El comunismo y el mito de la proletariado (clase trabajadora) como redentora de la humanidad (por Jan Doxrud)

El comunismo y el mito de la proletariado  (clase trabajadora) como redentora de la humanidad (por Jan Doxrud)

1-Breves palabras sobre el proletariado

Es sabido que Marx señaló en el “Manifiesto comunista” que la historia de todas las sociedades es la historia de la lucha de clases, una narrativa simplista que sigue siendo atractiva por algunos sectores. Para el pensador alemán, la historia de la humanidad ha tenido como motor principal la lucha de clases, de manera que cada sociedad a lo largo de la historia, se ha caracterizado por el enfrentamiento entre dos grupos antagónicos: hombres libres vs esclavos (Antigüedad), patricios vs plebeyos (Roma), maestros (de un gremio) vs oficiales y, por último, el último gran enfrentamiento: burgueses vs proletarios. En la antigua Roma, el proletario pertenecía a la clase social más baja y, al no tener posesiones personales, su única utilidad era la de proveer su “prole” (hijos) al Imperio. Pero dentro de la cosmovisión de Marx o su filosofía de la historia, el proletariado es más que esto. La moderna sociedad burguesa es aquella que surgió de las ruinas de la sociedad feudal y que es fruto de un largo desarrollo: de la revolución industrial, del desarrollo de la industria y de los nuevos métodos de producción, así comode la apertura de los mercados. Por lo demás, esta “era de la burguesía” es la de la ciudad, de las grandes urbes, de manera que para Marx, la burguesía ha sometido el campo al dominio de la ciudad.

Es este papel revolucionario de la burguesía, el haber derrumbado la sociedad feudal,  lo que Marx destaca, pero el advenimiento de esta nueva era está lejos de marcar el final de las contradicciones o antagonismos sociales, puesto que, de acuerdo a Marx, sólo se han sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresión y las viejas formas de luchas por otras nuevas. Ahora bien, Marx sí destaca algo novedoso y es que, en la época de burguesía, se han simplificado las contradicciones de clase. Sobre el papel de la burguesía, escribió Marx:

“Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílicas. Las abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre a sus superiores naturales las ha desgarrado sin piedad para no dejar subsistir otro vínculo entre los hombres que el frío interés, el cruel pago al contado”[1].

 Más adelante añade:

“La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente, las relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales (…) Una revolución continua en la producción, una incesante conmoción en todas las condiciones sociales, una inquietud y un movimiento constantes distinguen la época burguesa de todas las anteriores (…) Todo lo estamental y estancado se esfuma; ; todo lo sagrado es profanado”[2].

"El Cuarto Estado" (proletariado), óleo de Giuseppe Pellizza da Volpedo (1901) Museo del Novecento, Milán.

"El Cuarto Estado" (proletariado), óleo de Giuseppe Pellizza da Volpedo (1901) Museo del Novecento, Milán.

¿Y que hay del proletariado? Tenemos que la época de la burguesía es una de contradicciones, puesto que contiene luces y sombras. Por un lado la las ciudades se expanden, el comercio se extiende, la producción aumenta y la naturaleza parece cada vez más sometida a los progresos de la ciencia. Por otro lado, los antagonismos de clases se acentúan, fruto de la cada vez mayor explotación de una gran masa de trabajadores. El desarrollo de la sociedad burguesa va de la mano con la formación y desarrollo del proletariado “la clase de los obreros modernos, que no viven sino a condición de encontrar trabajo, y lo encuentran únicamente mientras su trabajo acrecienta el capital[3]. Más adelante añade Marx:

“Estos obreros, obligados a venderse al detalle, son una mercancía como cualquier otro artículo de comercio, sujeta por lo tanto, a todas las vicisitudes de la competencia, a todas las fluctuaciones del mercado”[4].

Ahora bien, sucede que el proletario – transformado en una mercancía más que se tranza en el mercado y que es comprada por el capitalista – se transformará en el sepulturero tanto de la burguesía como del sistema capitalista de producción, lo que lleva a Marx a señalar que “la burguesía proporciona a los proletarios los elementos de su propia educación, es decir, armas contra ella misma”. Ahora llegamos a un aspecto crucial dentro de las ideas de Marx y es el hecho de que es precisamente el proletariado la clase elegida para llevar a cabo la revolución que destruirá al capitalismo y hará transitar la sociedad hacia un sistema social si clases. De acuerdo a Marx el proletariado es una clase “verdaderamente revolucionaria” y es la única que se mantiene, es decir, no se degenera ni desaparece, fruto de los vertiginosos cambios de la sociedad industrial. La situación del proletariado en la sociedad burguesa se hace insostenible de manera que la única salida es que el proletariado, como clase explotada universal y, a su vez, como la clase redentora universal, se levante en contra de la burguesía y el gran capital. En palabras de Marx:

“El obrero moderno (…) lejos de elevarse con el progreso de la industria, desciende más y más por debajo de las condiciones de vida de su propia clase.  El trabajador cae en la miseria, y el pauperismo crece más rápidamente todavía que la población y la riqueza. Es, pues, evidente que la burguesía ya no es capaz de desempeñando el papel de clase dominante de la sociedad ni de imponer a ésta, como ley reguladora, las condiciones de existencia de su clase. No es capaz de dominar porque no es capaz de asegurarle a su esclavo la existencia (…) La sociedad ya no puede vivir bajo su dominación; lo que equivale a decir que la existencia de la burguesía es, en lo sucesivo, incompatible con la sociedad”[5].

Pasemos rápidamente a examinar la relación entre el proletariado y su rol revolucionario-redentor, y el comunismo. De acuerdo a Marx, los comunistas no constituyen un partido a parte de los demás movimientos obreros. En lo que sí se diferencia es que los comunistas trascienden el nacionalismo proletario para poner el énfasis en lo que la clase proletaria como tal – independiente de su nacionalidad – tiene en común. Fuera de esto, Marx explica que los comunistas constituyen el sector más resuelto de los partidos obreros de todos los países, aquel que siempre impulsa a los demás hacia delante. El objetivo central del movimiento comunista – y del proletariado – es la abolición de la “propiedad burguesa” que es “la última y más acabada expresión del modo de producción y apropiación de lo producido basado en los antagonismos de clase, en la explotación de unos por los otros”[6]. La lógica detrás de esto es sencilla: el capital es un producto social, vale decir, es fruto del esfuerzo de la sociedad en su conjunto, de manera que resulta injusto que la riqueza sólo sea apropiada “personalmente” por una clase (la burguesía). De acuerdo a esto, Marx señala que la propiedad debe ser transformada en propiedad colectiva, pertenecientes a todos los miembros de la sociedad y no a una clase en particular.

Este es, pues, el objetivo de la revolución comunista y el primer paso de la revolución obrera, señala Marx, es elevar al proletariado al estatus de clase dominante:

“El proletariado se valdrá de la dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante, y para aumentar con la mayor rapidez posible la suma de las fuerzas productivas”[7].

 

2-Pero, ¿dónde se encuentra el proletariado?

Raymond Aron se refirió a todo lo anteriormente descrito como “el mito del proletariado”. El concepto de mito lo podemos entender tal como lo define la RAE, esto es, como una narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Ciertamente el relato marxista no acontece fuera del tiempo histórico, pero sin duda el proletariado adquiere un carácter heroico y cuasidivino. En palabras de Aron:

“La escatología marxista atribuye al proletariado el papel de un salvador colectivo. Las expresiones que emplea el joven Marx no dejan lugar a dudas sobre los orígenes judeocristianos del mito de la clase elegida por su sufrimiento para el rescate de la humanidad. Misión del proletariado, el fin de la prehistoria gracias a la Revolución, el reino de la libertad, se reconoce sin esfuerzo la estructura del pensamiento milenarista: el Mesías, la ruptura, el reino de Dios”[8].

Ahora bien, el problema que destaca Aron es la falta de claridad y precisión en torno al concepto mismo de proletariado o de “clase trabajadora”, es decir, podemos contentarnos con designar a este sujeto como aquel que trabaja con sus manos en la fábrica a cambio de un salario pero, ¿es esto suficiente? Hay muchas clases de asalariados, desde los que trabajan en las minas, en las fábricas hasta, ene estudios de moda y de abogados, hasta aquellos que trabajan con ideas en Silicon Valley. ¿Es acaso sostenible defender una suerte de “esencia del proletariado o clase trabajadora” de la cual participan todos los trabajadores?

Si para Marx, la religión era el "opio del pueblo", para Aron, la revolución y y el papel redentor del proletariado de la izquierda era el opio de los intelectuales.

Si para Marx, la religión era el "opio del pueblo", para Aron, la revolución y y el papel redentor del proletariado de la izquierda era el opio de los intelectuales.

Pero si no existe una “esencia proletaria”, sila “clase trabajadora” no es más que un invento”, un concepto vacío de cualquier contenido (o al cual se le puede verter cualquier contenido) que podrá tener coherencia y consistencia dentro del sistema marxista, pero que fuera de este no representa nada en la realidad, entonces ¿quién es el sujeto redentor dentro del marxismo? ¿Acaso la clase trabajadora constituye un bloque homogéneo con los mismos intereses y que actúan coordinadamente en base a estos? Entonces, ¿por qué razón durante la primera guerra mundial los trabajadores lucharon unos contra otros imbuidos por el espíritu nacionalista? ¿Por qué razón los sindicatos de trabajadores presionan a los gobiernos para que establezcan barreras para bienes que son elaborados por trabajadores pertenecientes a otros países? ¿Por qué razón los sindicatos pertenecientes a distintos rubros no sol solidarios entre sí? ¿Por qué razón algunos trabajadores se oponen a las nuevas tecnologías y exigen a los gobiernos que establezcan trabas a las nuevas innovaciones, arruinando también así potenciales puestos de trabajo?

En síntesis, ¿alguien ha visto alguna vez al “proletario” de Marx y Lenin? ¿Qué hay de los miles de trabajadores rurales que murieron bajo el régimen soviético? ¿Acaso no participaban de aquella esencia inmutable y esencial que es el proletariado marxista? ¿Acaso debe ser el proletariado, forzosamente, “revolucionario” (en el sentido comunista del término) a riesgo de que, al no ser así, su destino es ser exterminado? Lenin tuvo que probar una dosis de “realidad” y darse cuenta que el proletariado es cualquier cosa menos intrínsecamente revolucionario y por ello tuvo que tomar las riendas de la revolución junto a la vanguardia del partido, puesto que del proletariado, al menos de manera espontánea, nada había que esperar.

El arte al servicio de la revolución: Lenin con trabajadores urbanos y campesinos

El arte al servicio de la revolución: Lenin con trabajadores urbanos y campesinos

El proletariado (la clase trabajadora) resulta ser más bien una creación de intelectuales burgueses de izquierda, similar a esa otra ficción como la del “homo economicus” de la microeconomía neoclásica. En suma el proletariado, junto a la “clase trabajadora”, es una creación o constructor intelectual que emergido en la cabeza de algunos teóricos de la izquierda, creando así a un ser ficticio dotado de características que resultaban ser útiles y convenientes para sus propias teorías, pero resulta ser que la sociedad y los individuos que la componen resultan ser más complejos y no se dejan aprisionar por conceptos rígidos como el de “proletariado”. Eleconomista austriaco, Ludwig von Mises (1881-1973) señalaba que no existían esos presuntos “intereses comunes de clase”:

“Tampoco hay intereses comunes a todos los trabajadores asalariados. La idea de un trabajo homogéneo es tan quimérica como la idea de un trabajo universal. El trabajo del hilandero es diferente del trabajo del minero y del médico. Los teóricos del socialismo, para quienes la oposición de clases es infranqueable, se expresan, en general, como si existiera una especie de trabajo abstracto que cada uno estaría capacitado para desempeñar y como si el trabajo cualificado no se tomara en cuenta”[9].

Para Mises la competencia no se daba entre clases herméticamente cerradas, sino que se ocurría dentro de las clases, es decir que, en el caso de los trabajadores, estos compiten para mejorar su nivel de vida y el de sus familias y no buscan, por el contrario, vivir en un paraíso en donde un trabajador sea igual y tenga lo mismo que el otro. Más adelante añade Mises:

“Los intereses particulares de los diferentes grupos de trabajadores no son idénticos. Cada grupo tiene intereses diferentes, según la capacidad y conocimientos de sus miembros. El proletario no es, en virtud de su posición de clase, un conjunto homogéneo, como pretende el partido socialista; se convierte en tal sólo por intervención de la ideología socialista, que obliga a los individuos a que abandonen sus intereses particulares”[10].

Pasemos al enemigo dentro de la narrativa marxista-leninista. Este proletario explotado y alienado debe necesariamente dirigir su mirada – dentro de este maniqueísmo donde chocan dos fuerzas –  lo que es la fuente de todos sus males: el capitalismo. Toda explotación y alienación sólo puede darse en un sistema capitalista. Así se cae en lo que el historiador francés, Jean-Baptiste Duroselle (1917-1994) denunciaba como “exceso de generalización”, es decir, “todo los males se explican por la alienación y la explotación” y como la alienación y la explotación sólo pueden ocurrir (misteriosamente) en un sistema capitalista, entonces todos los males se reducen al régimen capitalista. Añadía Duroselle que el marxismo caía también en el exceso de estrechez, esto es, que sólo las situaciones ligadas al capitalismo generan alienación y explotación, de manera que si las personas son explotadas y viven en la miseria dentro de un régimen no capitalista (algo también misterioso) esto no constituiría ni alienación ni explotación. Lo mismo ocurre, añade Duroselle con Lenin y su uso y abuso del concepto de imperialismo:

“Asimismo, podemos observar el vigor con el cual el concepto de imperialismo fue deificado, en el sentido restringido que le dio Lenin. Multitud de fenómenos se explican por el imperialismo. No son imperialistas, por definición, más que los países que alcanzaron el estadio superior del capitalismo – fusión del capitalismo industrial y el capitalismo financiero. La URSS puede conquistar la mitad del mundo: la reificación del concepto le dará la razón, ya que no puede ser imperialista”[11].

En resumen, Duroselle advierte que la mente humana, en su búsqueda de explicaciones simples para explicar realidades complejas, tiende a caer en errores y en interpretaciones distorsionadas de la realidad. Las tres simplificaciones que inducen al error, sin excepción son:

1-Explicar una serie de acontecimientos a partir de un corto número de hombres, como por ejemplo, culpar a la CIA, Estados unidos, al empresariado, al “Gran Capital” de todos los problemas.

2-Explicar una amplia serie de acontecimientos por una causa única: la guerra económica de Nicolás Maduro.

3- Explicar una amplia serie de acontecimientos por un concepto deificado: el imperialismo, la explotación o la alienación, que siempre serán fenómenos que se dan SÓLO bajo el capitalismo.

Con respecto a esto último, escribió Aron:

“La interpretación marxista de la desdicha proletaria no puede dejar de ser verosímil a los proletarios.  Crueldades del salariado, de la pobreza, de la técnica, de la vida sin porvenir, del paro temido: ¿por qué ponerlo todo en la cuenta del capitalismo, ya que esta palabra vaga cubre a la vez las relaciones de producción y el modo de distribución?”[12].

Los anticapitalistas obsesivos podrán despotricar todas sus apasionadas críticas al sistema, pero lo cierto es que las condiciones de los trabajadores no han hecho más que mejorar en relación a su situación en el pasado y, por lo demás, el sistema de “propiedad social o colectiva” (o para ser más precisos “propiedad estatal”) ha demostrado ser un desastre económico, sin mencionar la coerción con que va de la mano y las miles de muertes de “trabajadores” en manos de los representantes del proletariado.

Termino con las siguientes palabras de Raymond Aron:

“Muy lejos de ser el marxismo la ciencia de la desdicha obrera y el comunismo la filosofía inmanente del proletariado, el marxismo es una filosofía de intelectuales que ha seducido a fracciones del proletariado y el comunismo utiliza esta pseudociencia para alcanzar su fin propio: la toma del poder. Los obreros no se creen por sí mismos elegidos para la salvación de la humanidad. Experimentan, muy por el contrario, la nostalgia de una ascensión hacia la burguesía”[13].

[1] Karl Marx, El manifiesto comunista (México: FCE, 2007), 158.

[2] Ibid., 159.

[3] Ibid., 162.

[4] Ibdi.,

[5] Ibid., 167.

[6] Ibid., 169.

[7] Ibid., 175.

[8] Raymond Aron, El opio de los intelectuales (Barcelona: RBA Libros, 2011), 97.

[9] Ludwig von Mises, El socialismo. Análisis económico y sociológico (España: Unión editorial, 2007), 335.

[10] Ibid., 337-338.

[11] Jean-Baptiste Duroselle, Todo imperio perecerá. Teoría sobre las relaciones internacionales (México: FCE, 1998), 32.

[12] Raymond Aron, op.cit., 106.

[13] Ibid., 116.