2/2-Marx, Engels, Lenin: la transición al comunismo (por Jan Doxrud)

Marx, Engels, Lenin: la transición al comunismo (2) (por Jan Doxrud)

Para Lenin no existe rastro alguno de utopismo en las ideas de Marx, ya que sus enseñanzas se fundamentan en la experiencia de la Comuna y, por lo tanto, en un proceso histórico-natural que nos muestra cómo nace una nueva sociedad a partir de una vieja. El líder bolchevique aclara, y en oposición a los anarquistas, que la abolición de  la burocracia no puede ocurrir de golpe, ya que sería una utopía. Esto es un proceso gradual que implica a su vez la construcción de algo nuevo que sustituya la antigua maquinaria burocrática. Hay que someterse, continúa Lenin, a la vanguardia armada de los explotados y trabajadores, es decir, hay que subordinarse al proletariado. En cuanto a la administración jerárquica de los funcionarios del Estado, esta debe sustituirse por las simples funciones de “inspectores y contables”. La gran producción debe ser organizada por los mismos obreros a partir de lo que ya ha sido creado por el sistema capitalista, pero utilizando la experiencia vivida por trabajadores, imponiendo una disciplina férrea y rigurosa, donde los funcionarios públicos son reducidos al papel de simples ejecutores de las directivas de los trabajadores. Lenin acepta la analogía de un socialdemócrata el cual señaló que el sistema de correo era un modelo de economía socialista. El correo, señala Lenin, es un ejemplo de un monopolio capitalista de Estado donde una burocracia burguesa asume el poder y lo ejerce violentamente sobre la clase trabajadora. Pero tal situación puede y debe cambiar, explica el líder bolchevique, y consiste en destruir la resistencia de los explotadores y la máquina burocrática del Estado moderno. En palabras del pensador ruso:

Organizar toda la economía nacional como lo está el correo, para que los técnicos, los inspectores, los contables y todos los funcionarios en general perciban sueldos que no sean superiores al «salario de un obrero», bajo el control y la dirección del proletariado armado: ése es nuestro objetivo inmediato. Ese es el Estado que necesitamos y la base económica sobre la que debe descansar. Eso es lo que darán la abolición del parlamentarismo y la conservación de las instituciones representativas; eso es lo que librará a las clases trabajadoras de la prostitución de estas instituciones por la burguesía[1].

                                                            Lenin, Engels y Marx

                                                            Lenin, Engels y Marx

Otro punto relevante es que Lenin rechaza el federalismo como forma de organización y, al igual que Marx, apoya la centralización del poder. En esto, afirma Lenin, Marx difiere de Prouhdon, ya que Marx es centralista. Engels, en su critica al Programa de Erfurt (14 al 21 de octubre de 1891), expresa su opinión en relación al tema del federalismo. El Programa de Erfurt fue un programa adoptado por el Partido Socialdemócrata alemán bajo la guía de influyentes intelectuales como Eduard Bernstein (1850-1932), Karl Kautsky (1854-1938) y Eduard Bebel (1840-1913). Dentro de los numerosos puntos acordados, llama la atención el abandono de la lucha violenta como método de acabar con el capitalismo a favor de la vía legal. En relación al tema del federalismo, Lenin señala que para Alemania esto significaría un retroceso y defiende en su lugar el centralismo democrático y la república única e indivisible. Consideraba que países como Estados Unidos y Canadá constituían un ejemplo de cómo se debe organizar la autonomía y cómo se puede prescindir de la burocracia. Añade el bolchevique que lo que pretendía Marx era organizar la unidad de la nación para oponer el centralismo consciente , democrático y proletario, al “centralismo burgués”, militar y burocrático. Se puede apreciar que no se pretendía destruir la unidad de la nación, ya que de lo que se trataba, como lo expresó Marx, era de “organizarla mediante un régimen comunal, convirtiéndola en una realidad al destruir el Poder del Estado, que pretendía ser la encarnación de aquella unidad, independiente y situado por encima de la nación misma, en cuyo cuerpo no era más que una excrecencia parasitaria…”[2].

En fin, la experiencia de la Comuna fue crucial tanto para Marx como para Lenin. La Comuna representó el primer intento de una revolución genuinamente proletaria de sacudirse del yugo del capital y de la máquina estatal burguesa. De acuerdo a Lenin, las revoluciones de 1905 y 1917 en Rusia prosiguieron, en otras circunstancias y bajo condiciones diferentes, la obra de la Comuna, y habrían confirmado los geniales análisis de Marx. Cabe también destacar las diferencias entre el marxismo-leninismo y los anarquistas. En lo que coinciden ambas corrientes ideológicas, señala Lenin, es en la meta, es decir, que el Estado debe desaparecer.

Pero Lenin agrega, y aquí discrepa de los anarquistas, que para alcanzar esa meta se hace necesario emplear temporalmente los instrumentos y métodos del poder contra la clase explotadora. En una carta al socialdemócrata August Bebel, Engels critica conceptos tales como “Estado libre” o “Estado popular”. El Estado libre lo entiende como uno libre respecto a sus súbditos, por lo que se trata en realidad de un despotismo. Añade Engels que mientras el proletariado necesite al Estado, no es en interés de la libertad, sino que es para someter a sus enemigos de clase, y que tan pronto se pueda hablar de libertad, entonces el Estado habrá dejado de existir.

Lenin rechaza también el “antiautoritarismo” de los proudhonianos, esto es, el rechazo de toda subordinación, autoridad y poder. El mismo Engels aseveraba si acaso no era necesario cierta subordinación, autoridad y poder para hacer funcionar una fábrica, un barco en alta mar o un ferrocarril. Como escribió Engels, una revolución es la cosa más autoritaria que existe,

es el acto mediante el cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte por medio de fusiles, bayonetas y cañones, medios autoritarios si los hay; y el partido victorioso, si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por el terror que sus armas inspiran a los reaccionarios[3].

Otro punto de discordia es que los anarquistas pretendían abolir el Estado de un plumazo, incluso antes de haber destruido las relaciones sociales que le dieron nacimiento.

Un aspecto interesante del pensamiento de Engels y de Lenin consiste en que la destrucción del Estado significaba también la destrucción de la democracia. Más adelante añade Lenin que la democracia no es idéntica a la subordinación de la minoría a la mayoría:

Democracia es el Estado que reconoce la subordinación de la minoría a la mayoría, es decir, una organización llamada a ejercer la violencia sistemática de una clase contra otra, de una parte de la población contra otra[4].

La sociedad capitalista, de acuerdo a Lenin, ofrece una democracia más o menos completa en el sentido de que es una democracia, peropara una minoría, esto es, para las clases explotadoras. Así, Lenin concluye que en la sociedad capitalista se tiene “una democracia amputada, mezquina, falsa, una democracia solamente para los ricos, para la minoría[5]. En otro pasaje de su escrito explica que la democracia es una forma de Estado, una de las variedades del Estado, lo que se traduce en que la democracia representa, como todo Estado, la aplicación sistemática y organizada de la violencia sobre los seres humanos. A esto añade que lo que los socialistas proponen (al menos los seguidores de Lenin) es la destrucción del Estado, el establecimiento del socialismo y la conversión de este último en comunismo, fase en donde ya no existirá violencia alguna entre las personas ni relaciones de subordinación. De acuerdo a Marx, entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media un período de transformación revolucionaria de la primera a la segunda, es decir, el paso del capitalismo al comunismo no es de golpe, ya que se tiene que atravesar por una fase de transición que será liderada por la dictadura del proletariado, encargada de eliminar los últimos vestigios de la clase explotadora. La dictadura del proletariado es la organización de la vanguardia de los oprimidos en clase dominante para aplastar a los opresores y restringir las libertades de estos mismos. La verdadera libertad vendrá una vez que hayan desaparecido todas las clases sociales, sólo ahí desaparece el Estado y podrá hablarse de una libertad genuina. Incluso la democracia se extingue ya que, como explica Lenin, una vez que las personas se ven liberadas de la esclavitud capitalista, los integrantes de la sociedad se habituarían poco a poco a observar las reglas elementales de convivencia, conocidas a lo largo de los siglos y repetidas desde hace miles de años. Pero como señalé anteriormente, el paso de la sociedad capitalista a una sociedad comunista requiere de un período de transición en que será necesario ejercer la violencia por medio del aparato estatal. Ahora bien, en este cambio de una sociedad a otra, Marx distingue dos fases de la sociedad comunista. La primera fase es aquella sociedad comunista que acaba de salir de la entraña del capitalismo y que aún lleva en todo sus aspectos el sello de la sociedad antigua. En esta fase, de todo el trabajo social y de toda la sociedad se descontaría un fondo de reserva, un fondo para ampliar la producción, para reponer las máquinas gastadas, gastos en administración, hospitales, etc. En esta fase, los medios de producción han dejado de ser propiedad privada de los individuos para pasar a ser propiedad de toda la sociedad. Continúa explicando Lenin:

Cada miembro de ésta, al ejecutar una cierta parte del trabajo socialmente necesario, obtiene de la sociedad un certificado acreditativo de haber realizado tal o cual cantidad de trabajo. Por este certificado recibe de los almacenes sociales de artículos de consumo la cantidad correspondiente de productos. Deducida la cantidad de trabajo que pasa al fondo social, cada obrero recibe, pues, de la sociedad tal como lo entrega[6].

Pero sucede que durante la primera fase del comunismo aún no se puede proporcionar justicia ni igualdad, ya que subsisten la riqueza y diferencias injustas. El “derecho burgués” no es suprimido por completo, y esto se percibe especialmente en la regulación de la distribución de los productos, así como la distribución del trabajo entre los miembros de la sociedad. Pasemos a examinar la fase superior de la sociedad comunista donde el derecho burgués es completamente suprimido y en donde el Estado finalmente se extingue, y junto a ello, se conquista la “verdadera libertad”. En esta fase superior desaparece también la diferencia entre trabajo manual y trabajo intelectual, una de las fuentes más importantes de la desigualdad moderna, de acuerdo a Marx. Por su parte Marx aseveraba que en esta fase superior de la sociedad comunista, desaparecería la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo. En tal escenario la sociedad podría escribir en su bandera: “De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades”. Lenin añade a esta aseveración de Marx:

“La distribución de los productos no requerirá entonces que la sociedad regule la cantidad de ellos que reciba cada uno; todo hombre podrá tomar libremente lo que cumpla a «sus necesidades»”[7].

Lenin defiende esta idea ante quienes la tildan de utópica. Esta conocida fórmula de Marx que se vería en las banderas de las sociedades comunistas representa para Lenin la conquista de la igualdad de hecho y no la conquista de una libertad meramente formal.

En resumen, y siguiendo las ideas del revolucionario marxista español Andrés Nin (1892-1937) en su escrito “La concepción marxista del poder y la revolución española” (1937), tenemos los siguientes 7 puntos

1. “El Estado es un instrumento de coerción puesto al servicio de la clase dominante, con objeto de oprimir a las otras clases.

2. Mientras existan clases, existirá el Estado y, por tanto, no se puede ”acordar” ni «decretar» su abolición.

3. El proletariado, si quiere defender sus intereses, ha de luchar por la conquista del poder, que utilizará para crear una nueva sociedad sin clases.

4. Para quebrantar la resistencia de la burguesía — las clases explotadoras no han renunciado resignadamente a sus privilegios — y emprender la organización de la sociedad sobre bases socialistas, el proletariado, al tomar el poder, tiene necesidad de instaurar, transitoriamente, su dictadura de clase. Este período de transición entre el capitalismo y el comunismo es inevitable. Sin él, la emancipación de los trabajadores es imposible. 

5. La clase obrera no puede limitarse a tomar en sus manos la máquina del Estado y ponerla en marcha tal como es, para sus propios fines” sino que debe destruirla creando sus propios órganos. (Ejemplo que puede servir de orientación: la ”Commune” de París.)”[8].

6. Desaparecidas las clases, el Estado propiamente dicho desaparece asimismo, para ceder el sitio a instituciones puramente administrativas. ”El gobierno de los hombres es sustituido por la administración de las cosas.” 

7. Es condición indispensable, para que el proletariado pueda cumplir su misión histórica, que se organice en partido de clase, independiente de los demás y con una política independiente de clase.

Posteriormente los marxistas continuarían elaborando y desarrollando teorías en torno al Estado. El teórico marxista francés, Louis Althusser (1918-1990), siguiendo a Marx, señalaba que la estructura de la sociedad se encontraba ordenada por niveles articulados por una determinación específica, vale decir, la infraestructura o base económica (la unidad de fuerzas productivas y relaciones de producción) y la superestructura, que comprendía dos niveles, siendo el primero el jurídico-político (el derecho y el Estado), y el segundo el ideológico (por ejemplo, las distintas ideologías, religiosas, morales, o políticas). En el caso deAlthusser tenemos que asigna una relativa autonomía a la superestructura en relación a la base real. El autor también se aleja del “marxismo ortodoxo”, ya que sigue la línea de pensamiento de Gramsci en lo que se refiere al rol del Estado en la sociedad. Althusser añadía, aparte de la distinción entre poder de Estado y aparato de Estado, otra realidad que se encontraba junto al aparato represivo de Estado y que son los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE).

Althusser y Gramsci: dos autores de influencia en la izquierda actual

Althusser y Gramsci: dos autores de influencia en la izquierda actual

Así tenemos que, aparte del ejército, policías o tribunales, existen estos denominados AIE tales como el aparato escolar, religioso, sindical, cultural y los comunicacionales. La diferencia fundamental entre el aparato represivo del Estado y el AIE es que el primero actúa mediante la violencia y el segundo por medio de la ideología. Así, de acuerdo a lo anterior, para Althusser el Estado y sus aparatos tienen solamente sentido desde la óptica de la lucha de clases. El Estado es un aparato de lucha de clases que perpetúa la opresión de clases, así como también también las condiciones de explotación.

Otro autor célebre de la izquierda es Antonio Negri para quien ser comunista es estar contra el Estado, ya que este último representa aquella fuerza “que organiza, siempre normalmente y sin embargo siempre excepcionalmente, las relaciones que constituyen el capital y disciplinan los conflictos entre los capitalistas y la fuerza laboral proletaria”[9]. Ser socialista es estar “contra lo público”, es decir, contra el Estado y las configuraciones nacionales de todas estas operaciones de alienación de la potencia de trabajo. El comunista, de acuerdo a Negri, debe ver en el Estado, así como en lo público, una forma de alienación y explotación del trabajo. Desde esta perspectiva, el comunismo es, por ende, enemigo de los socialismo reales que existieron en el siglo XX.  En otro escrito Negri, junto a Michael Hardt, dan a entender que en la era del neoliberalismo el Estado está lejos de haber retrocedido, ya que el proyecto neoliberal habría supuesto un aumento considerable del Estado desde el punto de vista del tamaño y de los poderes de intervención.

Así, el Estado no sólo no se transformó en un sujeto débil sino que se ha tornado en una entidad cada vez más presente y más fuerte.

 

[1] Ibid., 333.

[2] Ibid.

[3] Ibid., 342.

[4] Ibid., 358.

[5] Ibid., 364.

[6] Ibid., 366.

[7] Ibid., 369.

[8] Andrés Nin, La concepción marxista del poder y la revolución española (documento en línea: https://www.marxists.org/espanol/nin/1937/concepcion_marxista_del_poder.htm)

[9] Analía Hounie, comp., Sobre la idea de comunismo (Buenos Aires: Editorial Paidós, 2010), 158.