurídico, sino que se deben respetar también los derechos fundamentales de los seres humanos. Por lo tanto, debemos desterrar cualquier idea que eleve al Estado como un gran todo que absorbe a las distintas individualidades. Aquí conviene recurrir a las ideas del intelectual católico francés Jacques Maritain (1882-1973) quien era claro al señalarque el Estado era tan solo una parte del cuerpo político, cuyo peculiar objeto consistía en mantener la ley, promover la prosperidad común y el orden público, y administrar los asuntos públicos. El Estado era, para Maritain, una parte especializada de los intereses del todo. Más importante aún es que el Estado no era para el intelectual francésuna suerte de hombre o un grupo de hombres. Añadía que el Estado no era la “suprema encarnación de la idea”, tal como lo aseveraba G. W. FHegel. En pocas palabras, el Estado no era una suertede superhombre colectivo para Maritain.  Para el autor, el Estado era sencillamente un conjunto de instituciones que se combinaban con el objetivo de formar parte de una maquina reguladora que ocupaba la cúspide de la sociedad

Otro punto que quisiera aclarar esque puede darse el caso de que existan naciones sin Estado, como es el caso de los kurdos, pero no puede darse el caso inverso, esto es, un Estado sin nación (aunque esto tampoco es seguro). Como señalé en un artículo sobre el nacionalismo, tenemos que existen quienes defienden la idea de que un Estado puede constituirse antes de que existiese un sólido sentido nacional, tal como lo explicaba Erich Hobsbawm a través de un parlamentario que se dirigía al primer pleno del Parlamento del nuevo reino de Italia: “hemos creado Italia, ahora hemos de crear italianos”.

                                                      Una nación sin Estado

                                                      Una nación sin Estado

Cuando se habla de “nación”, se hace referencia a una agrupación de personas que se constituye a partir de sus costumbres y tradiciones, de manera que existe una autoconciencia de que se comparten lazos culturales, como la lengua, la religión y una historia en común. Desde este punto de vista, la nación difiere de otro elemento del Estado, me refiero al concepto de población, que hace alusión al número de habitantes dentro de un territorio determinado. Se puede dar también el caso de que el Estado no esté formado por una nación, sino que por múltiples, como es el caso del Estado Plurinacional de Bolivia. Hecho esta breve introducción, examinemos ahora el estudio de este concepto que han realizado diversos autores.

A pesar de las discusiones en torno al concepto de Estado, se suelen distinguir diferentes formas de Estado utilizando dos criterios. El primero es el criterio histórico en virtud del cual se establece la siguiente secuencia cronológica: Estado feudal, Estado estamental, Estado absoluto y Estado representativo. El segundo criterio es aquel que toma en consideración la mayor o menor expansión del Estado frente a la sociedad, por lo que tendremos un Estado liberal, donde prevalece el imperio de la ley, así como la división e independencia de los poderes del Estado, y los Estados socialistas, caracterizados por un enorme aparato burocrático, la planificación central de la economía y el férreo control de la vida de los ciudadanos. Cabe precisar que pueden existir Estados NO socialistas que cumplen en gran medida con la descripción anterior, como es el caso de los Estados teocráticos. Un caso particular es el Estado Vaticano, que opera como una monarquía controlada por una pequeña elite y que, además, posee la particularidad, desde un punto de vista demográfico, de tener una natalidad nula, de manera que el Estado Vaticano viene a representar un Estado particular que se aleja de las teorizaciones clásicas del Estado, donde la población es un componente esencial de este.

Interpretación ortodoxa o clásica del Estado

 Comenzaremos nuestro examen del Estado con lo expuesto por Max Weber (1864-1920) en su voluminosa obra “Economía y Sociedad”. ¿Por qué comenzar por Weber? Por la simple razón que su definición de Estado ha sido la más influyente, la que ha ejercido una enorme influencia en los estudios posteriores sobre el Estado. En su obra, Weber analiza el surgimiento del Estado racional que es un fenómeno propio de Occidente y que, por lo demás, es el único en el que puede prosperar el capitalismo moderno.

Sin embargo, aquello que en contraste con dichas formas capitalistas remotas de lucro es específico del capitalismo moderno, o sea la organización estrictamente racional del trabajo en el terreno de la técnica racional, no se ha originado en parte alguna– ni podía originarse –  en el marco de aquellos organismos estatales de construcción irracional. Porque, para ello, estas formas de empresa moderna, con su capital fijo y su cálculo exacto, son demasiado sensibles frente a las irracionalidades del derecho y de la administración. Así, pues, sólo podía originarse: 1) allí donde, como en Inglaterra, la elaboración práctica del derecho se hallaba efectivamente entre las manos de abogados, los cuales, en interés de sus clientes, esto es, de elementos capitalistas, ideaban las formas adecuadas de los negocios, y de cuyo gremio salían luego los jueces, ligados estrictamente a los «precedentes», o sea a esquemas calculables. 2) O bien allí donde el juez, como en el Estado burocrático con sus leyes racionales, es más o menos un autómata de párrafos, al que se le dan desde arriba los autos, con los costos y las tasas, para que emita hacia abajo la sentencia con sus fundamentos más o menos concluyentes, es decir, en todo caso, un funcionamiento que en conjunto puede calcularse[1].

                             Max Weber

                             Max Weber

Tal Estado racional del que habla el sociólogo e historiador alemán se funda en la burocracia profesional y en el derecho racional. El sistema económico que operó a favor del engrandecimiento del poder de tal Estado fue el mercantilismo o el capitalismo monopolista de Estado. Al respecto escribe Weber:

“Mercantilismo significa el paso de la empresa capitalista de utilidades a la política. El Estado es tratado como si constara única y exclusivamente de empresas capitalistas; la política económica exterior descansa en el principio dirigido a ganar la mayor ventaja posible al adversario: a comprar lo más barato posible y a vender a precios mucho más caros. El objeto consiste en reforzar el poder de la dirección del Estado hacia fuera. Mercantilismo significa, pues, formación moderna de poder estatal, directamente mediante aumento de los ingresos del príncipe, e indirectamente mediante aumento de la fuerza impositiva de la población[2].

Weber explica que, desde un punto de vista sociológico, tanto una asociación política, y en particular el Estado, no se pueden definir por el contenido de lo que hacen. En el caso del Estado moderno este sólo puede definirse, desde un punto de vista sociológico, a partir de un medio específico que le es propio: el de la coacción física. Aquí entra en escena la definición de Weber de Estado, que tendrá una poderosa trascendencia en el los estudios posteriores del mismo. El sociólogo recuerda las palabras del líder bolchevique León Trotsky cuando afirmó en Brest-Litovsk que todo Estado se fundamentaba en la fuerza. Weber señala que esto es efectivo, ya que si sólo hubiesen subsistido construcciones sociales que ignoraran la coacción como medio, entonces el concepto de Estado hubiera desaparecido y hubiese prevalecido la anarquía. En resumen, tenemos que para Max Weber el Estado es “aquella comunidad humana que en el interior de un determinado territorio reclama para sí (con éxito) el monopolio de la coacción física legítima[3]. Más adelante añade el autor:

El Estado, lo mismo que las demás asociaciones políticas que lo han precedido, es una relación de dominio de hombres sobre hombres basada en el medio de la coacción legítima (es decir: considerada legítima). Así, pues, para que subsista es menester que los hombres dominados se sometan a la autoridad de los que dominan en cada caso[4].

La política sería para Weber la aspiración a la participación en el poder o la influencia sobre la distribución del poder, ya sea entre Estados, así comoen el interior de un Estado. Continúa explicando el autor que el verdadero dominio dentro del Estado moderno consiste en el manejo diario de la administración, que se encuentra necesariamente en manos de la burocracia, tanto militar como civil. Weber insiste en la conexión entre el nacimiento y desarrollo del Estado moderno y el desarrollo del capitalismo:

Pero también históricamente, el «progreso» hacia lo burocrático, hacia el Estado que juzga y administra asimismo conforme a un derecho estatuido y a reglamentos concebidos racionalmente, está en la conexión más íntima con el desarrollo capitalista moderno. La empresa capitalista moderna descansa internamente ante todo en el cálculo. Necesita para su existencia una justicia y una administración cuyo funcionamiento pueda calcularse racionalmente, por lo menos en principio, por normas fijas generales con tanta exactitud como puede calcularse el rendimiento probable de una máquina[5].

¿Qué hay de otras organizaciones políticas no occidentales? Weber señala que durante el “antiguo régimen” en China, dominaba la figura del mandarín que era más bien un literato de formación humanista. Añade que el mandarín no se encontraba preparado en lo más mínimo para la administración e ignoraba todo en lo que respecta a la jurisprudencia. Así, el mandarín era para Weber ante todo un calígrafo que sabía hacer versos, conocía la literatura multisecular de los chinos y está en condiciones de interpretarla. Tenemos que tal funcionario no administra él mismo, sino que la administración recae en manos de los secretarios de cancillería. Continúa explicando Weber:

El monarca no disponía de juristas, y la lucha de las distintas escuelas filosóficas acerca de cuál de ellas formaba a los mejores estadistas permanecía indecisa, hasta que finalmente triunfara el confucianismo ortodoxo. También la India contaba con escritores, pero carecía de juristas. En cambio, el Occidente disponía de un derecho formalmente estructurado, producto del genio romano, y los funcionarios formados a base de dicho derecho se revelaron, en cuanto técnicos de la administración, como superiores a todos los demás. Desde el punto de vista de la historia económica, este hecho adquirió importancia, porque la alianza entre el Estado y la jurisprudencia formal había de favorecer al capitalismo[6].

La exposición del Estado que realiza Weber se refiere exclusivamente al Estado occidental-europeo, marginando así a otras formas de organización política. Han existido estudios posteriores que han retomado en alguna medida las ideas de Weber. Un ejemplo de ello es la del sociólogo Norbert Elias (1897-1990) quien aborda el proceso de la formación de dos monopolios: el de la violencia física y el de la recaudación de impuestos. Como explica Pierre Bourdieu, estos dos monopolios representan dos caras de una misma moneda, ya que la violencia y el financiamiento del Estado dependen de la recaudación de impuestos y la recaudación de impuestos implica violencia, por ejemplo la imposición de pagos a poblaciones sometidas. Los impuestos, como su mismo nombre lo indica, no son voluntarios y es por ello, como lo destaca Peter Sloterdijk, que son completamente antidemocráticos. Este monopolio encarnado en el Estado habría sido el resultado de un proceso similar al de la monopolización fruto de la competencia entre empresas. Más adelante volveré a Norbert Elias.

[1] Max Weber, Economía y Sociedad (España: FCE, 2002), 1062.

[2] Ibid., 1053.

[3] Ibid., 1056.

[4] Ibid.

[5] Ibid., 1061-1062.

[6] Ibid., 1050.